
La transparencia en las finanzas del transporte público es fundamental para optimizar tarifas, renovar la flota y generar confianza entre usuarios, autoridades y bancos. Durante una transmisión en vivo con Pasajero 7, Gisela Méndez, especialista en políticas públicas de movilidad, y Daniel Villaseñor, presidente de Transportistas Coordinados de León, abordaron cómo formalizar operaciones y reducir ineficiencias, creando un círculo virtuoso de beneficios para todos los involucrados.
Gisela Méndez explicó que “el modelo hombre-camión todavía prevalece en la mayor parte de las ciudades, sobre todo fuera de las grandes urbes, y ha tenido poca atención para lograr formalización y mejora del servicio”. Esta estructura fragmentada dificulta la rendición de cuentas, limita la inversión y afecta la calidad del transporte público.
Daniel Villaseñor destacó que “cuando los transportistas transparentan sus recursos, pueden aprovechar economías de escala, reducir costos y atraer financiamiento, lo que incluso puede aumentar ingresos entre un 20 y 30%”. La formalización permite planificar mejor, renegociar contratos y optimizar compras de combustible, refacciones y unidades, reduciendo ineficiencias trasladadas a los usuarios.
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Tecnología como aliada
“La tecnología permite controlar ingresos, validar tarifas preferenciales y contar pasajeros; de la noche a la mañana, esto puede elevar los ingresos hasta un 30%”, señaló Villaseñor. Sistemas de información adecuados facilitan auditorías, cálculo de tarifas técnicas y socialmente justas, y garantizan transparencia hacia autoridades y ciudadanos.
Centrar el servicio en los usuarios
Según Méndez, “la mayor inconformidad de los usuarios surge cuando desconocen los motivos de aumentos tarifarios; la transparencia permite justificar mejoras y centrar el servicio en las personas”. Un transporte público transparente genera confianza, incentiva el uso del servicio y permite que los subsidios y financiamientos sean aplicados de manera eficiente.
Un proceso gradual y acompañamiento institucional
Transformar el modelo hombre-camión no es inmediato. Requiere acompañamiento del Estado, capacitación de operadores y un cambio cultural entre los transportistas. Villaseñor apuntó que “al dejar la autoridad como socio comercial y no enemigo, se logra continuidad en proyectos y mejora en la calidad del servicio”. Ciudades como León muestran que, con voluntad y organización, la transición es posible y rentable.
A considerar:
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Apostar por la transparencia: permite financiamiento para renovar la flota, reducir costos operativos y mejorar ingresos, generando un servicio más eficiente y seguro.
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Frenos culturales y estructurales: muchos transportistas desconfían de formalizar ingresos y someterse a auditorías; la transición exige tiempo y acompañamiento institucional.
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Necesidad de apoyo institucional: sin autoridades capacitadas, continuidad en cargos y políticas claras, las ciudades medianas y pequeñas enfrentan barreras para implementar sistemas transparentes de transporte público.



































