Los magnates del petróleo fueron los primeros en darse cuenta del partido que se le podría sacar a una gran difusión del automóvil. Si se convencía al pueblo de circular en un auto a motor, se le podría vender la energía necesaria para su propulsión.
André Gorz, Septiembre de 1973
Hace ya 43 años que el filósofo y periodista Gerhart Hirsch, nacido en Viena, y quien es reconocido por el seudónimo de André Gorz, realizó el ensayo que denominó, “Ideología social del automóvil”, para el gusto del que escribe, uno de los mejores escritos que redactan de manera magistral el concepto que dio inicio a la concepción de generar la masa crítica necesaria, que permitiera el crecimiento del automóvil de la forma que hoy lo vivimos.
Hoy sus premisas siguen siendo de actualidad y las podemos corroborar haciendo un pequeño análisis de cómo ha evolucionado el automóvil en nuestro país; las fuentes consultadas nos dicen que a fines del Porfiriato (1910), las calles de nuestro país, se veían engalanadas por 136 automóviles, que eran la envidia de la clase burguesa que demandaban mayor autonomía y velocidad para desplazarse. ¿Se imaginan 136 autos para una población superior a los 15 millones de personas?, realmente era un disfrute elitista, ya que por cada 111 mil mexicanos había un automóvil. Hoy, a 110 años de la primera referencia en México, existe 1 automóvil por cada 2.85 mexicanos, la realidad supera cualquier novela de ficción, ya que este problema no se da en todas las ciudades del país.
Recupero lo escrito por Ángel Molinero en su último libro “Situación Actual del Transporte Urbano en México“ publicado en el 2014, después de analizar las 93 zonas metropolitanas que se registran en el país, y que demandan el 0.5% del territorio nacional, y en ellas circulan más de 17 millones de vehículos, demandando grandes extensiones de espacio, energía, y cobrando un gran número de vidas, además de hacer perder el tiempo a los todavía no usuarios del automóvil particular, que, con la creencia de que al contar con un vehículo obtendrán el beneficio del tiempo.
En los siguientes dos párrafos sintetizo la tesis manejada por el vienés André Gorz, donde se perfila el inicio de la pérdida de la cohesión social por responsabilidad de la movilidad, así como, la necesidad de una revolución ideológica para romper el círculo vicioso en el que nos hemos metido, al abrirle la puerta de par en par para permitir que el enemigo, que nace como uno de los principales aliados de los usuarios de la ciudad, sea reconocido hoy como uno de los principales problemas de la misma.
Cito:“El automovilismo de masa materializa un triunfo absoluto de la ideología burguesa al nivel de la práctica cotidiana: funda y sustenta, en cada quien, la creencia ilusoria de que cada individuo puede prevalecer y beneficiarse a expensas de todos los demás. El egoísmo agresivo y cruel del conductor que, a cada minuto, asesina simbólicamente a “los demás”, a quienes ya no percibe más que como estorbos materiales y obstáculos que se interponen a su propia velocidad”.
“El automovilismo ofrece el ejemplo contradictorio de un objeto de lujo desvalorizado por su propia difusión. Pero esta desvalorización práctica aún no ha causado su desvalorización ideológica… Hará falta una revolución ideológica (“cultural”) para romper el círculo”.







































