Seguridad Vial exige cambiar el modelo: de la reacción a un sistema que prevenga muertes - Pasajero7

Seguridad Vial exige cambiar el modelo: de la reacción a un sistema que prevenga muertes

SIMUSEscrito por: Equipo Red Simus

La seguridad vial debe dejar de entenderse como un asunto exclusivo del tránsito o del comportamiento de los conductores y asumirse como un problema de salud pública que requiere coordinación institucional, infraestructura segura, datos confiables y corresponsabilidad social, coincidieron especialistas durante el webinar “Gobernanza, salud pública y Sistema Seguro”, organizado por la Red SIMUS.

En el encuentro, que reunió perspectivas de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Agencia Nacional de Seguridad Vial de Colombia y TransMilenio, se planteó la necesidad de acelerar las acciones para alcanzar la meta internacional de reducir 50% las muertes y lesiones causadas por siniestros viales hacia 2030.

El especialista en seguridad vial de la OPS, Ricardo Pérez Núñez, advirtió que la dimensión del problema trasciende las cifras de mortalidad: a nivel mundial, alrededor de 1.19 millones de personas mueren cada año por lesiones causadas por el tránsito y unos 50 millones sufren lesiones no fatales, algunas con consecuencias permanentes.

Las personas con menos recursos sufren más las consecuencias de las lesiones causadas por el tránsito, por lo que trabajar en promover una movilidad sostenible y promover una seguridad vial también promueve la equidad social. Finalmente, existen intervenciones con evidencia comprobada de ser efectivas para prevenir que ocurran las muertes y las lesiones graves y, por tanto, esto constituye a las lesiones causadas por el tránsito como un problema de salud pública.”

Pérez Núñez señaló que el actual Decenio de Acción para la Seguridad Vial, correspondiente al periodo 2021-2030, obliga a acelerar el ritmo de intervención, pues las proyecciones regionales muestran que América Latina y el Caribe se mantienen por encima de la trayectoria necesaria para alcanzar la meta de reducción de muertes.

Su planteamiento también vinculó seguridad vial, cambio climático, actividad física, salud mental y equidad social. Desde esta perspectiva, explicó, el transporte deja de ser únicamente un mecanismo para desplazarse y se convierte en un determinante social de la salud.

El especialista cuestionó además el modelo de expansión de infraestructura orientado prioritariamente al automóvil. “Mientras más carriles construyamos, más autos tendremos”, sostuvo, al plantear que las ciudades necesitan fortalecer el transporte público y facilitar la movilidad multimodal y activa.

En esa misma lógica, destacó que caminar y utilizar la bicicleta pueden generar beneficios sanitarios medibles y que existen herramientas de la OMS para calcular el retorno económico de las inversiones destinadas a infraestructura para estos modos de transporte.

Gobernanza y datos, parte del sistema

Desde la Agencia Nacional de Seguridad Vial de Colombia, Gina Paola Herrera Ávila expuso la experiencia de su país para trasladar la seguridad vial de una lógica exclusivamente institucional hacia un modelo de gobernanza.

La especialista mencionó que Colombia avanzó con la creación de una agencia nacional responsable de la política pública y, posteriormente, con un Plan Nacional de Seguridad Vial basado en el enfoque de Sistema Seguro, que parte de reconocer que las personas cometen errores, pero que las vías, los vehículos y las instituciones deben estar diseñados para evitar que esos errores terminen en muertes o lesiones graves.

El enfoque de sistema seguro entiende que el problema de seguridad vial viene desde temas como las velocidades seguras, cómo estamos haciendo control en nuestros países y en nuestros municipios y departamentos, cómo estamos adelantando acciones en materia de atención integral a víctimas. […] También cómo estamos gestionando datos y cómo estamos trabajando de manera articulada a las distintas instituciones y al sector privado.”

Para Herrera Ávila, la seguridad vial tampoco puede quedar limitada a las secretarías o institutos de movilidad. Educación, salud, planeación, gobierno, empresas y ciudadanía deben formar parte de la respuesta.

“Nosotros somos actores públicos desde que salimos de la casa. Nosotros ponemos un pie fuera de nuestra casa y ya somos unos actores viales”, expresó al explicar la dimensión de corresponsabilidad que plantea el modelo colombiano.

La especialista también subrayó que las políticas locales deben considerar las particularidades de cada territorio y sustentarse en información confiable. Para ello, dijo, los planes de seguridad vial deben establecer acciones concretas, responsables y tiempos de cumplimiento que permitan evaluar si las medidas realmente reducen la siniestralidad.

 La seguridad vial debe asumirse como un problema de salud pública: transporte, infraestructura, planeación, salud, educación, datos y equidad forman parte de una misma agenda para prevenir muertes y lesiones graves. 

TransMilenio lleva el Sistema Seguro a la operación

La tercera perspectiva llegó desde TransMilenio, donde Carlos Gutiérrez, de la dirección técnica de seguridad, explicó cómo el enfoque de Sistema Seguro se ha trasladado a la gestión cotidiana de una de las redes de transporte masivo más grandes de la región.

El especialista destacó la necesidad de colocar al transporte público en el centro de la movilidad urbana y manifestó que el crecimiento de la motorización representa uno de los principales desafíos para las ciudades. En el caso de Bogotá, expuso, los actores viales vulnerables concentran una parte importante de las fatalidades del componente zonal, con los motociclistas como uno de los principales focos de atención.

A partir de este diagnóstico, TransMilenio ha incorporado herramientas para gestionar velocidad, fatiga, distracción, consumo de sustancias, puntos ciegos y condiciones de los vehículos. La evolución tecnológica pasó del geoposicionamiento básico de las unidades a sistemas de telemetría, cámaras, analítica de datos, monitoreo del conductor y sistemas avanzados de asistencia a la conducción.

El ser humano comete errores, errores por desconocimiento, por distracción, por un lapsus en un momento dado; sin embargo, el sistema del transporte público debe ser un sistema seguro. Debemos diseñarlo para que no tengamos novedades y, si las tenemos, que los resultados no sean lesiones incapacitantes permanentes, ni mucho menos eventos con fatalidad.”

Uno de los ejemplos expuestos fue la incorporación de sistemas para eliminar puntos ciegos mediante cámaras que permiten al operador obtener una visión integral del entorno del autobús. A ello se suman herramientas de monitoreo de velocidad y detección de signos de somnolencia, con intervención desde los centros de control.

El foro cerró con una idea compartida: alcanzar cero muertes no depende de una sola institución ni de una única medida. Requiere identificar los riesgos de cada territorio, utilizar evidencia para tomar decisiones, asignar responsabilidades y convertir la seguridad vial en una política pública permanente y medible.

En ese sentido, el desafío hacia 2030 no consiste únicamente en reaccionar después de que ocurre un siniestro, sino en construir sistemas capaces de perdonar los errores humanos y evitar que estos se conviertan en tragedias.

El enfoque de Sistema Seguro cambia la responsabilidad: reconoce que las personas pueden equivocarse, pero exige que las instituciones, las vías, los vehículos y la operación estén diseñados para reducir las consecuencias de esos errores. 




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