
Escrito por: Dra. Ana Karen Torres Soria / Grupo CISA
INTRODUCCIÓN
La salud de las personas trabajadoras constituye uno de los pilares fundamentales para el funcionamiento de las sociedades modernas. La OMS plantea la salud como un concepto integral que incluye dimensiones físicas, mentales y sociales, más allá de la ausencia de enfermedad.
Mantener un buen estado de salud depende de múltiples factores; entre ellos, el contexto en el que las personas desarrollan sus actividades laborales juega un papel determinante. Las condiciones de trabajo, la organización de las tareas y las exposiciones propias de cada ocupación pueden influir de manera directa en la salud de quienes las desempeñan.
La salud en el trabajo según la OIT busca reducir daños asociados al trabajo, prevenir eventos adversos y preservar la capacidad funcional a lo largo del tiempo. Es decir, el trabajo constituye un determinante de la salud.
El transporte público de pasajeros representa uno de los sectores laborales con mayor impacto en la vida urbana. No se trata únicamente de un servicio esencial para el funcionamiento de las ciudades, sino también de un entorno de exposición laboral continua para quienes participan en su operación.
En México, a través del INEGI y la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes se estima que diariamente se realizan alrededor de 130 millones de viajes, de los cuales cerca del 80 % se efectúan en transporte público colectivo, lo que lo posiciona como el principal medio de movilidad en las ciudades mexicanas. De esta manera, el transporte público sostiene gran parte del desplazamiento cotidiano de la población y permite el acceso a actividades laborales, educativas y sociales.
Asimismo, aproximadamente 33.8% de la población utiliza el transporte público como principal medio de traslado, lo que se traduce en que una proporción significativa de la fuerza laboral mexicana depende directamente de este sistema para acceder a sus actividades económicas.
De acuerdo con la Secretaría de Economía, en 2025 se estimó que aproximadamente 1.33 millones de personas se desempeñaban como conductores de autobuses, camiones, taxis y otros vehículos de transporte de pasajeros en México. De igual manera, alrededor de 3 millones de personas contaban con un empleo relacionado con el sector transporte, lo que evidencia la magnitud de esta fuerza de trabajo dentro del mercado laboral nacional.
Estas cifras resaltan a los operadores de transporte como un grupo clave dentro de los sistemas de movilidad, cuya labor resulta indispensable para el funcionamiento cotidiano de las ciudades y el desplazamiento de millones de personas. En este contexto, resulta fundamental analizar las condiciones en las que se desarrolla el trabajo de quienes operan el transporte público, así como su posible impacto en la salud y el bienestar de esta fuerza laboral.
Los operadores cumplen con jornadas prolongadas, posturas fijas, movimientos repetitivos, sedentarismo, exposición a ruido, vibraciones y temperaturas variables, así como alta demanda cognitiva y responsabilidad por la seguridad de los usuarios, generando un entorno de trabajo con alta carga física, mental y psicosocial.
Condiciones laborales en operadores de transporte público
El trabajo de conducción en el transporte público se desarrolla en un entorno operativo complejo, caracterizado por múltiples exigencias físicas y mentales, cuyas condiciones laborales presentan rasgos particulares que lo distinguen de otros ámbitos ocupacionales.
Existe literatura internacional que describe que la práctica de la conducción se caracteriza por jornadas prolongadas, con posturas fijas sostenidas y movimientos repetitivos, a lo que se suma que la conducción constituye una actividad predominantemente sedentaria. Estas características forman parte estructural del puesto de conducción y han sido documentadas de manera consistente en estudios realizados en distintos contextos urbanos.
Diversos estudios han señalado que la actividad laboral de la conducción implica una alta demanda de atención sostenida, así como una gran responsabilidad asociada a la seguridad de los usuarios, la seguridad vial y el cumplimiento operativo y logístico de los tiempos de salida y llegada, lo que configura un entorno de trabajo con exigencias cognitivas y organizacionales constantes.
Por otra parte, en lo que respecta al entorno físico de trabajo, los conductores de transporte público se encuentran expuestos de manera continua a factores como vibraciones de cuerpo completo, ruido y temperaturas variables, los cuales forman parte del ambiente cotidiano de la conducción urbana y han sido ampliamente documentados en estudios internacionales de carácter ergonómico.
Un punto crítico a considerar es que la mayor parte de la evidencia disponible sobre operadores de transporte público, sus condiciones laborales y su entorno de trabajo proviene de estudios realizados en otros países. En contraste, en México la información publicada es limitada y, en general, el análisis del transporte público se ha centrado principalmente en aspectos de movilidad, infraestructura y seguridad vial, dejando en segundo plano el estudio sistemático de las condiciones laborales y del impacto en la salud de los operadores. Este panorama representa un área de oportunidad para el contexto mexicano, al poner de manifiesto la necesidad de analizar con mayor profundidad el entorno de trabajo de un eslabón fundamental del sistema de transporte público, como lo son los operadores.
Efectos en la salud derivados de condiciones laborales sostenidas en la conducción
Aunque existe una amplia diversidad de efectos derivados de la conducción profesional, uno de los mayormente documentados corresponde a los trastornos musculoesqueléticos, donde destacan el dolor lumbar, cervical, de hombros y de espalda. Estas afecciones se han asociado de manera consistente con condiciones laborales como la postura fija prolongada, los movimientos repetitivos y las limitaciones en el diseño ergonómico del puesto de conducción, características propias del entorno operativo del transporte público.
Por otra parte, se ha documentado una alta prevalencia de enfermedades crónicas entre conductores de transporte público, tales como hipertensión arterial, sobrepeso, obesidad y alteraciones metabólicas. Estos padecimientos se encuentran relacionados con factores laborales como el sedentarismo ocupacional, el estrés crónico y las irregularidades en los tiempos de alimentación y descanso, condiciones que, al mantenerse de forma sostenida, incrementan el riesgo cardiovascular y metabólico a largo plazo.
Un efecto relevante, y en ocasiones menos visibilizado, se relaciona con las afectaciones en la salud mental de los operadores. En este ámbito, diversos estudios han identificado altos niveles de estrés laboral, fatiga mental y trastornos del sueño, los cuales impactan de manera directa en el bienestar psicológico del conductor. Dichos efectos se asocian a factores inherentes a la conducción profesional, como la alta demanda de atención sostenida, el nivel de responsabilidad sobre la seguridad de los usuarios y la operación vial, así como la presión por el cumplimiento de tiempos y condiciones operativas, configurando un entorno laboral de elevada carga psicosocial.
Impacto económico asociado al estado de salud de los operadores de transporte público
Aunque el impacto económico asociado al estado de salud de los operadores de transporte público no ha sido evaluado a profundidad en el contexto mexicano, este representa un punto estratégico clave para la movilidad urbana, al influir directamente en la seguridad, la continuidad operativa y la eficiencia de los sistemas de transporte.
Los operadores presentan elevada prevalencia de trastornos musculoesqueléticos (dolor lumbar, cervical y de espalda), enfermedades crónicas (hipertensión, obesidad) y afectaciones psicológicas (estrés laboral, fatiga mental, trastornos del sueño), condiciones que afectan su bienestar y aumentan riesgos de accidentes viales.

La mala salud de los operadores genera ausentismo, incapacidades, pérdida de productividad, rotación de personal y costos indirectos en los sistemas de transporte, afectando la seguridad, continuidad operativa y sostenibilidad de los servicios de movilidad urbana.
Accidentes de tránsito
La presencia de condiciones de salud preexistentes, así como el deterioro de la salud secundario a la conducción prolongada, representa un factor relevante para la seguridad y el desempeño del sistema de transporte público. La evidencia ha documentado que el estrés, la fatiga y los problemas de salud general del operador se asocian con una mayor probabilidad de errores operativos y eventos de seguridad, incrementando el riesgo de accidentes laborales y viales.
La OMS advierte que los siniestros viales generan pérdidas económicas que pueden alcanzar alrededor de 3% del PIB en ciertos países, al sumar costos sanitarios, productivos y materiales. Al considerar costos derivados de la atención médica, las incapacidades, los daños materiales y la pérdida de productividad. En este contexto, las condiciones de salud del operador adquieren una relevancia estratégica al constituir un elemento asociado a la seguridad vial y al desempeño del sistema de transporte.
Ausentismo laboral e incapacidades
Otra afectación económica relevante se relaciona con el ausentismo laboral y las incapacidades temporales, particularmente aquellas derivadas de trastornos musculoesqueléticos y enfermedades crónicas. Estas condiciones generan incremento en los costos operativos, necesidad de reemplazos y sobrecarga del personal activo, favoreciendo un círculo vicioso que condiciona el deterioro progresivo de la salud del personal que permanece en operación.
La OIT estima que la carga económica de accidentes y enfermedades laborales representa una fracción relevante del PIB mundial, cercana a 4%, y que los trastornos musculoesqueléticos constituyen una de las principales causas de incapacidad laboral a nivel global. Aunque no existen estimaciones específicas para conductores en México, su impacto económico y operativo resulta evidente.
Pérdida de productividad y desempeño operativo
Las condiciones laborales sostenidas de la conducción se asocian con un deterioro progresivo del desempeño, manifestado en menor rendimiento, fatiga acumulada y reducción de la capacidad funcional, lo que impacta de manera directa en la puntualidad, la conducción segura y la atención al usuario. La evidencia señala que la fatiga del conductor constituye un factor crítico para el desempeño operativo, con implicaciones directas en la calidad y seguridad del servicio.
Costos indirectos para los sistemas de transporte
Finalmente, los efectos en la salud de los operadores generan costos indirectos frecuentemente subestimados, como la rotación de personal, la necesidad de procesos continuos de capacitación, las disrupciones en la operación del servicio y una percepción negativa del sistema por parte de los usuarios, asociada a la falta de operadores disponibles. En conjunto, estos factores afectan la sostenibilidad operativa de los sistemas de transporte público y refuerzan la importancia de considerar la salud del operador como un componente estratégico de la movilidad urbana.
En distintos foros y congresos de movilidad en América Latina se ha señalado la creciente dificultad para la captación y retención de operadores de transporte público, fenómeno que ha sido descrito como una escasez de conductores en diversos sistemas urbanos. Si bien se han propuesto múltiples explicaciones, como las condiciones laborales, la organización del trabajo y la percepción social del puesto, no se han identificado ni analizado de manera integral todas las causas que contribuyen a este fenómeno.
En este escenario la salud del operador emerge como un factor potencialmente relevante y aún insuficientemente explorado, cuya consideración resulta fundamental para comprender de manera más completa los retos actuales de la movilidad urbana.
Conclusiones
La evidencia analizada permite identificar que la salud en el trabajo desempeña un papel estratégico no solo desde una perspectiva sanitaria, sino también económica y operativa, particularmente en el ámbito de la movilidad y el transporte público. Las condiciones laborales y los efectos en la salud de los operadores influyen de manera directa en la seguridad vial, la continuidad del servicio, la productividad y la sostenibilidad de los sistemas de transporte urbano.
En el contexto mexicano, se identifica una ausencia de reportes sistemáticos y análisis específicos que aborden de manera integral la salud de los operadores de transporte público y su impacto económico y operativo dentro de las empresas del sector. La información disponible se ha centrado principalmente en aspectos de movilidad, infraestructura y seguridad vial, dejando un vacío importante en el análisis del componente humano que sostiene la operación cotidiana del transporte público.
Ante este escenario, retomar como antecedente la evidencia internacional, las causas documentadas en otros países y la información generada por organismos internacionales, representa un punto de partida clave para el desarrollo de estrategias orientadas a la protección y promoción de la salud de los operadores. Reconocer al operador como uno de los principales recursos humanos del sistema de transporte permite avanzar hacia un enfoque integral que favorezca su bienestar y calidad de vida laboral, lo cual, a su vez, puede traducirse en una mejor calidad del servicio, mayor seguridad y un fortalecimiento de la movilidad urbana de forma sostenible.


































