
México se ha sumado a otros países para promover iniciativas verdes que mitiguen los efectos del cambio climático. Sin embargo, pese a la urgente necesidad de frenar la emisión de gases de efecto invernadero ha sido difícil formalizar un mercado de carbono y sobre todo lograr que el rubro de transportistas del país se sume.
Con el Protocolo de Kioto de 1997 se determinó que existían emisiones de GEI (gases de efecto invernadero) en el planeta que eran provocadas por las industrias de todos los países, las cuales serían reguladas por el mismo Protocolo.
Fue entonces, cuando el Banco Mundial creó un fondo de bonos de carbono, los cuales fueron distribuidos entre diversos países tomando en cuenta sus emisiones de 1990 y las perspectivas hacia 2012.
Cabe señalar que el bióxido de carbono (CO2) es un contaminante global cuya reducción, independientemente de dónde se produzca, tendría un beneficio global. Por esto se estableció en el Protocolo de Kioto que países industrializados compren bonos a naciones en desarrollo y reciban a cambio Certificados de Reducción de Emisiones aplicables a cumplir con su propio compromiso de disminuir contaminantes.
Para el caso de México, el mercado de carbono existe hace apenas unos años. Desde su llegada en 2013, las empresas han podido convertir sus servicios en carbono neutral. Esto quiere decir que la huella de carbono de los productos se compensa con la compra de bonos de carbono, neutralizando su impacto ambiental.
Aunque la iniciativa fue positiva, el inconveniente principal es que el establecimiento de este mercado de carbono ha sido muy lenta, debido al poco conocimiento del tema en los diferentes sectores contaminantes.
Bonos de carbono y el transporte masivo
El Metrobús de la Ciudad de México, es uno de los pocos sistemas de transporte que vende bonos de carbón, específicamente en la Línea 1 que va de Indios Verdes hasta Doctor Gálvez, ya que la segunda fase, que llega hasta El Caminero, no se pudo avalar, ya que para lograr la certificación se necesita cumplir con estudios, los cuales consisten en encuestas cada cuatro años a 6 mil usuarios y análisis de tránsito.
En este sentido, las empresas que compran los bonos financian un proyecto sustentable, como el caso del Metrobús cuyo monto de ventas asciende a alrededor de un millón y medio de pesos, el cual sirve para realizar estudios que mejoren o amplíen la red de este sistema de transporte.
“Se hace un contrato de compraventa en el cual se estipula cierto números de años o una meta de reducción de emisiones; en el caso de la Línea 1 ya llegamos a la meta por lo cual terminó el contrato con Banco Mundial. Ellos eran los que daban la cara por Metrobús ante Naciones Unidas y el Mecanismo de Desarrollo Limpio. Metrobús ya puede dar la cara por sí mismo para que puedan vender y seguir certificando toneladas de dióxido de carbono”, declaró Julio Iván Martínez Cortijo, Directivo del Área de Reducción de Emisiones del Metrobús.

Cada bono de carbono equivale a una tonelada de CO2 que no se emite a la atmósfera a través de la reducción de gas de efecto invernadero (GEI).
Según Andrés Flores, Director de Cambio Climático y Energía de la organización WRI (Instituto de Recursos Mundiales, por sus siglas en inglés), el CO2 es un contaminante global y “con esa lógica” se establecieron los mecanismos de flexibilidad del Protocolo de Kioto que permiten a naciones industrializadas “comprar” bonos a países en desarrollo, donde es más barato lograr las reducciones de emisiones necesarias para cumplir con sus metas obligatorias de mitigación.
“La lógica de un sistema de comercio de emisiones de contaminantes es eminentemente económica, ya que con él se busca lograr los objetivos de política ambiental de forma más efectiva”, apuntó.
De acuerdo con el “Inventario Nacional de Emisiones de Gases y Compuestos de Efecto Invernadero (INEGYCEI)”, México emitió 683 millones de toneladas de bióxido en el 2015; del total de las emisiones, 64% corresponden al consumo de combustibles fósiles.
Según la Organización Mundial de la Salud, una de cada nueve muertes en todo el mundo es el resultado de condiciones relacionadas con la contaminación atmosférica, la cual puede “penetrar profundamente en los pulmones e inducir la reacción de la superficie y las células de defensa”. La mayoría de estos contaminantes es el material particulado (PM) con un diámetro de 10 micras o menos, los cuales son el producto de la quema de combustibles fósiles.
Mientras que la directora de Calidad del Aire de WRI, Beatriz Cárdenas, mencionó que son muchos los contaminantes que se emiten en quema de gasolina requerida para mover los vehículos.
“Para mejorar el Protocolo de Kioto se necesita una flota vehicular de muy alto rendimiento, que con muy poco combustible recorra muchos kilómetros para reducir al máximo las emisiones”, señaló.
Mercado a la baja
De acuerdo con el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, a partir del año 2013 la situación de los Mecanismos de Desarrollo Limpio, a la cual pertenecen los bonos de carbón, cambió debido a varios factores, entre ellos, “a la enorme caída de los precios de las reducciones por la amplia oferta de bonos y la poca demanda de éstos al final del primer período de compromiso”.
“Es por ello que, últimamente, México no ha tenido nuevos proyectos, sin embargo los que ya están registrados en el MDL seguirán obteniendo bonos de carbono y aquellos que cuentan con una Carta de Aprobación podrán ser registrados en el futuro”, indicó Martínez Cortijo, directivo de Metrobús.
Los mecanismos para certificar y reducir las emisiones de bonos de carbono “son costosos y muy rigurosos” y la falta de iniciativa de países para promover este mercado, ha generado una caída en su venta.
“Se tienen que cumplir una serie de elementos para que se certifiquen estos bonos de carbono, lo que adicionado a que la iniciativa de los países no ha sido la mejor para este mercado, ya que es como un mercado de bolsa en el que le tienes que inyectar dinero y tener las regulaciones suficientes, es lo que ha faltado dentro de Naciones Unidas para impulsar un poco más y respetar el mercado de bonos de carbón”, agregó.
Mientras que Eduardo Piquero, director de MÉXICO2, comentó que tanto en México como en Latinoamérica se necesita contar con precio al carbono en impuestos o mercados de carbono, ya que es la mejor manera de reducir las emisiones contaminantes.
“Tenemos que exigirle al gobierno, tenemos que tener un precio al carbono, tenemos que tener un precio a las emisiones, una señal de precios a quien esté emitiendo contaminantes a la atmósfera. México está cerca de tenerlo, tenemos que exigir que eso pase, es nuestro derecho que las emisiones estén tasadas”, subrayó.
Incluso, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), apuntó que los impuestos son eficaces para reducir las emisiones de contaminantes.
“Los incentivos que la tributación ofrece para reducir el consumo de energía, mejorar la eficiencia de ésta e impulsar un cambio a formas de energía menos nocivas. Es necesario ampararse más en la tributación a los energéticos para combatir la fuente principal de emisión de gases tipo invernadero y de contaminación atmosférica”, detalló el organismo.
Creo que el tema de bonos de carbón nos debe de preocupar no solamente como país sino a nivel mundial. Hay naciones, en este caso Estados Unidos, que por las políticas actuales de sus gobiernos no están aportando mucho y no son firmantes del Protocolo de Kioto porque no creen en el cambio climático. Nosotros como transportistas debemos ir caminando a formas más limpias”, dijo Martínez Cortijo.
Cabe señalar que cuando se comenzaron a emitir Bonos de Carbón en México, los contratos con el Banco Mundial estaban a 4.16 euros la tonelada, para junio de 2019 la tonelada de CO2 certificada estuvo a 20 centavos de euro. Ante ello, “ya no es tan redituable” contar con la certificación para su venta.
“Es mucha la diferencia y el costo por certificar ahora sí que te sale más caro el caldo que las albóndigas. El costo por certificar es mayor a la ganancia que se puede obtener por el número de toneladas certificadas y vendidas”, aseguró el directivo de Metrobús.
Ante esta situación, los vendedores de bonos de carbón buscan que se restablezca el mercado de certificados. De lo contrario tendrían que acudir a los bonos verificados en los cuales, según el directivo del Metrobús, la tonelada está “un poco más alta, pero tenemos que cumplir con ciertos lineamientos para poder también entrar por el otro tipo de mercado”.
Beatriz Cárdenas también señaló que México por “un tiempo” participó en la venta de bonos de carbón, pero debido a la caída cesó. Ante ello, mencionó que para su continuidad es necesario un mercado.
Asimismo, la OCDE informó que si se desea cumplir los compromisos de reducir las emisiones contaminantes y desacelerar el ritmo del cambio climático, “los gobiernos tendrán que subir los precios del carbono mucho más rápido.
“Al ritmo actual de disminución, los precios del carbono no cubrirán los costos reales sino hasta 2095. Se requiere actuar con mucha más rapidez para alentar a las empresas a innovar y competir a fin de generar una economía baja en carbono”, se lee en el informe “Tasas efectivas sobre el carbono”.
Por su parte, Eduardo Piquero observó que hacen falta normativas para mejorar el mercado de carbón en el país.
En el mercado de carbono trabajamos para el desarrollo de un sistema de emisiones desde hace cuatro años con mediocre éxito, porque hace falta la generación de una serie de normas de parte de la autoridad. Todavía no están publicadas esas normas para la creación del mercado mexicano de carbón, ojalá sea rápido”, apuntó el directivo de la plataforma ambientalista de la Bolsa Mexicana de Valores.
Hay oposición
Cabe mencionar que varias naciones como Bolivia se opusieron al llamado “mercado” de carbono y demandaron establecer mecanismos para que los países desarrollados cumplan sus compromisos de reducción de contaminantes.
El gobierno sudamericano argumentó que los países desarrollados, dada su responsabilidad, debían disminuir sus emisiones sin tener que comprar reducciones logradas por otros.
El directivo de Cambio Climático y Energía de WRI señaló que es importante impulsar una economía de bajas emisiones en las áreas de energía, ciudades e industria. Además afirmó que es necesario afinar las reglas del mercado para asegurar la efectividad de los bonos de carbón y la reducción de los contaminantes. “Sería poder establecer un mercado que sea lo más sencillo y transparente posible”, indicó.
Proyectos sustentables
Los certificados de reducción de emisiones se crean cuando un proyecto específico de mitigación realizado en un país en desarrollo demuestra que se disminuyen los efectos de los gases de efecto invernadero en comparación con lo que hubiera ocurrido en la ausencia del mismo.
Por ejemplo, en el Metrobús, solamente en la Línea 1 se reducen, en promedio, 35 mil toneladas de dióxido de carbono y, en total el sistema vendió 354,600 toneladas de CO2, al año, es decir, alrededor un millón y medio de pesos.
No obstante, dicho capital solamente alcanza para realizar análisis para los próximos proyectos del Metrobús. “El dinero es para hacer estudios de tránsito. Si van a abrir un nuevo corredor se necesita saber la demanda y es para lo que se destina a nuestros recursos”, dijo Martínez Cortijo.
Cabe destacar que en México no se fijó un límite de toneladas, toda vez que no es un país altamente contaminante. “Nosotros lo que vendemos es reducción de emisiones por la operación de Metrobús, del cambio tecnológico”, apuntó el experto.
De acuerdo con el Inventario de Emisiones 2016, el transporte es el sector que más genera contaminantes de gases de efecto invernadero y los autobuses concesionados ocupan el segundo lugar en emanación de dióxido de carbono, con 563 mil toneladas, mientras que los microbuses producen 880 mil toneladas.
El caso de Metrobús ayuda a los programas verdes de reducción de emisiones debido a que cada unidad sustituye alrededor de 4 microbuses, los cuales generalmente son altamente contaminantes y con una antigüedad mayor a 10 años.
Además, pueden brindar servicio a 160 pasajeros y cuentan con tecnología que reduce los contaminantes como Euro V o EPA 07.
“En Reforma, en la Línea 7 estamos operando autobuses equivalentes a Euro VI, entonces tenemos tecnologías altamente amigables; por este cambio tecnológico se chatarrizan 4 microbuses, una unidad de Metrobús es menos contaminante que lo que emitirían los cuatro micros”, dijo.
La segunda razón por la que disminuyen los contaminantes es por el cambio modal.
“Se ha comprobado que aproximadamente el 17% de las personas que utilizan Metrobús dejan su auto estacionado; es decir, sacas de circulación carros de la calle para utilizar el Metrobús; entonces aunque le quites un carril a la calle se ordena la circulación, a esto sumemosle que por esa misma vía se saca a los micros, con lo que se evita que conviertan uno o dos carriles en sus estacionamientos”, destacó.
Asimismo, se analizó y verificó que los usuarios que dejaron el automóvil por transporte público, lo realizaron debido a la reducción de tiempo en tráfico y la seguridad que brinda el sistema BRT.
“Va aumentando la reducción de emisiones cada año en general y es debido a que las unidades cuentan con nuevas tecnologías; cada año vas incorporando más líneas de Metrobús y la demanda aumenta. Hay más gente que se va saliendo de su coche para utilizar el Metrobús, señaló.
Según las Naciones Unidas, los automóviles particulares en México generan el 18% de las emisiones de CO2, lo que cuesta al país hasta el 6% del PIB.
A pesar de los apoyos verdes, el Metrobús obtiene las ganancias a partir de la tarifa y del subsidio del gobierno local. “De ahí sale para pagar operadores, a las empresas y adicionalmente tenemos subrogaciones de la Secretaría de Finanzas de la Ciudad de México para completar la otra parte y poder seguir con la operación”, apuntó.
Cabe destacar que el Gobierno de México también tiene el compromiso, bajo el Acuerdo de París, de reducir sus gases de efecto invernadero y evolucionar a energías más limpias.
“Lo que se necesita es tener un vehículo con la mejor tecnología, que significa bajo consumo de combustible y un “anticontaminante” que consiste en un convertidor catalítico y también influye un buen sellado del tanque de gasolina del combustible porque si no está bien sellado hay emisiones evaporativas”, declaró la directiva de WRI.
Por su parte, Martínez Cortijo anunció que el Metrobús puede continuar su operación normal aunque no se contara con la venta de bonos de carbón. “Podemos seguir operando sin esto y no incumplimos en nada, al revés nosotros estamos cumpliendo con toda nuestra normatividad local y federal por lo cual no tenemos problema en seguir vendiendo”, manifestó.
Sin embargo, a pesar de los avances en cuanto a tecnología e inversión en bonos, siempre va a haber países que rebasen su meta de emisiones contaminantes, por lo que secretaria de Medio Ambiente de la Ciudad de México, Marina Robles García, destacó que se debe transitar a energías más sustentables sin el uso de combustibles fósiles.
“Hay un trabajo muy minucioso para mejorar el transporte público, donde es necesario un aumento de toda la red eléctrica que nos va a permitir crecer el Trolebús. Es importantísimo llegar a convertir el centro histórico en un sistema básicamente de electromovilidad, con una sustitución paulatina de transporte, por supuesto yendo lo más posible hacia la movilidad eléctrica”, informó.
Bonos verdes
Ante los grandes desafíos para frenar el calentamiento global y reducir los contaminantes en el país, la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) cuenta con el “Bono Verde”, mediante el cual se obtienen recursos para financiar o refinanciar proyectos sustentables como el transporte limpio que integra proyectos ferroviarios, Metro, Tren Ligero, movilidad eléctrica y mejoras en la eficiencia energética de los distintos sistemas de transporte.
De acuerdo con Eduardo Piquero, director de MÉXICO2, el cambio climático es “quizá la mayor amenaza” ya que puede haber una extinción de grandes especies y generar grandes afecciones en los seres humanos, por lo que “se debe de dejar de financiar” lo que produce el cambio climático, el cual incluye los combustibles fósiles. Además, se debe apoyar financieramente planes que sean sustentables y ayuden a un mejoramiento de la calidad del aire.
“Tenemos que crear emprendedores en emisiones de gases de efecto invernadero, necesitamos enorme cantidad de energía renovable, necesitamos eficiencia energética. Hacernos más verdes es hacernos más competitivos”, afirmó.
Según El Poder del Consumidor, en México la mala calidad del aire cobra la vida de 17 mil personas cada año, de las cuales 1,680 corresponden a menores de 5 años. Ante ello, el organismo realizó un llamado a modificar los sistemas de movilidad para darle prioridad al transporte público eléctrico y reducir el uso de combustibles fósiles.
“México es el emisor número 13 de gases de efecto invernadero de un total de 200 países; es decir, los primeros emisores tenemos una gran responsabilidad”, agregó el integrante de MÉXICO2.
Asimismo, indicó que los bonos verdes se han visto favorecidos en México. “Han tenido un crecimiento exponencial en el país; existen el día de hoy 18 bonos verdes, no es mucho pero es el país de América Latina que más bonos verdes ha emitido, totalizando unos 9 mil millones de dólares en tenencia de inversionistas en proyectos verdes”, dijo.
A pesar de las grandes inversiones aún hacen falta más proyectos sustentables para mitigar los contaminantes. “Hacen falta buenos proyectos, tenemos que saber estructurarlos, planificarlos bien. El sector privado no se ha integrado más porque todavía no identifica bien los proyectos en los que pueda hacerlo”, precisó Piquero.




































