El 17º CIT advirtió que el modelo actual de transporte público en México “está agotado” y requiere financiamiento público para evitar su colapso.
El transporte público mexicano enfrenta una presión financiera, operativa y urbana que amenaza la viabilidad de los sistemas de movilidad en las principales ciudades del país. Esa fue la principal advertencia que atravesó las discusiones del 17º Congreso Internacional de Transporte (17º CIT), donde autoridades, empresarios, especialistas y operadores coincidieron en la necesidad de construir una política de Estado capaz de garantizar financiamiento, modernización y sostenibilidad para un sector que hoy enfrenta rezagos estructurales, crecimiento acelerado del parque vehicular y una creciente demanda de movilidad en entornos cada vez más congestionados.
Autoridades y especialistas coincidieron en que ningún sistema de transporte de calidad puede sostenerse únicamente con la tarifa pagada por los usuarios.
El transporte público mexicano atraviesa una de las etapas más complejas de las últimas décadas. El crecimiento acelerado del parque vehicular, la presión financiera sobre los sistemas de movilidad, el rezago en infraestructura y la ausencia de esquemas sostenibles de financiamiento han colocado al sector frente a un escenario crítico que ya no admite diagnósticos superficiales ni soluciones parciales.
Ese fue el tono que dominó la conversación a lo largo del 17º CIT, organizado por la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad, un encuentro que durante tres días reunió en el Centro Cultural Jaime Torres Bodet del Instituto Politécnico Nacional a autoridades federales y estatales, empresarios, concesionarios, académicos, fabricantes, especialistas y organismos internacionales para discutir el futuro de la movilidad bajo el lema: “Acelerando el cambio del transporte: personas, energía y sostenibilidad”.
Más allá de la agenda técnica y las mesas especializadas, el Congreso dejó una conclusión compartida por prácticamente todos los actores: el modelo actual de transporte público está agotado.
No hay ninguna ciudad en el mundo que sostenga un transporte de calidad solo con la tarifa”, la frase que sintetizó el espíritu del Congreso fue pronunciada por Jesús Padilla Zenteno, presidente honorario y fundador de la AMTM, durante la ceremonia inaugural.
El tiempo es la distancia más larga entre dos lugares; en ciudades esa distancia se mide en transbordos, congestión y esperas”, expresó frente a representantes del sector movilidad y transporte reunidos en el auditorio del IPN.
Padilla Zenteno lanzó uno de los diagnósticos más severos sobre la situación actual del transporte colectivo en México. Aseguró que el esquema de operación vigente ya no es sostenible frente al aumento de costos operativos, la necesidad de modernización tecnológica y la transición energética que enfrentan las ciudades. “El modelo está agotado”, afirmó.
Su planteamiento giró en torno al transporte público que no puede sostenerse únicamente con la tarifa pagada por el usuario. Según explicó, pretender que la calidad del servicio dependa exclusivamente del ingreso tarifario ha colocado al sistema en una presión financiera permanente.
Si queremos evitar que el ciudadano pague el costo real del servicio, entonces los gobiernos tienen que participar activamente con recursos públicos; no hay ninguna ciudad en el mundo que tenga un servicio de calidad que se sostenga solo de la tarifa”, sostuvo.
El dirigente transportista puso cifras sobre la mesa. Destacó que tan solo la Ciudad de México requiere alrededor de 10 mil millones de pesos anuales para mantener la renovación y operación de sus sistemas de transporte, mientras que el rezago nacional demandaría cerca de 100 mil millones de pesos al año.
Las declaraciones ocurrieron en un contexto donde distintas ciudades mexicanas enfrentan tensiones políticas y financieras relacionadas con tarifas, subsidios, renovación vehicular y sostenibilidad operativa.
Padilla también alertó sobre el crecimiento acelerado del parque vehicular y motociclista, fenómeno que, aseguró, está deteriorando la movilidad urbana y debilitando el uso del transporte colectivo. “Cada vez vemos más autos, más motos y menos transporte público”, advirtió.
Para el fundador de la AMTM, el transporte debe entenderse como una política social y no únicamente como un negocio operativo o financiero.
No pedimos privilegios, pedimos institucionalidad, visión de largo plazo, reglas claras, compromiso y trabajo colaborativo”, subrayó.
La movilidad como política social
Uno de los temas que atravesó prácticamente todas las mesas y conferencias del 17º CIT fue el papel del transporte público como herramienta de equidad social.
El presidente de la AMTM, Nicolás Rosales Pallares, insistió en que la movilidad no puede analizarse únicamente desde la infraestructura o la operación técnica, sino desde su impacto directo en la vida cotidiana de millones de personas.
El transporte no es solo mover personas. Es tiempo de vida, es acceso a oportunidades, es calidad de vida”, resaltó durante la clausura.
Rosales apuntó que el acceso al empleo, educación, salud y oportunidades económicas depende en buena medida de la calidad de los sistemas de movilidad disponibles en las ciudades.
Bajo esa lógica, sostuvo que el transporte público debe colocarse en el centro de las políticas urbanas y considerarse un elemento estratégico para combatir la desigualdad y fortalecer la cohesión social.
A lo largo del Congreso, añadió, las discusiones giraron en torno a financiamiento, subsidios, electromovilidad, inteligencia artificial, profesionalización, sostenibilidad, inclusión y perspectiva de género, además de los desafíos derivados de la expansión urbana y la congestión vehicular.
Rosales también remarcó la participación de universidades, centros de investigación y especialistas que abordaron temas relacionados con movilidad sustentable, ciencia de datos y formación de capital humano para el sector.
Uno de los paneles que concentró mayor atención fue “Gobernanza que transforma: el nuevo rol de la autoridad en el transporte público”, donde especialistas y funcionarios discutieron mecanismos para fortalecer el financiamiento del transporte colectivo y evitar el deterioro operativo de los sistemas.
La electromovilidad, la sostenibilidad, la inteligencia artificial y la gobernanza fueron identificadas como ejes clave para modernizar la movilidad urbana.
El riesgo de colapso
El tono de alarma también fue compartido por Diego Monraz Villaseñor, presidente de la Asociación Mexicana de Autoridades de Movilidad y titular de la Secretaría de Transporte de Jalisco.
Durante su participación, Monraz aseguró que el transporte público mexicano se encuentra “a punto de colapsar” si no se construyen acuerdos nacionales que permitan fortalecer presupuestos, profesionalizar el sector y despolitizar las tarifas.
El transporte público, columna vertebral de este país, no solo no va a avanzar, está a punto de colapsar”, afirmó.
El funcionario insistió en la necesidad de construir una política nacional de movilidad capaz de articular a gobiernos, concesionarios y empresas privadas bajo una visión de largo plazo.
Necesitamos un presupuesto, una política, una estrategia y un acuerdo nacional del concierto de todas y todos para apoyar esta transición”, señaló.
Sus declaraciones reflejaron una preocupación recurrente durante el Congreso: el crecimiento económico y urbano de las zonas metropolitanas mexicanas difícilmente podrá sostenerse sin sistemas de transporte eficientes, integrados y financieramente viables.
Sin transporte público no hay mucho que hacer. El transporte público es el camino para que salga este país adelante”, enfatizó.
Calidad contra tarifa
La clausura del Congreso dejó uno de los momentos más contundentes del encuentro cuando Jesús Padilla retomó la discusión sobre la contradicción histórica que enfrenta el sector: exigir calidad mientras se niegan recursos para sostenerla.
“¿Para qué quieres tarifa si das mal servicio? ¿Y qué decimos nosotros? ¿Cómo quieres que dé buen servicio si no tengo tarifa?”, planteó ante autoridades, empresarios y operadores.
La frase sintetizó buena parte de las tensiones estructurales que enfrenta el transporte público en México. Por un lado, existe presión política y social para evitar incrementos tarifarios; por otro, los costos de operación, mantenimiento, combustibles, renovación vehicular y transición tecnológica continúan aumentando.
Padilla sostuvo que actualmente muchas autoridades enfrentan la misma problemática financiera que durante años padecieron los concesionarios privados, sistemas con crecientes exigencias operativas y presupuestos insuficientes.
En el transporte la calidad cuesta y si no la van a pagar, que no exista. Quien lastimosamente la vive, la sufre, es el usuario”, manifestó.
El dirigente también llevó la discusión hacia un plano social y cultural. Criticó la falta de empatía frente a los problemas colectivos de movilidad y cuestionó la visión individualista que históricamente ha dominado el desarrollo urbano.
Recordó incluso una conversación con un empresario que aseguraba que el transporte público no era un asunto que le afectara directamente, pese a que miles de sus trabajadores dependen diariamente de ese sistema para llegar a sus empleos.“No podemos pensar solamente en la individualidad”, sostuvo.
Jesús Padilla llamó a construir una visión más solidaria y menos desigual de las ciudades. “Tenemos que construir un mundo donde todos tengamos oportunidades, tengamos empatía, fraternidad y solidaridad”, expresó.
El papel de los gobiernos
Otro de los ejes relevantes del Congreso fue la responsabilidad de los gobiernos en la sostenibilidad financiera y operativa del transporte público.
En representación de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada Molina, el secretario de Gobierno capitalino, César Cravioto Romero, destacó que la capital enfrenta uno de los mayores retos metropolitanos del país debido al volumen diario de traslados provenientes de la zona conurbada.
Cravioto aseguró que la administración capitalina mantendrá el fortalecimiento de sistemas como el Metro, Metrobús, Cablebús, Tren Ligero y Trolebús, particularmente en zonas periféricas, además de continuar con los subsidios al transporte público.
El tema de los subsidios apareció de manera reiterada durante el Congreso como una de las pocas alternativas viables para sostener tarifas accesibles sin comprometer la calidad del servicio.
Especialistas y operadores coincidieron en que prácticamente ningún sistema robusto de transporte público en el mundo funciona sin participación presupuestal gubernamental.

El Congreso planteó que el transporte público debe asumirse como una política social estratégica para reducir la desigualdad, mejorar la calidad de vida y sostener el crecimiento de las ciudades.
Un sistema que exige redefiniciones
Las discusiones del 17º CIT reflejaron un cambio importante en la conversación pública sobre la movilidad en México.
Durante años, el debate se concentró en ampliaciones viales, adquisición de unidades o construcción de nuevas líneas de transporte. Hoy, el foco parece desplazarse hacia preguntas más profundas: quién paga el sistema, cómo garantizar su sostenibilidad y qué papel debe asumir el Estado.
El Congreso también exhibió otra realidad, ya que mientras las ciudades continúan expandiéndose, el transporte público enfrenta una competencia creciente frente al automóvil y la motocicleta.
Ese fenómeno no solo genera congestión. También incrementa emisiones, profundiza desigualdades urbanas y deteriora la calidad de vida.
Por ello, buena parte de los participantes coincidió en que el desafío ya no consiste únicamente en mover personas, sino en redefinir el modelo urbano bajo criterios de accesibilidad, sostenibilidad y equidad.
La conclusión que dejó el Congreso fue que, el transporte público mexicano difícilmente podrá sostenerse bajo las mismas reglas que lo han llevado al desgaste actual.
Y aunque las soluciones siguen abiertas a debate, el mensaje central del 17º CIT fue inequívoco: sin acuerdos de largo plazo, financiamiento estable y una política nacional de movilidad, el deterioro del sistema continuará avanzando junto con la congestión de las ciudades mexicanas.
































