Tras el accidente de dos tranvías ocurrido en 1953 en la línea de La Venta, en Cuajimalpa, como se describe en la pasada entrega de Retrovisor y que ocasionó el cierre las líneas de Coyoacán, Iztapalapa, Lerdo y Tizapán, comenzaron a desarrollarse otras alternativas para trasladarse por la capital del país.
Evidentemente, los tiempos iban cambiando y en la Ciudad de México, era necesaria la implementación de nuevos sistemas de transporte; si bien es cierto que autobuses foráneos y urbanos ya daban servicio en diversas rutas de la ciudad, éste resultaba insuficiente, de manera que había necesidad de pensar en un sistema más veloz y que diera mayor capacidad de traslado.
Datos que hacen referencia a la historia de la Ciudad de México, describen que para 1953, la población se había incrementado a 3.5 millones de habitantes; para el año de 1960, había aumentado a 4.5 millones y para 1964, había una fuerte tendencia hacia los 5 millones de habitantes, en contraste con las 7 mil 200 unidades de transporte público que circulaban por la capital.
De este modo, de 1967 a 1969, en la capital del país se gestaba lo que sería uno de los proyectos más importantes y ambiciosos por parte de un gobierno y nunca antes visto en la historia de México.
Bajo la gestión del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, el 29 de abril de 1967, se publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto presidencial con el cual se crearía el Sistema de Transporte Colectivo, considerado como un organismo público y descentralizado, que sería creado para construir, operar y explotar un tren rápido, subterráneo en la capital del país: El Metro.
De acuerdo a datos oficiales, en la construcción de la primera etapa de este sistema de transporte, los trabajos se realizaron bajo la coordinación del arquitecto Ángel Borja, quien en conjunto con equipos de trabajo multidisciplinarios, en los que participaron ingenieros geólogos, químicos, electricistas, arqueólogos, biólogos, arquitectos, especialistas en ventilación, en estadística, en computación, en tráfico y tránsito, contadores, economistas, abogados, obreros especializados y peones, dieron vida al proyecto Línea 1.
Si bien todavía se trabajaba en lo que sería la primera línea en el año de 1968, en otras partes de la ciudad se iniciaban los trabajos de construcción de las líneas 2 y 3.
Estos mismos datos revelan que para esta primera etapa de construcción, llegaron a laborar 48 mil obreros, lo que permitió terminar en promedio, un kilómetro de Metro por mes.
El tramo inicial comprendía 12.66 kilómetros; para el 11 de abril de 1970, fue inaugurado el tramo Chapultepec-Juanacatlán y unos meses después, el 20 de noviembre de 1970, se extiende el tramo hasta Tacubaya.
Para las últimas etapas de construcción, el 10 de junio de 1972, se extiende el servicio hasta Observatorio, siendo ésta la estación terminal de la Línea 1.


































