
En 1976, México incorporó una nueva especialidad a su formación profesional: la Ingeniería en Transporte de la UPIICSA del Instituto Politécnico Nacional (IPN), creada para atender una necesidad que hasta entonces era abordada desde distintas disciplinas: mover personas y mercancías de manera ordenada, eficiente y con herramientas de análisis especializadas.
A cinco décadas de su creación, la carrera enfrenta un escenario muy distinto, marcado por el crecimiento urbano, la digitalización, la electrificación, la sustentabilidad y la necesidad de comprender la movilidad como un sistema integral. Fidel Jesús Cisneros Molina, jefe de Promoción Académica de Ingeniería en Transporte de la UPIICSA, habla sobre la evolución de la profesión y los retos que enfrenta la formación de los especialistas que participarán en las decisiones de movilidad del país.
¿Qué significó para la carrera llegar a sus primeros 50 años?
Para nosotros es un gran orgullo cumplir 50 años con una carrera que fue pionera a nivel nacional. En 1976 no existía una formación profesional que atendiera específicamente la necesidad de mover personas y mercancías de manera ordenada. Había otras profesiones que intervenían en estos procesos, pero no con todo el rigor matemático que se requería.
La Ingeniería en Transporte vino a ocupar ese espacio. Desde sus orígenes buscó mejorar las rutas de transporte de pasajeros y desarrollar herramientas para analizar el fenómeno de la movilidad. En ese momento participaron especialistas como el ingeniero Raúl Talán, director de UPIICSA en 1976, y el ingeniero Muñoz de Luna, quien formó parte del equipo encargado de estudiar lo que existía tanto en México como en otros países para construir los elementos de la nueva carrera.
¿Qué cambió con la creación de esta ingeniería frente a la manera en que se estudiaba el transporte?
Antes de la creación de la carrera, el fenómeno del transporte se abordaba básicamente desde la ingeniería civil, particularmente desde el diseño de infraestructura física y las vías terrestres. La UPIICSA introdujo una visión interdisciplinaria.
El transporte se concibió como un sistema integral en el que no solamente interviene la modelación matemática. También están la economía del transporte, la gestión de flotas, la normatividad nacional e internacional y, algo fundamental, el análisis del comportamiento de la demanda. Necesitamos fundamentar esa demanda para poder diseñar una línea de transporte eficiente y ofrecer una respuesta pensada para la movilidad de personas y mercancías.
Las ciudades y la tecnología han cambiado radicalmente en estos 50 años. ¿Qué herramientas necesita ahora un ingeniero en transporte?
Actualmente estamos inmersos en la tecnología. El Big Data, el Internet de las Cosas y el seguimiento de las unidades que movilizan personas y mercancías son fundamentales para un ingeniero en transporte. Las herramientas de modelación también han evolucionado y ya están incorporadas al nuevo plan de estudios, cuya última modificación fue en 2021.
El crecimiento de los centros de distribución y del comercio electrónico también amplió la visión que debe tener el profesional. Ya no se trata solamente de analizar el transporte dentro de una ciudad o un país, sino de comprender cómo interactúan los diferentes modos para trasladar materias primas y productos desde otros continentes hacia México y posteriormente distribuirlos hacia distintas regiones.
A esto se suma la sustentabilidad. La electrificación del transporte, los nuevos vehículos eléctricos y la transición de sistemas como los BRT hacia tecnologías más limpias obligan al ingeniero a considerar el costo-beneficio y la eficiencia, pero también el impacto ambiental.
¿Cómo se incorpora la calidad de vida de las personas en una formación que tiene una fuerte base técnica y matemática?
La calidad de vida es fundamental. En urbes como la CDMX y su zona conurbada, el tiempo que pasamos en el transporte público o en los vehículos es considerable. El crecimiento de la población y del parque vehicular genera situaciones en las que los servicios de transporte no siempre tienen capacidad suficiente para garantizar flujos rápidos y tiempos cortos.
El ingeniero debe trasladar esas situaciones a modelos matemáticos que permitan simular el comportamiento de los vehículos en función de la demanda y generar distintos escenarios. No siempre es sencillo encontrar una solución rápida, pero esas herramientas permiten aprovechar mejor los recursos y, sobre todo, el tiempo, que es un recurso muy valioso para las personas y las empresas. El objetivo final es encontrar mejores rutas y alternativas que contribuyan a mejorar la calidad de vida.
La Ingeniería en Transporte del IPN nació en 1976 como una carrera pionera para profesionalizar el análisis de la movilidad de personas y mercancías desde una perspectiva matemática e interdisciplinaria.
¿Qué diferencia al ingeniero en transporte de otros profesionales que también intervienen en la movilidad?
La diferencia está en la visión sistémica. Los ingenieros civiles tienen una participación fundamental en la infraestructura; los urbanistas también aportan conocimientos indispensables. Pero el ingeniero en transporte tiene una formación que integra distintas herramientas y disciplinas: matemáticas, normativa e ingeniería, entre otras.
Además, debe tener la capacidad de trabajar en equipo y coordinar esfuerzos. Cuando enfrentamos problemas reales de movilidad necesitamos el conocimiento de ingenieros civiles, urbanistas, industriales y especialistas de otras áreas. El ingeniero en transporte tiene la capacidad de coordinar esas competencias para buscar una solución integral.
¿Qué tan importante es que los estudiantes tengan contacto con los problemas reales del transporte?
Es fundamental. Muchos de nuestros estudiantes realizan prácticas durante la carrera con diferentes empresas y organismos. En el sector público tenemos vinculación con servicios como Metrobús y Transportes Eléctricos, donde nuestros alumnos participan en proyectos relacionados con trolebús, tren ligero y Cablebús.
En el sector privado también tenemos colaboración con empresas como DHL y Hyundai Glovis. Esta vinculación permite que los estudiantes tengan contacto con la realidad y con problemas reales de movilidad y logística. Actualmente seguimos trabajando para fortalecer esa relación entre la academia, el sector público y el privado.
Después de 50 años formando especialistas, ¿cuál es el principal reto de la carrera hacia adelante?
El reto es mantenernos a la par del avance tecnológico, que ocurre a pasos agigantados. Tenemos que fortalecer temas como los sistemas inteligentes de transporte, Big Data e Internet de las Cosas, pero también incorporar las nuevas tecnologías que se desarrollan constantemente.
La descarbonización y la logística verde son fundamentales. Tenemos que analizar opciones para reducir la contaminación, incorporar vehículos eléctricos y encontrar nuevas formas de movilidad. También necesitamos fortalecer competencias relacionadas con el sector portuario y las aduanas, así como acompañar los proyectos ferroviarios que se están desarrollando en México.
Después de 50 años, hemos tenido ocho planes de estudio modificados. Eso demuestra que la carrera ha tenido que caminar junto con las necesidades del país. Nuestro objetivo es formar ingenieros a los que les apasione mover personas y mercancías, porque es una actividad que requiere compromiso, conocimiento y responsabilidad.
El reto también está en atraer nuevo talento. Necesitamos que más jóvenes conozcan la Ingeniería en Transporte y entiendan el campo profesional que existe para ellos. Queremos llegar a más empresas y más espacios donde nuestros egresados puedan participar y contribuir a resolver los problemas de movilidad del país.
En 50 años, la carrera ha modificado ocho veces su plan de estudios y hoy incorpora tecnologías como Big Data, Internet de las Cosas y sistemas inteligentes, además de sustentabilidad, electrificación y logística verde.
































