La operación de los sistemas de transporte, tal y como he hablado en colaboraciones pasadas, es una fase del proceso de planeación donde el sistema realiza las funciones para las cuales fue creado, en otras palabras, es donde lo proyectado toma vida y donde se comprueba si realmente lo planeado se ajusta o acerca a la realidad. Para controlarlo o administrarlo, comúnmente se proponen modelos o esquemas donde se requiere medición del desempeño, a través del diseño de indicadores que muestren la eficiencia, eficacia o efectividad del sistema. Esto es de interés, porque durante esta etapa se aprenden lecciones que deben retroalimentar al sistema para evitar errores futuros y promover la mejora continua.
¿Cuál es el contexto general?
En México, particularizando en la operación de los sistemas de transporte por carretera de cuota y de transporte público en las ciudades, en su mayoría se basan en modelos que tratan de coadyuvar la rentabilidad económica y financiera del negocio. Para las autopistas o carreteras de cuota existen contratos de Asociación Público-Privada (APP), que permiten un control adecuado de la operación, así como tarifas y retribuciones con mecanismos definidos. Los esquemas de asociación, según manuales y procedimientos de las administraciones actuales, son los siguientes:
Para los sistemas de transporte público en las ciudades, hablando de rutas convencionales, el esquema de operación es un poco más complejo, debido a que en la mayoría de los casos es deficiente a causa de que son concesionarios hombres-camión quienes operan/administran dichas rutas, lo que provoca mala regulación por parte de la autoridad. Recientemente, y a manera de ejemplo, sistemas BRT como Metrobús en la Ciudad de México (CDMX), Mexibús en el Estado de México, Tuzobús en Pachuca Hidalgo y Optibús en León Guanajuato han optado por modelos de negocio que integran al concesionario hombre-camión en Ruta-Empresa para operar un sistema en común, recibiendo su retribución a través de una caja de compensación o fideicomiso que brinda una mejor regulación del sistema, es similar a los contratos de Asociación Público-Privada en carreteras.
Existen otros sistemas como el Metro de la CDMX, Metro de Monterrey y El Sistema de Tren Eléctrico Urbano de GDL que operan como empresas públicas del estado, lo cual hace que se excluyan del modelo de negocio anteriormente descrito, aunque no debería ser así.
¿Y qué debo considerar?
Desde mi punto de vista, para que el esquema Ruta-Empresa cumpla su objetivo, se deben tener muy claros los siguientes elementos claves: Marco legal que permita la implantación y operación del sistema, estudio de demanda con alto grado de confiabilidad acorde al diseño funcional y operacional propuesto, Modelo financiero o de negocio que dicte las reglas del juego y compensaciones o penalizaciones a cada involucrado, la socialización con el público usuario y el sistema de recaudo. Este último es de gran de relevancia, ya que, basándome en experiencias personales, dictará el éxito o fracaso del sistema; pertenece a los conocidos y nombrados Sistemas de Ayuda a la Explotación (SAE) y su implementación depende del modelo de negocio, cobertura y accesibilidad a puntos de venta y socialización con los usuarios. La tecnología o dispositivos que se utilicen dependerá de los requerimientos técnicos funcionales, así como necesidades del ente gestor.
Por otra parte, es importante mencionar que el modelo Ruta-Empresa se podría aplicar a sistemas como Metro, Ferrocarril Suburbano o de Cercanías, tranvía, entre otros. Lo que comúnmente se sugiere a la autoridad para que el modelo funcione o sea mejor aprovechado, es que considere proyectos que promuevan la integración en Redes Integrales de Transporte (RIT), los cuales se basan en sistemas tronco-alimentados, tal como se puede visualizar en el ejemplo de la siguiente figura.
Finalmente, me es grato ver que varias ciudades de México, tales como Guadalajara, León, CDMX, entre otras, han comenzado aplicar estos esquemas de operación en sus sistemas de transporte y que con ayuda de la tecnología ITS han logrado resultados tangibles en la reducción de tiempos de viaje, disminución al subsidio y de evasión al pago e incremento a la comodidad y accesibilidad de los usuarios, por mencionar algunos. Espero que con el tiempo y revolución tecnológica que actualmente se está dando se puedan lograr realmente sistemas de transporte eficientes y de altas prestaciones, así como cambiar la visión de que el transporte público solo es para la población de escasos recursos y que aquellos que tienen posibilidad de adquirir un vehículo en verdad migren a este medio.








































