Cada generación tiene una oportunidad de oro para cambiar el rumbo de su ciudad. Para México, esa oportunidad se llama Copa Mundial de Futbol 2026. Pero no se trata del balón ni de los estadios: se trata de calles, trenes, banquetas y estaciones. Se trata de usar un evento global como palanca para resolver problemas locales.
Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey están recibiendo inversiones que, juntas, superan los 225 mil millones de pesos. Y por primera vez en mucho tiempo, el discurso oficial coincide con lo que los expertos llevan años señalando: la movilidad digna no puede esperar más.
Pero no nos engañemos. No es la Copa lo que ha motivado esta transformación. Es la presión, el foco internacional, el turismo, la urgencia por no hacer el ridículo. Y eso está bien, si se aprovecha con inteligencia. La historia ya nos ha enseñado que los grandes eventos pueden dejar cicatrices o legados. La diferencia está en la visión.
Hoy vemos promesas de trenes ligeros renovados, trolebuses modernos, ciclovías culturales, nodos intermodales, paraderos dignos. Vemos, incluso, la rehabilitación de espacios públicos que habían sido olvidados por décadas. Y en el papel, todo suena bien. Pero el verdadero reto no es inaugurar la obra, es que funcione. Que dure. Que sirva.
Porque en México ya no necesitamos más cortes de listón: necesitamos sistemas que cambien la vida cotidiana de quienes se levantan a las cinco de la mañana para cruzar una ciudad sin conectividad. Necesitamos que estas inversiones beneficien a quienes no van a ir al estadio, pero sí pasan por esa estación todos los días.
El Mundial es un catalizador, no un objetivo. Lo que hagamos —o dejemos de hacer— en los próximos meses definirá si nuestras ciudades avanzan hacia una movilidad sustentable o se quedan atrapadas en la foto.
Esta es la última llamada. Las obras van a suceder. La pregunta es si serán obras útiles, humanas, pensadas para las mayorías. O si serán, como tantas otras veces, promesas que se diluyen cuando el último turista aborda su avión.
La pelota rueda en junio. Pero el verdadero partido ya empezó.




































