
Escrito por: Cristela Gutiérrez / redaccion@pasajero7.com.mx
Saber por dónde pasa una combi, con qué frecuencia circula, qué zonas cubre y qué alternativas existen para llegar de un punto a otro puede parecer información básica. Sin embargo, en buena parte de las ciudades mexicanas esos datos no están disponibles de manera digital, actualizada y accesible para la población, lo que también limita la capacidad de las autoridades para conocer cómo funciona realmente la red de transporte público.
El mapeo y la digitalización de rutas permiten convertir esa información dispersa en una base de datos que puede utilizarse tanto para planear viajes como para analizar la cobertura del servicio, detectar zonas con sobreoferta o ausencia de rutas y estudiar los patrones de movilidad de la población.
La experiencia desarrollada recientemente en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, muestra cómo este proceso puede construirse incluso mediante la participación directa de los usuarios. A través de un ejercicio de mapeo colaborativo se buscó digitalizar alrededor de 129 rutas de la zona metropolitana, con la participación de más de 100 voluntarios que recorrieron los trayectos y registraron sus recorridos.
El ejercicio permitió detectar que parte de la información disponible ya no correspondía con la operación cotidiana del transporte. Algunas rutas identificadas anteriormente estaban inactivas, mientras que otras podían operar bajo diferentes números o presentar variaciones entre sus recorridos de ida y vuelta.
También se obtuvo información sobre las frecuencias de las unidades. Los voluntarios preguntaron directamente a operadores y responsables del servicio y, en algunos casos, pudieron consultar registros utilizados por los llamados checadores para conocer los intervalos reales de salida.
Para Regina Paredes Gorostieta, directora y fundadora de Muevetex, organización que participó en el proceso, digitalizar las rutas representa apenas el primer paso para entender la movilidad de una ciudad.
Al digitalizar la información lo que hacemos es que ya tenemos un panorama claro de cuáles son las rutas que están en operación, cuáles son las zonas de la ciudad donde hay más oferta de las rutas y cuáles son aquellas donde ya no hay oferta”, explicó.
El siguiente nivel consiste en cruzar esa información con los desplazamientos que realizan los usuarios. Una vez que las rutas se incorporen a plataformas digitales mediante formatos estandarizados como GTFS (General Transit Feed Specification), las personas podrán consultar opciones de viaje introduciendo un origen y un destino.
Más de 100 voluntarios participaron en Tuxtla Gutiérrez en el mapeo colaborativo de alrededor de 129 rutas de transporte público, donde identificaron recorridos inactivos, variaciones entre trayectos y frecuencias reales.
Además de mostrar rutas, tiempos aproximados y frecuencias, las búsquedas —al ser procesadas de manera anónima— pueden generar información sobre los principales patrones de desplazamiento de la población.
Ese cruce puede aportar información relevante para la planeación: si una zona concentra una gran cantidad de viajes pero tiene poca cobertura de transporte, existe un posible déficit de servicio; si varias rutas se concentran sobre un mismo corredor mientras otras zonas carecen de opciones, puede existir una distribución poco equilibrada de la oferta.
La experiencia de Muevetex en Toluca permitió observar precisamente este tipo de fenómenos. De acuerdo con Paredes, algunas rutas de esa ciudad fueron establecidas hace más de tres décadas, mientras que los patrones de movilidad de la población han cambiado.
En el entorno de la terminal, por ejemplo, identificaron la superposición de más de 100 rutas, mientras otras zonas presentan menor cobertura.
El valor de contar con información digitalizada radica también en que puede actualizarse y analizarse de manera distinta a los estudios tradicionales de movilidad, que pueden representar un costo considerable y ofrecer una fotografía limitada en el tiempo.
Una herramienta también para quienes usan el transporte
La ausencia de información digitalizada suele asumirse como parte normal de utilizar el transporte público. Saber qué unidad abordar o dónde descender depende muchas veces del conocimiento acumulado por los propios usuarios y de preguntar al operador o a otras personas.
Para Paredes, esa situación no debería considerarse normal. “Creo que hemos normalizado el no tener esa información, porque es como operan normalmente los servicios aquí en México”, señaló.
La consecuencia puede ser que una persona utilice durante años una ruta simplemente porque es la única que conoce, aun cuando existan alternativas que reduzcan el tiempo de traslado.
“Todos tenemos la necesidad de transporte público y así tendrían que ser las cosas”, afirmó Paredes, al considerar que los usuarios tienen derecho a conocer las rutas disponibles y elegir cómo realizar sus viajes.
La información también puede resultar útil para otros actores. Las autoridades pueden utilizarla para estudiar la red y plantear modificaciones; los operadores pueden conocer mejor el funcionamiento de sus servicios; y los usuarios pueden tomar decisiones con mayor información.
Es un ganar-ganar: información para los transportistas, información para las autoridades, información para el usuario”, sostuvo.
Los datos digitalizados pueden servir para mucho más que planear viajes: permiten contrastar oferta y demanda, detectar zonas sin cobertura, identificar sobreposición de rutas y generar información para la reestructuración del transporte.
El reto de las ciudades medias
El problema adquiere mayor relevancia en ciudades donde las autoridades no cuentan con información digitalizada de sus redes de transporte.
Paredes mencionó que plataformas como Google Maps dependen, en buena medida, de información previamente generada y estructurada por gobiernos u organismos responsables del transporte. El desafío aparece en ciudades medias donde esa capacidad técnica todavía es limitada.
¿Qué pasa en esas ciudades medias donde el gobierno no tiene la capacidad técnica de desarrollar información?”, cuestionó.
Ahí es donde el mapeo colaborativo puede funcionar como una herramienta para comenzar a construir esa infraestructura de datos con participación ciudadana.
Muevetex surgió precisamente de esa necesidad. El proyecto comenzó en Toluca, donde Paredes y otros usuarios digitalizaron 297 rutas en 31 municipios del Estado de México. Ahora el modelo se trasladó a Chiapas mediante una colaboración con Codeando México, la Subsecretaría de Movilidad y Transporte de Chiapas y la Universidad Autónoma del mismo estado.
Más que sustituir la responsabilidad de las autoridades de generar información oficial, el mapeo colaborativo muestra que los propios usuarios pueden contribuir a construir una base que después puede servir para planear, evaluar y transformar el transporte público.
“Cada vez se está escuchando más sobre la importancia de la digitalización del transporte aquí en México”, dijo Paredes. El objetivo, añadió, es que llegue el momento en que ya no sea necesario justificar por qué esa información debe estar disponible para la ciudadanía.

































