Veintiún años después de la puesta en marcha de la Línea 1 del Metrobús, la presidenta Claudia Sheinbaum aprovechó una pregunta durante la Mañanera del Pueblo para recordar uno de los proyectos que marcó un punto de inflexión en la historia reciente de la movilidad de la Ciudad de México. Más que destacar la construcción de la infraestructura, la mandataria subrayó que el verdadero cambio ocurrió en la forma de organizar y operar el transporte público concesionado.
Al rememorar su participación como secretaria de Medio Ambiente durante la administración de Andrés Manuel López Obrador como jefe de Gobierno, Sheinbaum explicó que el transporte de la capital atravesaba entonces un esquema basado en la competencia entre operadores individuales de microbuses, donde los ingresos de los conductores dependían directamente del número de pasajeros transportados.
“Lo que genera ese modelo es una competencia permanente en la calle por el pasaje. Si tu salario depende de la cantidad de pasajeros que subas, entonces te metes en segunda fila, en tercera fila y compites permanentemente con el operador de al lado”, relató la presidenta al describir las condiciones bajo las que operaba gran parte del transporte concesionado a principios de la década de 2000.
De acuerdo con su testimonio, la creación del Metrobús implicó mucho más que sustituir microbuses por autobuses articulados en carriles confinados. El reto principal consistió en convencer a cientos de concesionarios para que abandonaran el esquema individual de operación y se integraran en empresas formales capaces de administrar flotas modernas y contratar conductores con esquemas laborales más estructurados.
“Entonces el Metrobús lo vemos como si nada más hubiéramos sustituido los microbuses por autobuses, pero el fondo más importante fue el cambio sustantivo en la manera de operación del transporte público. Fue convencer a quienes tenían concesiones de que se pasaran a ser empresa”, explicó.
La presidenta recordó que el proceso tomó cerca de dos años de negociaciones con los transportistas de la entonces Ruta 1, una de las más importantes de la ciudad. A diferencia de otros proyectos implementados en distintas ciudades del mundo, señaló, la estrategia aplicada en la capital buscó incorporar a los concesionarios existentes en lugar de desplazarlos del sistema.
“El objetivo no era sacar a quienes tenían la concesión, sino incorporarlos al proceso. En otros lugares se retiró a los concesionarios y entraron nuevas empresas; aquí la empresa siguió siendo de los antiguos concesionarios”, afirmó.

Sheinbaum también recordó a varios de los actores que participaron en la construcción del proyecto, entre ellos Andrés Manuel López Obrador, entonces jefe de Gobierno; Alejandro Encinas, secretario de Gobierno; Francisco Garduño, responsable del área de transporte; Luz Elena González, directora de la Red de Transporte de Pasajeros, y Jesús Padilla, quien encabezó la representación de los concesionarios durante las negociaciones.
Las declaraciones adquieren relevancia en un contexto en el que numerosas ciudades mexicanas continúan impulsando procesos de transformación del transporte público bajo esquemas similares de integración empresarial, profesionalización de operadores y sustitución gradual del modelo hombre-camión. Dos décadas después de su inauguración, el Metrobús sigue siendo uno de los referentes nacionales en materia de movilidad urbana y reorganización del transporte concesionado.
A 21 años de su puesta en marcha, el sistema no sólo es reconocido por la infraestructura que incorporó a las principales avenidas de la capital, sino por haber impulsado un cambio institucional que modificó la relación entre gobierno, concesionarios y usuarios, un modelo que posteriormente serviría de referencia para otros sistemas BRT desarrollados en distintas ciudades del país.




































