
El debate ha saltado de la arena política a la médica y, a pesar de que hay especialistas que apuestan por esperar, también hay expertos en Salud Pública y en Medicina Preventiva que, por primera vez, se muestran abiertamente partidarios de retirar ya la obligatoriedad del uso de la mascarilla en el transporte público.
La razón principal, recalcan, es la situación epidemiológica. “Con los mejores datos de presión hospitalaria de la pandemia, ha llegado el momento de hacerlo, si se espera, probablemente suba la incidencia y sea difícil justificar la medida”, asegura el epidemiólogo y pediatra Quique Bassat, quien asesoró al Gobierno para la vuelta al colegio.
De obligatoria a recomendada
No es el único especialista que opina así. “Hace tiempo que la obligatoriedad de la norma tenía que haberse terminado”, indica José Gómez Rial, inmunólogo del Hospital Clínico de Santiago de Compostela en España. “Lo lógico, en este momento, es cambiar hacia una recomendación en ciertos momentos y transportes, como por ejemplo el metro en hora punta, y a determinados colectivos vulnerables. No tiene ningún sentido seguir generalizando la norma ni hacerla obligatoria”, subraya el experto.
“Es normal -coincide también Manuel Franco- que se quiera adoptar la decisión ahora, con estos niveles mínimos de incidencia”. Además, recuerda el investigador en epidemiología y profesor de Salud Pública de la Universidad de Alcalá de Henares, “todo es reversible y no hay que tomarse la situación a la tremenda, ya veremos qué pasa en este otoño-invierno, pero ahora estamos en una situación dulce así que parece normal tomar esa decisión”, insiste.
¿Por qué no en colegios o en supermercados, pero sí en transportes o farmacias?
El consejero científico del Centro Nacional de Gripe de España, Rafael Ortiz de Lejarazu, también cuestiona en su cuenta de Twitter por qué es obligatorio seguir llevando la mascarilla en el transporte público si no es necesario hacerlo en las aulas. O por qué es obligatoria si se vuela con una compañía española, pero no si se hace con una francesa. En su reflexión el virólogo llega a poner en duda ya no solo la obligatoriedad de llevar mascarilla en los transportes públicos o en las ópticas, sino también, incluso, en las farmacias.
Lejarazu apuesta así por la “libertad consciente”. También Quique Bassat quien recuerda que el hecho de que deje de ser obligatoria no significa que haya que quitársela, sino que se puede elegir si llevarla o no en función de las circunstancias. “Si aumentara mucho la transmisión o la presión asistencial, pues ya reaccionaremos y decidiremos si hay que volver a ponerla o no, siempre se puede dar marcha atrás y ello no sería un signo de flaqueza, sino de sabiduría, de que nos adaptamos a lo que venga”, apunta Bassat.
Contraproducente desde un punto de vista de Salud Pública
Para el epidemiólogo Pedro Gullón Tosio mantener la obligatoriedad puede ser incluso contraproducente desde un punto de vista de Salud Pública, porque ahora mismo -argumenta- lo que se necesita es mitigar los efectos del cambio climático. Para ello, entre otras cosas, hay que dejar de utilizar tanto el coche y la imagen que está dando el transporte público ahora es como si fuera el único sitio donde hubiese peligro de contagiarse de la covid y eso no es así, explicó.
“Ha habido muchos más brotes en la restauración o en entornos laborales”, asegura el especialista.
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Según Gullón Tosio, mantener la obligatoriedad de la mascarilla solo en el transporte no va a cambiar nada ya que no genera ningún beneficio. Además, coincide Quique Bassat, no hay que olvidar el mal uso que se está haciendo de la misma, “en el metro se la quita todo el mundo y los taxistas están desesperados”, dice el investigador del ISGlobal. “Mantenerla ahora, que es cuando mejor estamos, no se entiende”.




































