Reflexión sobre el aumento en el Metro que generó protestas sociales - Pasajero7

Reflexión sobre el aumento en el Metro que generó protestas sociales

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Lo que comenzó como una protesta estudiantil, por el alza a las tarifas del Metro en Santiago de Chile, mediante movilizaciones masivas,  derivó  en otros escenarios como protestas de trabajadores  por  el incremento de las necesidades básicas, las tasas de interés de los bancos, la precariedad de la educación, el precio de los medicamentos, la desigual distribución del ingreso, el hartazgo por la carestía, la gestión de las administradoras de pensiones y las desigualdades, entre otras.

El Metro de Santiago, es una empresa privada en cuya propiedad participa el Estado chileno, y propuso un aumento de 30 pesos en el precio del billete en hora punta, hasta situarse en 830 pesos (alrededor de 1.20 US$). El precio fijado se dio bajo el argumento del alza en el precio del dólar y el petróleo, y con base en varios indicadores, como la inflación, el costo de los suministros para su operación y el tipo cambio.

En protesta por el aumento del boleto del Metro, cientos de ciudadanos, ingresaron de manera masiva al suburbano sin pagar. La protesta se extendió a otras zonas del país y se radicalizó, lo que sumió a Chile en un grave problema de orden público, con multitud de actos vandálicos, desde barricadas callejeras, incendios y saqueos a comercios y supermercados, entre otras.

En Chile, un reciente estudio señala, de un total de 56 países, que el costo del transporte en Chile ocupa el puesto número nueve. Familias de menores ingresos que pueden gastar casi un 30% de su sueldo en transportarse, mientras que, dentro del nivel socioeconómico más rico, el porcentaje de gasto puede ser menos de un 2%. En el reporte Panorama Social de América Latina elaborado por la CEPAL, para 2017, el 1% más rico se quedó con el 26,5% de la riqueza, mientras que el 50% de los hogares de menores ingresos accedió solo al 2,1% de la riqueza.

¿Cómo explicar que Chile, con un ingreso per cápita de 20,000 US$, superior a cualquier país de la región, con una tasa de pobreza de 8%, y creciendo por encima de la región (2,5%), se vea hoy envuelto en violentas manifestaciones de descontento social? Algunas claves son:

Las manifestaciones han estado encabezadas por una nueva generación de chilenos, de menos de 30 años, que no conocieron la dictadura, y que están abiertos para expresar sus inconformidades, en un orden político que permite la protesta. Chile es un país con una clase media emergente, que vive mejor de lo que vivía antes, pero que está  frustrada ante sus aspiraciones.

El salario mínimo en Chile es alto para la región (US$423) pero según el Instituto Nacional de Estadísticas de Chile, 50% de los trabajadores chilenos recibe un sueldo igual o inferior 562 dólares al mes.

Para salir adelante esa clase media emergente, que salió de la pobreza durante la democracia, se ha endeudado masivamente y no tienen recursos para llevar por sí solos esa carga financiera. Los servicios para la mayor parte de la población son costosos. De hecho en función al ingreso medio, el transporte público en Chile es uno de los más caros del mundo.

Al alza en el pasaje del Metro se suma el incremento en el costo de la energía eléctrica, del agua y la crisis en el sistema público de salud. Se puede decir que Chile es un país plagado de desigualdades económicas. El sistema de salud público es precario y costoso; la cobertura en educación universitaria asciende a 59% en el 20% más rico, y cae a 22% para los más pobres.

Una carrera en el sistema de educación pública universitaria cuesta entre 25.000 y 50.000 US$, por lo que los jóvenes tienen que recurrir a préstamos bancarios con el aval del Estado; si son familias de clase media o clase media emergente, quedan mas tarde con una deuda vitalicia.

A todo esto, hay que añadir la importancia de la vivienda para la clase media joven y de menores recursos. El costo de la vivienda ha subido un 150% en la última década en tanto que los ingresos solo en un 25%, de acuerdo con un estudio de la Universidad Católica de Chile.

Chile es un país donde hubo un gran crecimiento de la clase media, pero es una clase precarizada, que tiene bajos salarios reales, bajas pensiones, que vive mucho del crédito, y que vive en estrés  por los altos niveles de deuda.

El presidente Sebastián Piñera, anunció la suspensión del alza en el pasaje del Metro y decretó un toque de queda que tiene como fin garantizar la tranquilidad y orden en la región, luego de cientos de detenidos, acusados de destruir, incendiar o dañar trenes, autobuses,   paraderos del sistema de transporte público y/o por revelar su descontento social. El presidente pidió perdón y anunció un aumento en las pensiones, la creación de un ingreso mínimo garantizado y de un mecanismo para estabilizar los precios de la luz.

Reconoció que los problemas no se han producido en los últimos días, se han acumulado por décadas. El presidente comparó a Chile con otros países de América Latina arruinados por la agitación económica y política. “Argentina y Paraguay están en recesión, México y Brasil estancados, Perú y Ecuador en una 

profunda crisis política y en este contexto Chile parece un oasis”, dijo Piñera.

El caso chileno, representa un verdadero desafío para la democracia donde el sistema propuesto para atender la movilidad, se volvió el pretexto para encender el descontento social por una falta de sensibilidad a las condiciones que ya existían.

En México es importante tomar conciencia sobre los impactos del aumento de la tarifa; en diversos estados de la República, la tarifa es política o está condicionada a la mejora en la calidad del servicio (mejor operación e infraestructura), como respuesta al aumento en los costos de los combustibles, por lo que se han tomado medidas paliativas que están lejos de resolver los problemas del transporte público.

La tarifa debe garantizar una mejor calidad en el servicio, operación e infraestructura, y por otro lado proporcionar solidez financiera para continuar con la restructuración del transporte y transformar por completo el modelo operativo del hombre-camión a un modelo empresarial eficiente, para con ello garantizar de forma acelerada la profesionalización y calidad del servicio que exige el usuario, como su derecho a la movilidad.