
La movilidad debe verse como un mecanismo que facilita o complica la rutina diaria de los habitantes de una ciudad; a decir de Sergio Avelleda, Director de Movilidad Urbana en WRI Ross Center, los sistemas de movilidad de las ciudades deben medirse por las oportunidades de acceso que ofrecen a las personas que necesitan moverse todo el tiempo para acceder al trabajo, la educación, el esparcimiento y los servicios básicos.
Si el tiempo es largo o el costo es alto, independiente de si van caminando o en vehículo privado, estamos frente a una ciudad con bajo nivel de accesibilidad, lo que complica la vida de las personas y hace que la vida sea dura y muchas veces no permite la movilidad acceder al trabajo; entonces tenemos que medir a los sistemas de movilidad, no por los kilómetros y autobuses que hay, sino por el tiempo en que un sistema permite que una persona llegue a su trabajo, si es poco tiempo vamos a tener una ciudad más próspera, con mejor calidad de vida”.
Avelleda dijo que en la gran mayoría de las ciudades de América Latina se tienen urbes con “trayectos demorados, no largos”, esto se debe al alto uso del vehículo particular y la baja eficiencia de los sistemas de transporte.
“¿Por qué las ciudades están tan llenas y los viajes son tan lentos? Porque nosotros hemos creados ciudades ineficientes, movimos a las personas a vivir lejos del trabajo, creamos zonas de trabajo concentradas y zonas de vivienda distribuidas por las zonas periféricas de la ciudad; todas las mañanas las personas se levantan para moverse generalmente al centro, por las mismas rutas al otro lado de la ciudad”, detalló.
Si bien es difícil revertir las décadas de mala planeación en la gran mayoría de las ciudades, para mitigar los daños es necesario trabajar en “favorecer la creación de comercio, servicios y empleos en las periferias, hay que hacer una ciudad amigable para la gente”.
Lamentó que en las ciudades “los coches mueven alrededor del 30% de la gente y ocupan el 90% del espacio; el 30% que camina no tienen seguridad en sus trayectos, quienes optan por la bicicleta tienen muy poca infraestructura y tienen que ponerse a la par de los coches, lo que incrementa la inseguridad y entonces las personas no optan por moverse en bici. Creo que hay que crear calles pensadas en las personas”.
Para mejorar la calidad de vida, el Director de Movilidad Urbana en WRI Ross Center considera que es importante apostarle a ciudades con largas áreas diseñadas para los peatones, sin importar el espacio que sea necesario quitarle al vehículo particular.
Cambiar la cultura del uso del coche particular es posible
Pese a vivir en una cultura donde quien trae el vehículo nuevo, de mejor marca y mayor costo da constancia de su éxito, además de que la obra pública beneficia e incentiva el uso del mismo, aún es posible darle “la vuelta a la historia” y desincentivar el uso del carro particular.
“Es posible cambiar. Estados Unidos es el país del coche, todos puedes acceder a un carro, Nueva York es la ciudad del coche, pero el Alcalde, al cerrar una de las vías principales como la Time Square a los vehículos, y aunque la mayoría hablaba de la quiebra y daños a los comercios de la zona, lo cierto es que en poco tiempo las personas tomaron la calle para caminar y se duplicaron las ventas”.
Ese hecho, dijo, es muestra de que es posible, pero hay que iniciar despacio. “No es solamente cerrar calles, es necesario ir adecuando esos espacios haciéndolos atractivos para el peatón; muchos de los viajes en las ciudades en coche son en distancias menores a cinco kilómetros, un recorrido que si existieran las condiciones se podría hacer caminando; y si a esto le añades un buen sistema de transporte público, el coche se olvida”.
La movilidad es un elemento fundamental para el bienestar social y el desarrollo de una comunidad, por lo que los sistemas de movilidad “tienen que ser integrados”, señala el experto, quien considera que “la gente tiene que usar el transporte público, no porque no puede comprar un coche, sino porque es la mejor opción”.
Para lograrlo, es importante que las ciudades le apuesten a los sistemas integrados de transporte, “con carriles exclusivos, la facilidad de que yo pueda cambiar del autobús al Metro de manera fácil, así como la integración tarifaria que me dé acceso a descuentos y beneficios por el uso del transporte colectivo”.
Cobros por uso del vehículo
“Es muy caro para la sociedad el que uno decida moverse en coche, pareciera que es un derecho mientras puedas pagarlo, pero estamos generando un montón de externalidades negativas, como contaminación, inseguridad vial, ocupación excesiva de espacio, son cosas que afectan a todos y se debería tener un cobro por el uso del vehículo particular”, señaló Avelleda.
A decir del experto, la labor de las autoridades es legislar a favor de la mayoría, y todo aquel que opta por el uso del auto particular, debe pagar por todo lo antes mencionado, recursos que pueden y deberían destinarse a las mejoras del transporte público.
“Hay muchas maneras de equilibrar las cosas, por ejemplo que existan menos espacios de estacionamiento y los que existan que sean con costo, eso está pasando en Europa, y posiblemente no es tiempo de hacerlo en América Latina, pero se puede comenzar por crear zonas donde los coches no entren, zonas verdes, silenciosas sin autos, pero con buenos servicios de transporte público; otra medida podría ser que los coches no entren a los centros históricos de las ciudades, de esta forma de desincentiva el uso del auto, o se cobra por el uso del mismo”.
Finalmente el Director de Movilidad Urbana en WRI Ross Center resaltó que de la movilidad depende en mucho la igualdad de oportunidades y acceso a los servicios en una ciudad.




































