Un grupo de transportistas egresados del diplomado en administración y operación del transporte público, y el que escribe, nos reunimos una vez al mes para diseñar la versión 1.2 del diplomado para actualizar a los empresarios en conocer los procesos, modelos y técnicas de cómo gestionar la administración y operación del transporte público; en nuestra reunión de noviembre y después de preguntarles ¿Cómo les va?, uno de ellos respondió, en el hoyo… y cavando.
La verdad, la frase resonó en mi cerebro, y vinieron a mi mente un gran número de acciones que se realizan y que solo hacen más profundo el hoyo del que pretenden salir los transportistas.
No está por demás recordar que las acciones que desarrollan los administradores de la ciudad son financiadas con el dinero público (como decía mi padre “el dinero público es sagrado”), por lo que los estudios a realizar, las decisiones a tomar y las acciones a ejecutar deben ser analizadas, evaluadas y soportadas por evidencias y no por ocurrencias; la ciudadanía, los prestadores de servicio y el mismo gobierno necesitan que estudios, decisiones, y acciones nos den la certeza que lo realizado nos llevará a consolidar una ciudad más eficiente, principalmente en el uso del tiempo, espacio y la energía.
Los motivos exógenos y especialmente el círculo vicioso de la tarifa, son principalmente los que tienen postrados al sector transporte urbano desde hace muchos años, pasa por tiempos muy difíciles; en mi opinión, sus principales causas aparte de la desinformación y el desconocimiento de las partes involucradas, es que los políticos utilizan tan importante servicio de manera electoral, recordemos que ningún servicio es sustentable si se presta cobrando una tarifa por debajo de su costo de operación.
¿Por qué creo que la desinformación ha sido un factor importante en el desarrollo de esta mala racha?, todos sabemos la gran influencia que tienen los medios de información (radio, televisión, prensa escrita y redes sociales) sobre el imaginario colectivo de la sociedad, que al resaltar las cosas negativas del servicio y no determinar el origen de las mismas, deforman la realidad. A esta manera de decir las cosas, estoy cierto que se le puede llamar desinformar y además, creo que en el tema del transporte público, ésta ha sido la práctica constante de comunicación. A esto yo le llamaría hacer más profundo el pozo.
En lo que se refiere al desconocimiento, solo basta analizar los perfiles de los que integran los equipos; desde hace un par de años algunos provienen del activismo, pero la mayoría provienen de otras disciplinas, lo que provoca que en el proceso de aprendizaje en los temas de la movilidad urbana y el transporte público no resuelvan los problemas, provocando que los transportistas sigan en el hoyo… y cavando.
En mi opinión lo más patético que le puede suceder al servicio de transporte público, es convertirse en el rehén de los políticos, que para incrementar su popularidad o mejorar su imagen popular, lo utilizan como bandera de representatividad ante las clases más desfavorecidas. Esto debe inquietar no solo a los especialistas y a los activistas, ya que el gobierno al tomar esta bandera lo refleja en las tarifas, ocasionando un triple problema: el primero y más importante la involución de la calidad del servicio, el segundo, el enojo de la sociedad por la caída del servicio, y tercero, la búsqueda de otras alternativas, por ejemplo la compra de vehículos particulares.
Pero, ¿cuál es la razón que impide que en los últimos 20 años, no se haya podido dar una solución definitiva a tan importante servicio?, estoy seguro que lo que hoy no tenemos es credibilidad entre las partes, credibilidad que se ha perdido por el actuar de los involucrados, hablo de los medios de comunicación, los empresarios, la sociedad y los políticos. Creo que cada uno de ellos reconocerá sus errores.
El gobierno por el incumplimiento de los compromisos suscritos con los transportistas, a que me refiero, mientras que el gobierno obliga a los transportistas a transformarse en empresas de transporte público -procesos que han costado muchos compromisos económicos, y que ya empiezan a incumplir por la falta del retiro de las rutas que quedarían fuera del sistema integral del transporte (SIT)- esta duplicidad de servicio con precios diferentes, ha reducido las expectativas del número de usuarios a transportar por cada una de las rutas licitadas.
Los medios de comunicación por su limitada información que difunden de la realidad del servicio; ejemplifico: Poca difusión se le dio al ejercicio que se efectuó por medio de la sociedad civil organizada, al realizar la primera auditoría social del servicio; esto lo atribuyo a que no fue la nota que ellos esperaban, ya que el servicio fue calificado con un 70% de cumplimiento de lo que la norma marca. En mi caso, al conocer el porcentaje esperaba mayor difusión, aprovechar y desarrollar una promoción del servicio.
La credibilidad puede ser el aglutinante que permita que de forma integral, los diferentes sectores enfrentemos la responsabilidad de tapar el hoyo que hemos venido cavando; si realmente queremos resolver el problema con una visión de refundación del servicio, creo necesario que se genere un pacto entre los actores arriba descritos, porque todos queremos una ciudad más eficiente, más sustentable, más segura, más amable.
Pero no basta solo con el discurso, debemos de impulsar el pacto por la calidad del servicio, y éste debe ser firmado por gobierno, empresarios, medios de comunicación y sociedad. Esto realmente nos permitiría empezar a tapar el hoyo en el que está inmerso el servicio de transporte público.




































