
Escrito por Cristela Gutiérrez / redaccion@pasajero7.com.mx
La congestión vehicular en México provoca pérdidas económicas millonarias y reduce el tiempo disponible para trabajar, estudiar, descansar o atender responsabilidades familiares. Sus efectos, sin embargo, no se distribuyen de manera uniforme entre quienes se desplazan por las ciudades. Los usuarios del transporte público pierden más horas al año por el tráfico que quienes viajan en automóvil, una diferencia que evidencia las desventajas que enfrentan millones de personas para llegar a sus destinos.
El estudio Costo del Tráfico 2026, elaborado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) y Dat’s Why, con el apoyo de la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad (AMTM), estima que la congestión vehicular genera un costo de oportunidad de 203.3 mil millones de pesos anuales en 44 zonas metropolitanas del país. El cálculo representa el valor económico del tiempo adicional que las personas pierden debido al tráfico y que podrían dedicar a otras actividades.
La Zona Metropolitana del Valle de México concentra la mayor parte de ese costo, con 81, 750 millones de pesos al año. Le siguen Monterrey, con 18,990 millones, y Guadalajara, con 17,510 millones. En conjunto, las tres zonas acumulan más de la mitad del costo estimado en las ciudades analizadas.

La concentración no termina ahí. De acuerdo con el IMCO, cinco zonas metropolitanas —Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Tijuana y Puebla-Tlaxcala— reúnen el 65% del costo total de la congestión. La magnitud de estas cifras refleja el peso económico de los desplazamientos en los principales centros urbanos, donde millones de personas necesitan recorrer distancias considerables para llegar al trabajo, la escuela y otros servicios.
El costo de oportunidad no equivale al dinero que cada persona desembolsa directamente ni a una pérdida contable idéntica para todos los habitantes. Es una estimación del valor económico del tiempo adicional consumido por la congestión. Su relevancia radica en que permite dimensionar una consecuencia que suele quedar fuera de las cuentas cotidianas: las horas que se restan a otras actividades y que, acumuladas entre millones de personas, representan un costo considerable para las ciudades.
La congestión vehicular genera un costo de oportunidad estimado en 203.3 mil millones de pesos anuales en 44 zonas metropolitanas de México; cinco de ellas concentran el 65% del total.
La carga es mayor para quienes viajan en transporte público
El promedio entre las 44 zonas metropolitanas analizadas es de 111 horas perdidas por persona al año a causa de la congestión, con un costo de oportunidad de 5,645 pesos. La cifra cambia de manera importante según el lugar y el modo de transporte. En la Ciudad de México, por ejemplo, cada persona que se desplaza pierde 211 horas anuales por el tráfico, casi nueve días completos.
La diferencia entre usuarios del transporte público y del automóvil es uno de los hallazgos centrales del estudio. Quienes utilizan servicios colectivos pierden, en promedio, 140 horas anuales por la congestión, frente a 94 horas entre quienes viajan en vehículos privados. Son 46 horas de diferencia al año, equivalentes a casi dos días completos.
La brecha también se expresa en términos económicos. El costo de oportunidad anual por persona asciende a 7,294 pesos entre los usuarios del transporte público, frente a 4,811 pesos para quienes utilizan vehículos privados. La diferencia es de 2,483 pesos por usuario al año. En Monterrey, la brecha es todavía mayor: 12,036 pesos para quienes viajan en transporte público, frente a 7,057 pesos para quienes lo hacen en vehículos privados.

La distribución de las pérdidas refuerza este diagnóstico. Aunque el transporte público representa alrededor del 40% de las personas que se desplazan en los modos analizados, sus usuarios concentran el 57% de las horas perdidas y el 55.4% del costo económico total de la congestión. Esto equivale a 112,600 millones de pesos anuales asociados a quienes utilizan transporte público, frente a 90 mil 800 millones correspondientes a los usuarios de vehículos privados.
Las cifras muestran que la congestión no afecta de la misma manera a todos los habitantes. Quienes dependen del transporte colectivo enfrentan una mayor pérdida de tiempo y un costo de oportunidad individual más alto. Esta diferencia importa especialmente para quienes necesitan trasladarse diariamente y cuentan con menos alternativas para modificar sus recorridos o elegir otro modo de transporte.

Los tiempos de traslado dimensionan el problema cotidiano
Los datos del Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI ayudan a contextualizar el tiempo que demanda la movilidad cotidiana. Entre la población ocupada, el 19.2% declaró tardar de 31 minutos a una hora en llegar al trabajo; el 8.3% reportó trayectos de más de una hora y hasta dos horas; y el 2.3% señaló que tardaba más de dos horas.
Estas cifras corresponden al tiempo total declarado para llegar al trabajo, no exclusivamente al retraso provocado por la congestión. Por ello, no deben confundirse con las horas adicionales estimadas por el IMCO. Sin embargo, permiten observar la dimensión de los desplazamientos que forman parte de la rutina de millones de personas.
El mismo censo identificó diferencias según el modo utilizado. Entre quienes se trasladaban al trabajo en camión, autobús, combi o colectivo, el 22.8% tardaba más de una hora. En el caso de quienes utilizaban metro, trolebús o metrobús, la proporción alcanzaba el 48.7%. Estos resultados corresponden a categorías específicas del cuestionario censal y no representan por sí solos una comparación directa de eficiencia entre todos los sistemas de transporte. Sí muestran que una parte importante de la población usuaria del transporte colectivo realiza recorridos prolongados.
La duración de un viaje depende de múltiples factores: la distancia entre la vivienda y el destino, la distribución de las actividades urbanas, la disponibilidad de rutas, los transbordos y las condiciones de circulación. La congestión se suma a esos factores y puede volver menos predecible el tiempo necesario para completar un recorrido.
Para quienes tienen horarios laborales rígidos, deben recoger a sus hijos o necesitan realizar varias actividades durante el día, los retrasos reducen el margen para organizar sus responsabilidades. La regularidad del servicio también resulta relevante: conocer cuánto durará un viaje permite planear la jornada, mientras que las demoras impredecibles dificultan esa organización.
Los usuarios del transporte público pierden 140 horas al año por la congestión, frente a 94 horas entre quienes viajan en vehículos privados, y asumen un costo de oportunidad individual de 7,294 pesos anuales.
La salud y la calidad de vida
La Organización Mundial de la Salud ha documentado que las condiciones del transporte y del entorno urbano influyen en la salud mediante factores como la contaminación atmosférica, el ruido, los siniestros viales y las oportunidades para realizar actividad física. Estas dimensiones amplían el análisis de la movilidad, aunque deben distinguirse de las pérdidas de tiempo calculadas por el estudio del IMCO.
La congestión puede coincidir con una exposición prolongada a entornos viales contaminados y ruidosos, pero no es suficiente para atribuirle automáticamente todos esos efectos. Para establecer su magnitud en una ciudad determinada se requieren mediciones ambientales, estudios de exposición y evidencia específica.
En términos urbanos, el problema también está relacionado con el acceso a oportunidades. La ubicación de la vivienda, los centros de empleo, las escuelas y los servicios determina las distancias que deben recorrer y las opciones disponibles para hacerlo. Cuando los viajes consumen una proporción elevada de la jornada, la posibilidad de acceder a empleos, educación y servicios depende en parte de la conectividad y de la calidad del sistema de transporte.
La movilidad, por tanto, no se mide únicamente por la cantidad de vehículos que circulan o por la velocidad que alcanzan en determinados tramos. También importa cuánto tarda una persona en llegar a su destino, qué tan confiable es ese recorrido y qué oportunidades puede alcanzar dentro del tiempo disponible.
Los datos del INEGI muestran que una proporción importante de la población realiza traslados prolongados al trabajo, aunque el tiempo total de viaje debe distinguirse de las horas atribuibles exclusivamente a la congestión.
Priorizar el transporte público y medir sus resultados
Los resultados del IMCO ofrecen elementos para revisar las políticas de movilidad urbana. Una de las líneas de acción consiste en dar prioridad de circulación al transporte público por medio de carriles exclusivos, corredores bien diseñados y una gestión eficiente de las intersecciones. Estas medidas pueden reducir la exposición de los servicios colectivos a la congestión, aunque sus resultados dependen de las condiciones de cada ciudad y de la calidad de su implementación.
La infraestructura necesita acompañarse de financiamiento suficiente para mantener y mejorar la operación. La frecuencia de paso, la puntualidad, la regularidad, los tiempos de recorrido y la capacidad para atender la demanda son indicadores que permiten evaluar si los recursos destinados al transporte se traducen en mejoras para los pasajeros.
También es necesario considerar cómo se distribuye la inversión pública entre los distintos modos de movilidad. Un antecedente del propio IMCO, publicado en 2019, señaló que el transporte público concentraba el 39% de los usuarios considerados en aquel análisis, pero recibía el 1.2% del presupuesto federal para movilidad contemplado en el estudio. Esa proporción corresponde a la investigación de entonces y no debe presentarse como una distribución vigente; para evaluar la situación actual es necesario revisar los presupuestos y las asignaciones más recientes.
La planeación urbana constituye otra pieza de la discusión. La ubicación de viviendas, empleos y servicios influye en las distancias y en la necesidad de realizar viajes largos. Mejorar la conexión entre los distintos modos de transporte y facilitar el acceso a los destinos cotidianos puede contribuir a reducir las barreras que enfrentan quienes dependen de los servicios colectivos.
El estudio Costo del Tráfico 2026 sitúa el tiempo perdido en el centro de la discusión sobre movilidad. La congestión representa un costo económico considerable para las zonas metropolitanas y una carga desigual para quienes las recorren. Reducir esa brecha exige evaluar no solo la circulación vehicular, sino también la calidad del transporte público, la distribución del espacio vial y la capacidad de las ciudades para conectar a las personas con sus oportunidades.
BIBLIOGRAFÍA
IMCO — Costo del Tráfico 2026. Estimaciones nacionales, costos por persona y diferencias entre modos.
IMCO — Monitor interactivo del Costo del Tráfico 2026. Resultados por zona metropolitana.
INEGI — Censo de Población y Vivienda 2020, resultados complementarios. Tiempos y modos de traslado al trabajo.
INEGI — Principales resultados del Censo 2020. Distribución de los tiempos de traslado por modo.
OMS — Transporte y salud. Contexto sanitario y ambiental.































