Escrito por: Equipo Red Simus
La prevención de siniestros viales exige políticas públicas coordinadas, formación de conductores e infraestructura segura. Experiencias de Bogotá, Ciudad de México y Buenos Aires muestran resultados medibles, aunque persisten riesgos para peatones y motociclistas.
Reducir las muertes en las calles requiere algo más que reglamentos y campañas de concientización. La experiencia de tres ciudades latinoamericanas expuesta en el tercer webinar de la Red Latinoamericana de Movilidad Urbana Sustentable (SIMUS) mostró cómo el uso de datos, la capacitación, la fiscalización y las intervenciones en infraestructura pueden contribuir a prevenir siniestros y proteger a los usuarios más vulnerables.
Las experiencias de Bogotá, Ciudad de México y Buenos Aires coincidieron en la necesidad de anticipar los riesgos y evaluar las medidas implementadas. Sin embargo, también evidenciaron que los avances no eliminan los desafíos relacionados con el crecimiento de las motocicletas, la convivencia entre los distintos modos de transporte y la interacción entre peatones y vehículos de transporte público.
Bogotá: inteligencia artificial para anticipar riesgos
a empresa pública de transporte eléctrico La Rolita, en Bogotá, desarrolló un modelo de prevención que utiliza inteligencia artificial, cámaras, sensores de fatiga y alertas tempranas para identificar comportamientos de riesgo entre sus operadores.
Carolina Martínez, gerente general de la compañía, explicó que la estrategia surgió de la necesidad de aprovechar los datos generados durante la operación para intervenir antes de que una situación derivara en un siniestro. “Para nosotros todos los días es una oportunidad de aprendizaje”, afirmó.
La empresa opera 195 autobuses eléctricos en Ciudad Bolívar, una zona con pendientes pronunciadas, dificultades de circulación y una intensa interacción entre vehículos, peatones y ciclistas. En ese contexto, el monitoreo permite detectar señales de cansancio, distracciones y otras conductas que pueden comprometer la seguridad.
De acuerdo con la presentación de Magdalena Camargo, líder de seguridad vial de La Rolita, durante el último año reportado se procesaron más de 1,212 reportes de fatiga y se intervino preventivamente en 26 casos identificados con alto potencial de siniestro. La empresa también informó una reducción de 50 por ciento en las conductas operacionales de riesgo.
La Rolita alcanzó 14 meses consecutivos sin eventos con fatalidades hasta marzo de 2026. Martínez precisó que en abril se registró una nueva fatalidad, por lo que el periodo sin muertes no debe interpretarse como un resultado permanente.
La estrategia incluye capacitación continua, acompañamiento psicológico y brigadas emocionales. El enfoque de género también forma parte del modelo: alrededor de 63 por ciento de sus conductores son mujeres, muchas de ellas incorporadas al transporte público después de recibir formación para operar autobuses.
Para nosotros la prevención o equidad de género, inclusión y diversidad hace parte de nuestra estrategia”, señaló Martínez.
Ciudad de México: formación obligatoria para motociclistas
En México, Ramón Reyes Olguín expuso las medidas impulsadas en la capital para mejorar las habilidades de conducción de motociclistas y reducir los riesgos asociados al crecimiento de este tipo de vehículos.
La Ciudad de México estableció en 2021 un estándar de competencia como requisito para obtener la licencia de motociclista. El Estado de México se incorporó a este esquema en 2025, después de que algunos conductores optaran por tramitar sus licencias en esa entidad para evitar la evaluación.
El proceso contempla una fase teórica y pruebas prácticas para revisar el estado de la motocicleta, la capacidad de maniobra, la estabilidad a baja velocidad y el frenado. Según Reyes Olguín, el análisis de la siniestralidad identificó la falta de pericia como una de las causas recurrentes, después del exceso de velocidad.
El especialista advirtió que la facilidad para adquirir motocicletas puede favorecer la incorporación de conductores sin preparación suficiente. Por ello, planteó combinar capacitación, equipo de protección certificado, fiscalización y campañas de información.
“Si no tenemos los componentes perfectamente equilibrados no podemos ser solo punitivos”, sostuvo.
La presentación también incluyó el trolebús de Chalco, cuya operación comenzó el 12 de mayo de 2025. De acuerdo con los datos expuestos, el sistema permite ahorrar hasta 75 por ciento en los tiempos de traslado, mediante su conexión con otros servicios de transporte y el uso de carriles exclusivos. Reyes Olguín reportó que, hasta el momento de su exposición, no se habían registrado fatalidades en esa línea.
Buenos Aires: medir para decidir dónde intervenir
En Buenos Aires, la estrategia parte de la recopilación y el análisis sistemático de información. María Souto, jefa de gabinete de la Dirección General de Seguridad Vial del gobierno porteño, explicó que el Observatorio de la Movilidad y la Seguridad Vial, creado en 2013, cruza registros policiales con información de hospitales, servicios de emergencia, autopistas y otras dependencias.
Los datos alimentan el plan de seguridad vial 2024-2027, integrado por 48 acciones y 126 productos con indicadores y metas medibles. El objetivo es reducir 40 por ciento las víctimas mortales respecto de la línea de base establecida con el promedio de 2016 a 2019.
La ciudad registró 92 víctimas mortales en 2025, la cifra más baja de su serie histórica, con excepción de 2020, cuando las restricciones por la pandemia redujeron la circulación. Souto advirtió que el resultado no puede atribuirse a una medida específica, sino al conjunto de políticas implementadas.
Uno de los ejemplos fue la intervención en el centro de trasbordo Sáenz. Tras identificar puntos críticos mediante datos geolocalizados, se ampliaron espacios peatonales, elevaron cruces, instalaron reductores de velocidad y mejoraron las condiciones de accesibilidad. La evaluación posterior mostró una reducción de 75 por ciento en el índice de siniestralidad de la intersección intervenida y de 26 por ciento en el conjunto del centro de trasbordo. Además, no se registraron fallecimientos en esa zona después de la intervención, según lo expuesto.
La ciudad también incorporó medidas para el transporte público, como capacitación obligatoria para conductores, límites de antigüedad de los autobuses y sistemas de asistencia a la conducción. Souto precisó que estas últimas acciones aún no contaban con datos suficientes para evaluar su impacto en la siniestralidad.
“Lo que aprendimos con todo esto es la importancia de tener observatorios robustos y datos que nos permitan establecer prioridades”, aseguró.
Las tres experiencias apuntan a una misma conclusión: prevenir las muertes viales requiere identificar los riesgos, intervenir de manera coordinada y medir los resultados. La tecnología y la formación pueden fortalecer esa tarea, pero necesitan continuidad institucional, fiscalización e infraestructura que proteja a quienes enfrentan mayor vulnerabilidad en las calles.
- Bogotá combinó inteligencia artificial, alertas de fatiga y acompañamiento a operadores; Ciudad de México fortaleció la certificación de motociclistas; y Buenos Aires priorizó intervenciones con base en datos de siniestralidad.
- Las experiencias muestran avances medibles, pero también la necesidad de sostener las políticas y evaluar su impacto sin atribuir los resultados a una sola medida.




































