El reto de América Latina es que la perspectiva de género transforme el transporte público - Pasajero7

El reto de América Latina es que la perspectiva de género transforme el transporte público

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Escrito por: Cristela Gutiérrez / redaccion@pasajero7.com.mx

Durante años, incorporar la perspectiva de género al transporte público se ha asociado principalmente con prevenir la violencia y el acoso contra las mujeres. El reto que ahora plantea el Observatorio de Género y Movilidad de América Latina (OBGEM) es más amplio: conseguir que esa perspectiva atraviese las decisiones de planificación, operación y gestión de los sistemas de transporte.

El observatorio, creado en marzo de 2023 como una iniciativa de cooperación regional, reúne a ciudades y equipos técnicos de América Latina para comparar información, compartir experiencias y desarrollar políticas que respondan a las distintas formas en que mujeres y hombres viven y utilizan el transporte. Su cuarto encuentro regional, que se realizará del 16 al 18 de noviembre en Buenos Aires, será una oportunidad para revisar avances, presentar nuevos datos y discutir cómo llevar estas políticas de la planeación a la operación cotidiana.

Natalia Neri, directora General de Transporte Colectivo de Pasajeros del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, explica que el observatorio nació con la intención de que las ciudades pudieran trabajar con indicadores comunes y aprender unas de otras.

Básicamente se creó este observatorio primero para tener indicadores en la región que nos permita trabajar en conjunto y poder hacer estudios comparativos”, señala. 

El OBGEM busca que las ciudades puedan identificar problemas similares, conocer qué políticas han funcionado en otros lugares y adaptar esas experiencias a sus propios sistemas. Para Neri, esa continuidad es especialmente importante en una región donde los cambios de administración pueden modificar prioridades y equipos.

El principal reto regional es transversalizar la perspectiva de género en la planificación, gestión y operación cotidiana del transporte público. 

Tres dimensiones de una misma desigualdad

El trabajo del observatorio se organiza en tres ejes: prevención de la violencia y atención del acoso en el transporte público; movilidad asociada a las tareas de cuidado; e inclusión y liderazgo de las mujeres dentro del sector transporte.

La primera dimensión parte de un problema ampliamente documentado en las ciudades latinoamericanas: las mujeres experimentan de manera diferenciada los desplazamientos y enfrentan riesgos específicos de violencia e inseguridad.

Pero la agenda del observatorio busca ir más allá de esa dimensión. La llamada movilidad del cuidado incorpora los viajes que realizan las mujeres al acompañar a niñas, niños, adolescentes o personas mayores, una realidad que puede modificar horarios, recorridos, modos de transporte y necesidades de accesibilidad.

El tercer eje coloca la mirada en quienes diseñan, administran y operan los sistemas. Incluye tanto la presencia de mujeres en puestos de liderazgo y en las administraciones públicas como su incorporación a labores tradicionalmente masculinizadas, entre ellas la conducción del transporte público.

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La evolución de la participación de mujeres conductoras ofrece uno de los ejemplos más concretos de que esta agenda puede traducirse en transformaciones medibles. Neri recuerda que, cuando comenzó el observatorio, algunas ciudades tenían menos del 1% de mujeres entre sus conductores de transporte público. Actualmente, Santiago de Chile y Bogotá superan el 30%.

El desafío para otras ciudades es entender qué políticas y condiciones permitieron ese cambio y cuáles pueden replicarse.

Que sobreviva a los cambios de gobierno

Una de las apuestas centrales del OBGEM es que las políticas de género no dependan exclusivamente de una administración o de una persona.

Las ciudades y sus autoridades de transporte participan institucionalmente en el observatorio, mientras que los equipos técnicos pueden mantener continuidad aun cuando cambien los funcionarios de mayor nivel.

El observatorio es poder ser transversal incluso a estos cambios de gestión”, afirma Neri.

La diferencia es relevante porque una política de movilidad requiere tiempo para modificar infraestructura, protocolos, capacitación, contratación, operación y mecanismos de atención. Si cada cambio administrativo implica comenzar nuevamente, los avances pueden fragmentarse.

Por ello, las reuniones del observatorio buscan generar compromisos y dar seguimiento a los problemas identificados, más allá de las conferencias o declaraciones.

Uno puede hacer congresos o ponencias muy bonitas, pero si no las pasamos a la acción quedan solamente en eso”, advierte Neri.

Esa es también la razón por la que el trabajo con los operadores de transporte comienza a adquirir mayor importancia para la organización.

 Buenos Aires será sede del cuarto encuentro del observatorio, donde se presentarán resultados de Movilidades con Equidad y experiencias regionales. 

Llegar a quienes operan el sistema

Para Neri, transversalizar la perspectiva de género significa dejar de entenderla únicamente como una política dirigida a las mujeres o como un conjunto de acciones para combatir la violencia.

También implica modificar decisiones aparentemente cotidianas de la operación: desde la manera en que conduce una persona operadora hasta la forma en que una unidad se aproxima a la banqueta o responde ante una persona que necesita apoyo para acceder al transporte.

Creo que el foco va a ser ahora trabajar mucho con los operadores de transporte, que son en definitiva la cara visible todos los días de los que nos mueven las ciudades”, sostiene.

La transformación, desde esta perspectiva, no puede reducirse a colocar carteles contra el acoso o diseñar infraestructura con una estética determinada. La perspectiva de género tiene que formar parte de la cultura de las organizaciones y de las decisiones que se toman todos los días.

También supone reconocer que una mujer que viaja con una persona mayor, con niñas o niños, o que encadena varios desplazamientos por razones de cuidado, enfrenta necesidades diferentes a las de quien realiza un viaje directo entre su casa y el trabajo.

Siempre decimos que hay que contagiar, de alguna manera, estas buenas prácticas que existen en las ciudades”, apunta Neri.

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Buenos Aires pondrá los avances sobre la mesa

Ese será uno de los principales contenidos del cuarto encuentro regional del OBGEM, que tendrá lugar en Buenos Aires del 16 al 18 de noviembre. El seminario central se realizará el 16 de noviembre y reunirá a autoridades, equipos técnicos, organismos internacionales y organizaciones vinculadas con la movilidad.

Uno de los momentos centrales será la presentación de los resultados de Movilidades con Equidad, un estudio comparativo que analiza las experiencias de mujeres en distintas ciudades de la región, con especial atención en inseguridad, violencia y barreras para desplazarse.

Neri lo presenta como el segundo estudio regional de este tipo, después de Ella se mueve segura, una investigación realizada años atrás que permitió generar algunos de los primeros indicadores comparables sobre género y movilidad en América Latina. La nueva investigación incorpora a las ciudades que forman parte del observatorio y recoge información mediante encuestas y entrevistas realizadas durante 2025 y 2026.

El encuentro también abordará el avance de las mujeres en la conducción del transporte público mediante el panel “Del 1% a la transformación, mujeres moviendo el transporte”, además de discutir la movilidad del cuidado y las estrategias para incorporar esta perspectiva en la planificación.

El OBGEM busca generar indicadores comparables y mantener políticas de género más allá de los cambios de gobierno. 

La reunión coincidirá, además, con un encuentro regional de la Unión Internacional de Transporte Público (UITP), lo que permitirá ampliar la participación de operadores y autoridades de otras ciudades.

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Como parte de la agenda, se entregará también la tercera edición del Premio Mujeres en Ruta Rumbo a la Equidad, que reconoce iniciativas de operadores, organizaciones, academia y otros actores que contribuyen a reducir las brechas de género en el transporte y la movilidad.

Más que premiar acciones aisladas, el objetivo es identificar políticas y programas que puedan reproducirse en otras ciudades.

El desafío que queda planteado para América Latina, sin embargo, es mayor que la suma de estos programas: lograr que la perspectiva de género deje de ser un componente separado de las políticas de movilidad y se convierta en un criterio permanente para tomar decisiones.

La participación femenina en el transporte también es una prioridad, desde los puestos de conducción hasta los espacios de decisión y liderazgo.

Para Neri, esa transformación requiere que la perspectiva se incorpore tanto en quienes diseñan las políticas como en quienes hacen funcionar los sistemas.

Para nosotros también lo fuerte va a ser ahora trabajar mucho con los operadores de transporte”, insiste.

El objetivo, en última instancia, es que hablar de género en la movilidad ya no signifique únicamente hablar de violencia contra las mujeres, sino de cómo se planifican las ciudades, cómo se diseñan los servicios, quiénes los operan, cómo se toman las decisiones y qué necesidades se consideran cuando millones de personas se desplazan cada día.




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