
La discusión sobre las tarifas del transporte público ya no puede limitarse únicamente al costo del pasaje, sino que debe centrarse en la sostenibilidad financiera integral de los sistemas de movilidad urbana, advirtió Fernando Páez durante el 17 Congreso Internacional de Transporte (17 CIT).
En la conferencia magistral “Tarifa técnica vs tarifa política: el dilema de la sustentabilidad”, el especialista señaló que sistemas como el Metro y Metrobús de la Ciudad de México enfrentan una presión permanente para mantener tarifas bajas, aun cuando los costos reales de operación continúan incrementándose.
Páez explicó que uno de los principales errores en América Latina ha sido asumir que el pago realizado por las personas usuarias puede sostener por sí solo la operación de los sistemas de transporte masivo, pese al crecimiento constante de gastos relacionados con mantenimiento, energía, tecnología, renovación de flota e infraestructura.
El representante del Instituto de Recursos Mundiales (WRI Colombia) sostuvo que el verdadero desafío no radica en elegir entre tarifa técnica o tarifa política, sino en construir mecanismos capaces de equilibrar ambos conceptos mediante subsidios transparentes, nuevas fuentes de financiamiento y modelos de gobernanza con visión de largo plazo.
Según detalló, la “tarifa técnica” corresponde al costo real de operación de un sistema de transporte, mientras que la “tarifa política” es el monto final que pagan las personas usuarias, generalmente condicionado por decisiones sociales, económicas y electorales.
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El especialista advirtió que congelar tarifas puede representar un alivio temporal para la población; sin embargo, cuando no existen esquemas complementarios de financiamiento, las consecuencias suelen reflejarse en deterioro operativo, menor calidad del servicio y dificultades para modernizar los sistemas.
Durante su participación, Páez recordó que aproximadamente 570 millones de personas viven actualmente en América Latina y cerca de 200 millones utilizan diariamente transporte público, por lo que la estabilidad financiera de estos servicios impacta directamente la movilidad cotidiana, el acceso al empleo y la calidad de vida en las ciudades.
También señaló que múltiples sistemas de transporte en la región comienzan a enfrentar déficits operativos derivados de modelos excesivamente dependientes de la recaudación tarifaria, especialmente en contextos donde la demanda de pasajeros ha disminuido mientras continúan creciendo los costos de operación.
El especialista explicó que en muchas ciudades el costo real de cada viaje es considerablemente superior al precio pagado por los usuarios, situación que obliga a los gobiernos a cubrir diferencias mediante subsidios públicos o mecanismos alternativos de financiamiento.
Páez consideró que los subsidios no representan un problema por sí mismos, siempre que existan reglas claras, mecanismos transparentes de asignación y esquemas de planeación institucional que permitan garantizar la sostenibilidad del servicio.
Finalmente, sostuvo que no puede construirse movilidad sustentable sin sistemas financieramente viables y advirtió que los procesos de modernización tecnológica del transporte público requerirán cada vez más estrategias de financiamiento estables y de largo plazo.



































