Si preguntáramos a los grupos de activistas que trabajan en pro de una movilidad sustentable, si el transporte público es una verdadera opción para reducir los viajes en vehículos particulares y con esto, mejorar la calidad de vida de nuestras ciudades, su respuesta sería un categórico ‘No’, seguido de un enfático ‘Debería de serlo’.
La razón es por todos conocida: la continua pérdida de los indicadores de la calidad en el servicio, al verse modificados los conceptos de velocidad; la comodidad en el traslado y el confort en el servicio contratado. El origen de estos problemas se genera no sólo en el congestionamiento vehicular que padecen las zonas metropolitanas del país, también en una mala política tarifaria que tiene contra la pared a los empresarios del transporte; aunado a esto, el inadecuado modelo de gestión que no logra competir contra el uso de los vehículos particulares.
Es importante decirlo a los cuatro vientos: Un gran sector de los habitantes de las ciudades no logra dimensionar todos los problemas causados por el automóvil; sabemos que su acelerado crecimiento, tiene un impacto negativo en la salud de la población y en el medio ambiente.
¿Por dónde empezar?
La gran mayoría de las ciudades, diseñan su derrotero para reducir el uso del vehículo particular con dos acciones básicas que les están permitiendo sentar las bases de una verdadera transformación; la primera, es la de ofertar un servicio con calidad, que no estimule a los usuarios a bajarse del autobús y adquirir un vehículo; la segunda, impulsar una verdadera política dirigida a la Administración de la Demanda del Transporte (ADT), cuyo principal objetivo se encamina a reducir el número de viajes.
Proyecto innovador
Hace más de 20 años (1994), el Gobierno del Estado de Jalisco innovó en la introducción de un nuevo modo de transporte público, con la visión de inhibir el uso del vehículo particular, el llamado de lujo o de características especiales, pensando en que su servicio fuera solo para personas sentadas (300 pasajeros promedio), por lo que la tarifa que se autorizó fue de casi tres veces más que la del transporte convencional (si mi memoria no me traiciona, el precio de la tarifa convencional en aquellos años era de 1.20 pesos y el de transporte de características especiales era de 3.00 pesos). El bajo interés de parte de las autoridades en turno por supervisar el servicio, ha provocado que la calidad en el servicio se vaya perdiendo, además de que la brecha entre las tarifas se va reduciendo y se ha colocado solo a 2 veces más que lo autorizado inicialmente. Este nuevo modo es un verdadero inhibidor del uso del vehículo particular, y aplaudo la voluntad mostrada por las autoridades y la responsabilidad expresada por los empresarios en hacer de este servicio un decisivo apoyo en la reducción de viajes en el automóvil particular.
La Administración de la Demanda del Transporte (ADT)
Otra buena manera de reducir el número de viajes en vehículos particulares, es promoviendo una política en la ADT. A continuación, relaciono algunos programas que se pueden implementar, con el compromiso de hacer un acercamiento mayor a este tema:
- Programa de administración de estacionamientos.
- Programa que promueve el uso compartido del vehículo.
- Programa de gestión del desarrollo urbano orientado al transporte.
- Estrategias del sector productivo.
- Aplicación de una tarifa de congestión.





































