
El crecimiento de las ciudades mexicanas está modificando profundamente la manera en que las personas viven, trabajan y se desplazan. Frente a este escenario, especialistas coincidieron en que los desafíos de movilidad ya no pueden entenderse únicamente como un problema de transporte, sino como una expresión de las transformaciones urbanas, sociales y económicas que atraviesan las metrópolis contemporáneas.
Durante la conferencia magistral Transformaciones urbanas recientes: el caso de la movilidad, realizada en el marco del Congreso de la Red de Vivienda y Hábitat Sustentable de México, investigadores de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) señalaron que la expansión territorial de las ciudades ha generado una creciente separación entre los lugares donde habita la población y los espacios donde se concentran el empleo, la educación, el comercio y los servicios.
Esta dinámica, explicaron, ha provocado desplazamientos cada vez más largos, costosos y complejos, particularmente para quienes residen en las periferias urbanas. En muchos casos, las familias deben invertir más tiempo y recursos para acceder a oportunidades básicas, situación que profundiza desigualdades y limita la calidad de vida.
Sandra Bacelis Roldán destacó que México vive una etapa de consolidación metropolitana de gran magnitud. Actualmente existen 92 metrópolis integradas por zonas metropolitanas, áreas conurbadas y ciudades de influencia regional, un fenómeno que obliga a replantear los modelos tradicionales de planeación urbana y movilidad.
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“El crecimiento urbano contemporáneo plantea desafíos cada vez más complejos para garantizar accesibilidad, conectividad y equidad territorial. Las ciudades se expanden, pero muchas veces la infraestructura, los servicios y los sistemas de transporte no avanzan al mismo ritmo”, explicó.
Los especialistas señalaron además que las innovaciones tecnológicas están redefiniendo los patrones de desplazamiento. La electrificación del transporte, el desarrollo de vehículos autónomos y la creciente digitalización de actividades económicas y sociales están modificando la relación de las personas con el territorio y los sistemas de movilidad.
Sin embargo, advirtieron que la incorporación de nuevas tecnologías no necesariamente reduce la demanda de viajes. Por el contrario, genera nuevas dinámicas de interacción y nuevas necesidades de desplazamiento.
“Las nuevas tecnologías transforman las necesidades y los patrones de movilidad. Los viajes no desaparecen; en muchos casos se sustituyen por nuevas actividades y nuevas formas de desplazamiento que exigen respuestas distintas por parte de las ciudades”, señalaron.
Por su parte, Bernardo Navarro Benítez explicó que uno de los cambios más importantes en las últimas décadas ha sido la evolución conceptual de la movilidad urbana. Mientras anteriormente predominaban enfoques centrados en infraestructura y operación del transporte, actualmente se reconoce que la movilidad está estrechamente vinculada con factores como ingreso, género, edad, estructura familiar, acceso a servicios y oportunidades de desarrollo.
“La movilidad y el transporte son procesos relacionados, pero no son equivalentes. Las personas no viajan por el simple hecho de desplazarse; lo hacen porque necesitan acceder a empleo, educación, salud, recreación o cualquier actividad que forma parte de su vida cotidiana”, afirmó.
Los académicos también analizaron el avance del denominado nuevo paradigma de la movilidad, una corriente que ha impulsado políticas públicas orientadas a priorizar a peatones, ciclistas y usuarios del transporte público, así como a reconocer el derecho a la movilidad como un elemento indispensable para el bienestar y la inclusión social.
No obstante, advirtieron que las soluciones no pueden replicarse de manera uniforme entre ciudades con características distintas. Consideraron que cada territorio requiere estrategias adaptadas a sus condiciones demográficas, económicas y espaciales, evitando enfoques estandarizados que ignoren las particularidades locales.
Coincidieron en que la movilidad se ha convertido en uno de los principales instrumentos para combatir desigualdades urbanas y mejorar la accesibilidad de millones de personas. Por ello, sostuvieron que fortalecer la investigación interdisciplinaria, la planeación territorial y la coordinación entre sectores será fundamental para construir ciudades más sostenibles, competitivas e incluyentes en las próximas décadas.




































