
Escrito por: Stephan Brodziak / Coordinador de Seguridad Vehicular / El Poder del Consumidor
Al hablar de la seguridad de niñas y niños en los trayectos que realizamos con ellos, me llama poderosamente la atención el hecho de que, históricamente, no se ha tomado en cuenta su fragilidad al momento de diseñar nuestros sistemas viales. El resultado de esta falta de imaginación lo sufrimos hoy de forma normalizada, vemos banquetas destrozadas y angostas, una infraestructura peatonal que no permite los desplazamientos seguros, inclusivos y ajenos a las necesidades de juego y entretenimiento de niñas y niños, es decir, sufrimos un urbanismo excluyente y centrado en los adultos (y ni siquiera para todo tipo de adultos, sino de adultos hombres, sin discapacidad y preferentemente en auto).
En la historia del diseño automotriz se refleja este olvido, ¿indiferencia?, de aquellas otras personas cuyos cuerpos no son los de hombres sin discapacidad. Esto es particularmente cierto en el caso de los niños y niñas, baste para ello recordar algunos de los “logros” tecnológicos del automóvil relacionados con la velocidad en contraste con los otros logros tecnológicos que permitieron iniciar la alineación del diseño vehicular con la vulnerabilidad humana. En 1899 el estado de la tecnología automotriz permitió superar los 100 km/h, y sólo unos pocos años después, en 1906, se superaron los 200 km/h. Mientras tanto, en el área de la seguridad, no fue sino hasta 1962 que se creó, casi a la par que el cinturón de seguridad de tres puntos (desarrollado en la década de los 50), el primer sistema de retención infantil con la finalidad de proteger la vida de niñas y niños al viajar. Para ese entonces ya teníamos un auto producido en masa que podía alcanzar los 280 km/h.
Es difícil imaginar el contraste que existe entre el poco tiempo en que se logró superar velocidades extremas en los vehículos y la creación de dispositivos para proteger la vida humana dentro de los mismos, llegados 60 años después.
Otra parte que también me causa asombro, es que todavía no podemos asumir a cabalidad el nivel de riesgo que los autos implican. Los autos siguen siendo esencialmente peligrosos ante la fragilidad humana, sin mencionar el tema de la contaminación, a pesar de los grandísimos avances que han tenido en las últimas tres décadas en materia de seguridad vehicular. Prueba de ello son las estadísticas que nos indican que, a nivel mundial, los siniestros viales se cobran la vida de 1.3 millones de personas. Mientras que, en México, no hemos podido reducir la terrible cifra de 16 mil muertes al año. Una de las hipótesis que podría explicar la baja percepción de riesgo en torno a los vehículos, además de la férrea distracción sistémica publicitaria que han hecho para no tocar el tema de la seguridad (esto es un hecho registrado), es el halo aspiracional que los coloca como un objeto de estatus, realización, progreso y felicidad.
Dentro de las prebendas que como civilización hemos otorgado al modelo de ciudad hecho para el auto, va de por medio la seguridad de los niños y niñas o, mejor dicho, la falta de la misma. Analicemos los datos, al día de hoy, es decir, a 60 años de la creación del primer asiento infantil destinado a la protección en el auto, no existe en nuestro país una normativa que regule los estándares de seguridad de los sistemas de retención infantil que se comercializan en México, vaya, ni siquiera está inscrito un proyecto de norma para su creación en el Programa Nacional de Infraestructura de la Calidad (PNIC). Contraviniendo con esta omisión lo dispuesto en la Estrategia Nacional de Movilidad y Seguridad Vial, que es el instrumento rector de la Ley homónima. Y, como otro agravante, al día de hoy los vehículos ni siquiera están obligados a contar con los anclajes de sujeción para los sistemas LATCH o Isofix (la norma NOM-194 los obliga a contar con estos anclajes a partir de los vehículos año modelo 2025).
Como parte del círculo vicioso de este despropósito civilizatorio, se suma la desinformación de la población en general en torno a la seguridad de niños y niñas en los trayectos. Especialistas del Instituto Nacional de Salud Pública, a través de diversos estudios, indican que la prevalencia de uso de estos sistemas oscila el 16% de los usuarios infantiles, que debería ser del 100% (si se viaja en auto particular no puedo pensar en una sola razón de porqué no proteger a nuestros hijos e hijas en una silla infantil).
A pesar de la histórica y gravísima omisión de no contar con un estándar de seguridad de los sistemas de retención infantil, ya la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial (artículo 67 secc. XIX) obliga desde 2022 a los gobiernos locales a fiscalizar los 5 factores de riesgo, entre los que se encuentra, desde luego, el uso de los sistemas de retención infantil.

Sin ahondar más en las causas de esta desinformación y este preocupante bajo uso de estos sistemas, consustancial a ese nimbo de seguridad y estatus que rodea el auto y sus ramificaciones, existen esfuerzos para combatirlos. Uno de los más recientes y en el que tuve el privilegio de participar, es el tutorial Seguridad Infantil en el auto. La importancia de los sistemas de retención infantil hecho de manera conjunta por la Cruz Roja Mexicana, El Poder del Consumidor y el Programa de Evaluación de Autos Nuevos para América Latina y el Caribe (Latin NCAP). Este se encuentra disponible en la página https://niñosviajandoseguros.org donde se muestra cómo elegir una silla infantil según la etapa de viaje del niño, los tipos de instalación de las sillas y cómo colocar adecuadamente a bebés, niños y niñas en los sistemas de retención infantil, entre otra información relevante a su uso. Todo ello enmarcado en la recomendación general de disponer de un auto que cuente con los sistemas mínimos de seguridad que pueda mejor proteger a sus ocupantes.
Este tutorial es el primero en su categoría dirigido para el público de México y América Latina. Le invitamos estimado lector y estimada lectora a conocerlo y a estudiarlo si tiene a su cargo a menores, a darle difusión compartiéndolo en sus redes. De boca en boca cambiemos la realidad con un sistema de retención a la vez para reducir a 0 (sí a cero, ninguna muerte es aceptable) las fatalidades por siniestros viales, que ocupan el lastimoso primer lugar como causa de mortalidad en niños y niñas.




































