Hacia un reinicio de la Movilidad 2030 - Pasajero7

Hacia un reinicio de la Movilidad 2030

ALIANZA SIMUS

Martha Gutiérrez, Secretaría General y Darío Cardona, Project Manager/Red SIMUS

Para nosotros, y creemos que para muchos de los que vivimos en las ciudades, nos embarga una enorme tristeza al sentir el vacío y el silencio de los sitios comunes que, en un tiempo, no muy distante a hoy, habitamos y nos movilizamos.

Y es que el 2020 nos dejó imágenes conmovedoras que nos han marcado. Calles, centros comerciales, parques, restaurantes, tiendas, metros, trenes, buses, cabinas, estaciones vacías; como si todo se hubiera extinguido por un momento, un mundo sin gente, sin vehículos, sin niños, sin ancianos; o sólo conquistado por animales nativos que pensaron retornar a su hábitat natural en aquellos espacios citadinos; o lugares ocupados en un día sólo por hombres, o sólo por mujeres. Hay uno de esos lugares de ciudad que nos desconsuela y nos hace repensar cómo debería ser el reinicio de todo como costo de oportunidad para enfocarnos en este nuevo decenio, en particular, de la movilidad para lograr la tan anhelada sostenibilidad y sustentabilidad. Es ver el interior desocupado de un vehículo de transporte público: ¡Nada más desolador que enfrentar una estación de metro o bus vacía o el conductor de un vehículo que anhela llegar al paradero a recoger pasajeros, como era lo habitual en nuestras ciudades y, no encontrar a nadie!

Una vez se empezaron a abrir de nuevo las puertas para que las personas volvieran a moverse por las ciudades, dos circunstancias claves impactaron las condiciones de movilidad: i) El miedo llevó al abandono de los sistemas de transporte público, que luego de todos los estudios y sin evidencia científica de ser foco de contagio, resultaron ser lugares seguros, si se toman las medidas de bioseguridad necesarias y ii) Nuevos hábitos de vida: teletrabajo, educación a distancia, espacio privado no público para el ocio, movilidad de proximidad en barrios o pueblos, uso de tecnología para acceso a bienes, servicios y logística de mercancías, etc. Pero el mensaje ya se había esparcido, el miedo siguió haciendo mella y la recuperación de demanda de pasajeros por ende es aún muy lenta en las diferentes ciudades del mundo y, en particular de América Latina que presenta niveles por debajo del 50% en los sistemas masivos y en el transporte convencional o colectivo a penas si se llega a niveles de entre el 55 y 60%; con una operación al 100% de la oferta de vehículos; costos por bioseguridad cercanos al 67% frente a una reducción de ingresos que llegan aproximadamente entre un 15 -25%.

Pero los espacios vacíos tienden a ocuparse. Luego, sino humanizamos y democratizamos el espacio público para las personas como nuestra prioridad para que transitan a pie y entre éstos los más vulnerables, ofreciendo facilidades a los ciclistas, privilegiando al transporte público, el transporte de carga y, por último el coche y las motos, corremos el riesgo en palabras de la gran escritora, urbanista y activista social Jane Jacobs “Si la calle termina privilegiando al automóvil por sobre el peatón, la calle se muere y allí comienza el fin de la ciudad.”; no sólo porque, son lo más parecido al gas: así cualquier espacio que encuentran, terminan por saturarlo, sino porque son causantes de altos niveles de congestión y contaminación visual, sonora, ambiental e incidentes viales que terminan con muerte o accidentes con limitaciones físicas.

El espacio público, nuestro espacio vital y amado en donde habitamos y vivimos la ciudad, está en riesgo de colapsar ante la inminencia de la saturación de vehículos particulares. En el caso de las ciudades de América Latina, la realidad son las motos, quizá el futuro cercano de la movilidad si no hacemos nada para evitarlo.

Estamos enfrentando crisis sanitarias y ambientales que no podemos verlas de manera aislada: el COVID19 y el CAMBIO CLIMÁTICO, dos hechos reales y letales que debemos manejar, combatir de manera decidida y oportuna porque sin duda una impacta a la otra y pueden desencadenar en más acciones que ponen en riesgo la salud y vida de las personas para este final de siglo. Son ya algo más de 2 millones de muertos a nivel mundial por causa de la pandemia en menos de 1 año -cifras escalofriantes- y según el cambio climático si queremos tener ciudades sanas, ambientalmente sostenibles, durables, resilientes y seguras debemos neutralizar las emisiones de CO2 al 2050, de las cuales los automóviles son los principales emisores debido a los altos niveles de desplazamientos y gases contaminantes que producen.

Con certeza vamos a buscar formas de salir de ellas, pero aquí no todo vale si le apostamos a un desarrollo sostenible y una movilidad urbana sustentable. Ese reinicio de pensar las ciudades que queremos para este nuevo decenio inexorablemente debe impactar 3 ámbitos para alcanzar una alta calidad de vida en entornos urbanos vivibles, equitativos y viables: Lo social, ambiental y económico, de lo contrario no estaríamos haciendo nada.

Hoy, en las ciudades de América Latina, estamos gastando cerca del 30% de nuestro PIB en la forma en la que nos movemos, o al menos como nos movíamos antes de marzo del 2020, esto incluye la infraestructura, gastos de capital y operación de toda clase vehículos, tiempos de viaje, decenas de miles de muertes y cientos de miles de personas con discapacidades en incidentes viales (externalidades negativas)

Una movilidad urbana sostenible y ambientalmente sustentable, cuya base sean los sistemas integrados multimodales de transporte público con prevalencia de la movilidad activa como caminatas y bicis, pueden llegar a gastar menos del 10% de su PIB en la forma de moverse.

Por ende, la oportunidad que tenemos es única, si evolucionamos a una movilidad urbana sustentable como eje conductor del desarrollo urbano, promoveremos un transporte más inclusivo, equitativo y resiliente, que nos permita ahorros hasta de un 20% de nuestro PIB, recuperando nuestro espacio público, un ambiente sano, nuestra salud y nuestro tiempo perdido.

DILEMA DE LOS COMUNES

¿Cómo escapar del dilema en el que muchos individuos actuando racionalmente en su propio interés pueden en última instancia destruir un recurso compartido y limitado, incluso cuando es evidente que esto no beneficia a nadie a largo plazo?

Barry Schwartz

Aquí nos enfrentamos a uno de los problemas más estudiados: el dilema de los comunes, cuando tenemos que entender todos sobre la importancia de dar un uso racional restringido y adecuado a los recursos que son comunes a todos.

Lamentablemente hemos creado un círculo vicioso del deterioro de la Movilidad Urbana, donde alimentamos la preferencia por modos no sostenibles como el auto, la moto, esto nos deja cada vez con menos espacio para todos, lo cual reduce la calidad de oferta de transporte público, haciendo su tarifa cada vez más inasequible, y reduciendo aún más la preferencia de éstos.

La llegada del COVID desde principios del 2020, como ya dijimos agregó nuevos elementos para terminar de agravar la situación: la necesidad de distanciamiento y el miedo infundado a los sistemas de transporte, lo cual terminó por acelerar este círculo vicioso para dejar al transporte público al borde del colapso, enfrentando la crisis financiera más severa sin precedente alguno a nivel mundial.

¿Luego, la pregunta es: ¿Cómo revertir el dilema de los comunes, como oportunidad para lograr la tan anhelada Sustentabilidad de la Movilidad en el próximo decenio?: Veamos algunas reflexiones:

ACEPTAR NUESTRAS FALENCIAS

Primero lo primero. No todo era un idilio en la movilidad de la región, antes de la pandemia: en las ciudades de América latina creamos sistemas de transporte público casi totalmente dependientes de las tarifas, a diferencia de otras ciudades donde se tienen subsidios para solventar los costos de los sistemas, o el transporte privado, que recibe subsidios enormes a través de los elevados costos de infraestructura que pagamos todos. Un buen ejemplo es México.

Esa dependencia de la tarifa encontró un equilibrio natural en la sobreoptimización de su servicio, aprovechando la alta densidad al interior de los vehículos de transporte. De alguna manera, nos acostumbramos a ver trenes llenos de gente y buses a reventar en las horas pico de cada ciudad, mientras las tarifas seguían aumentando a niveles casi inalcanzables para los más pobres de nuestras ciudades.

Cada ciudadano, toma decisiones basado en su propia racionalidad, buscando el modo de transporte que mejor se adapte a sus capacidades y necesidades, de tal manera que la sumatoria de las decisiones personales ha terminado, hasta el momento, en las alarmantes tasas de polución, contaminación e inseguridad vial.

El costo de oportunidad, dotar a las ciudades de una variada oferta de modalidades integradas de transporte público junto con una política pública de financiamiento mixto de la movilidad urbana.

DATOS, DATOS Y MÁS DATOS MOVILIDAD 4G

Si podemos tomar decisiones de manera informada y ágil de la movilidad urbana para fortalecer los sistemas de transporte público y la movilidad activa, impulsaremos el desarrollo sostenible de nuestras ciudades, sin dejar a nadie atrás.

Necesitamos la adopción en gran medida de las tecnologías 4.0 en la movilidad, de tal manera que contemos con herramientas de análisis para la toma de decisiones oportunas cada vez más detalladas y basadas en la realidad local, necesidades y deseos de viaje de nuestros ciudadanos, usuarios y no usuarios.

ENAMORAR A NUESTROS USUARIOS, CAPTURAR A LOS EX USUARIOS Y A LOS FUTUROS. MIRAD LOS NIÑOS

Y sí, aceptar que los usuarios no son “carga” o “usuarios cautivos”, el concepto de calidad y servicio al cliente debe estar inmerso en la política pública y empresarial de las organizaciones con una elasticidad/calidad (viaje seguro y de calidad), hoy casi nula. A ellos nos debemos y por ellos debemos volvernos un modo atractivo para moverse en las ciudades. Conocer a nuestros usuarios, y a los que no lo son, es una responsabilidad que tenemos en todos los sistemas de transporte.

Además de conocer a nuestros usuarios actuales, debemos avanzar con un trabajo de entendimiento y enamoramiento sobre el valor de los bienes y servicios públicos con los niños desde casa y colegio, apoyados con mensajes contundentes de comunicación y publicidad que incentive el transporte público y la movilidad activa con planes de movilidad al colegio y empresarial, entre otros.

Pero poco hacemos si no damos las condiciones mínimas para un buen servicio de transporte: Disponibilidad, Tiempo y Tarifa. De lo cual veremos los siguientes pasos.

DISPONIBILIDAD, TIEMPO Y TARIFA = DEMOCRATIZACIÓN DEL ESPACIO PÚBLICO

Existe un elemento del cual disponemos de manera finita, y es el espacio público, del cual nos ha quedado claro que hemos utilizado de maneras inadecuadas, por esto, las grandes ciudades como París, están implementando planes ambiciosos para devolverle el espacio público al ciudadano. Es así que la democratización del espacio público en forma de carriles exclusivos para la Movilidad Urbana Sustentable, en la forma que ella venga (Trenes, Buses, Bicis y otros), es el punto de partida de la inflexión del círculo vicioso:

+ Espacio = + preferencia por modos sostenibles = -Costo Movilidad Urbana =  – Tarifa de Transporte Público = + Asequibilidad = + Calidad = + Espacio para todos.

El desarrollo de nuestras ciudades debe estar orientado por la Sustentabilidad. Pero la sustentabilidad de la movilidad urbana está en jaque, y con ella la sostenibilidad de nuestro desarrollo como región, millones de vidas están por perderse si no tomamos las decisiones correctas en el tiempo oportuno, el tiempo corre y estamos en una encrucijada donde debemos avanzar hacia un desarrollo sostenible con ciudades resilientes en donde nadie se quede atrás y todos estemos incluidos con la diversidad de movilidad que existe para: niños, mujeres, adulto mayor y personas con alguna limitación física o auditiva.

MOVILIDAD BAJA EN CARBONO: UNA APUESTA POR LA ELECTROMOVILIDAD

El reto, es lograr atraer más usuarios al transporte público para disminuir las altas tasas de motorización y mitigar los efectos negativos de desigualdad social, contaminación ambiental, congestión y daños a la salud.  Los 62 sistemas de transporte rápido de autobús o BRT en operación que dan servicio a + de 20 millones de pasajeros-km por día, junto con el transporte colectivo o convencional, podrían ser la plataforma de lanzamiento para la electrificación de los sistemas de transporte y un modelo de negocio potencial en la región, que lo hace atractivo a inversionistas internacionales, nacionales o locales y es la apuesta por lograr ciudades más sanas ambientalmente.