En los últimos años los cambios relacionados con la movilidad en el país han dado un paso adelante, y aunque falta mucho para poder establecer un ecosistema excelente, lo cierto es que la forma en la que se ha abordado este sector nos muestra una cara más profunda del mismo, lo que nos permite generar soluciones más amplias y con ello un mayor grado de impacto, sin embargo, aunque en la actualidad se discutan, apoyen y promuevan ideas que apoyen la modernización, la inclusión y la planificación, muchas de ellas no se encuentran sujetas a leyes, reglamentos o normas que reafirmen su validez, lo que en diversos casos el trabajo solo queda escrito en papel, algo que sin duda muestra un panorama a cambiar.
Dentro de la movilidad en diversas ocasiones se desestima el impacto que tiene la parte legislativa, pareciera que es algo intrínseco, algo dado por hecho, sin embargo, puede ser el aspecto más relevante a considerar. De allí la importancia de conocer la forma que esta tiene y el impacto de cada una de ellas.
En México se puede visualizar este elemento en dos grupos generales; el primero vinculado con las leyes de un orden federal, estatal y municipal y el segundo relacionado con aquellas que atañen temas de un orden normativo; entre las que destacan guías, protocolos y agendas, ambos buscan ser un ente de regulación y apoyo, no obstante, las primeras son la base de decisiones que conciernen la mayor parte de los proyectos. Y es que este tema no se vincula con la cantidad de leyes, ya que en el país se perciben 299 Leyes Federales vigentes en el 2023, número que refleja la amplia cantidad de escenarios que se regulan, más eso no significa que la aplicación de las mismas sea la ideal.
Según el Índice de Estado de Derecho 2022 del World Justice Project (WJP) menciona que dentro de los 140 países analizados, México se encuentra en el lugar 115, mientras que a nivel regional ocupa el lugar 27 de 32 países estudiados en América Latina y el Caribe, y aunque es importante señalar que este estudio recapitula una amplia sección de leyes y normas de diversos sectores, no podemos demeritar que los números mostrados indican que el país en temas de aplicación presenta un escenario muy desalentador, y más cuando en el estudio se ve que los valores tienen una tendencia de deterioro.
En temas concretos vinculados con la movilidad se han generado avances que no pueden negarse, sobresale que en México el derecho a la misma fue incluido en el artículo 4° Constitucional en diciembre de 2020, y que a partir de este hecho varias leyes han modificado parte de su estructura, donde resaltan los cambios presentados en la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial; donde se resalta el compromiso por la reducción de incidentes viales, entre otros, acción que fue reconocida en el 2023 por el jefe de la Unidad de Seguridad y Movilidad de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Nhan T. Tran, señalando que es un gran paso y una oportunidad que debe aprovecharse.
Lo que muestra que mucho de lo que se hace no es incorrecto o negativo, al contrario, señala cambios y avances, sin embargo, lo más relevante, no solo debe verse desde un ámbito reglamentario, lo más importante es hacer valer lo que se ha aprobado y es justamente en este paso donde aparece una brecha que parece ser de una índole sideral, donde parece que existe un abismo muy difícil de solventar, uno que nos hace preguntarnos ¿Qué es lo que falla? y ¿Qué debemos hacer?.
Porque sin duda este aspecto es relevante, porque cuando vemos que no se están viendo los resultados de una ley o de un reglamento, nos viene el cuestionamiento de saber si la ley realmente no se está aplicando de manera correcta o más bien esta no aborda todos los temas o no de una manera tan detallada como para poder obtener los resultados deseados; y es justo aquí donde se abre la enorme ventana que nos muestra que se requieren de cambios en muchos ámbitos, en diversos aspectos, y no todos relacionados con áreas de aplicación, sino también de gestión, porque si no se trata esto de una manera profunda y que abarque todas las áreas, el anhelo de poder establecer ciudades, localidades y áreas con grandes y eficientes modos de transporte tardará mucho, mucho más de lo que debería.
Y es que al abordar este punto no se puede perder de vista que la movilidad es un elemento completamente multifactorial, porque es prácticamente imposible visualizarlo con algo inherente del entorno, y sobre todo en su aspecto público, de allí que lo que se relacione con él, deba tener esta misma naturaleza, de otra manera las soluciones serán “parches”, unos que generarán grandes obstáculos; de ahí la importancia de contar con instrumentos regulatorios actualizados, ampliamente profundos, con matices, los cuales permiten aprovechar los cambios que se adoptan o que surgen en el mismo país.
Por ello debemos pulir, mejorar y conocer el marco regulatorio que existe, afrontar sus desafíos, detonar sus pros y luchar contra los contra, al igual que cualquier fase de un proyecto, se tiene que hacer un trabajo amplio en esta área, se debe dar el lugar que tiene, porque el panorama actual no hace preguntarse ¿hacia dónde vamos?
En los últimos años se ha mostrado como requisito que en los cambios de gobierno se defina un Plan de Movilidad, uno que defina las ideas y proyectos a llevar a cabo, sin embargo, existe una distancia considerable en poder establecer algo a poder ponerlo en marcha, lo que nos hace pensar en la relevancia que la parte normativa tiene, ya que al finalizar un periodo gubernamental en muchos casos no se realiza una rendición de cuentas vinculadas con los cumplimientos e incumplimientos y aunque es una visión de verlo, lo que más impacta es el nulo camino que se tiene para los siguientes años, ya que al terminar un mandato todo parece desechable, intrascendente, irrelevante, mostrando que al final todo el camino trazado quedará perdido, todo para que otra vez se vuelva a planificar, y al pasar del tiempo, de nuevo suceda lo mismo, generando un ciclo que parece infinito y muy difícil de cambiar.
Con esta idea me pregunto qué clase de ciudad queremos, que clase de decisiones tomamos y es que muchas veces parece que todo se ve tan difícil, que dejarlo seguir parece ser la mejor respuesta, cuando claramente no lo es y se olvida que existen cosas difíciles, que las decisiones tienen implicaciones, que tal vez no todo sea perfecto, pero lo peor que se puede hacer es no hacer nada, es no cambiar. No sé qué pasará en el futuro, desconozco cuál será el estado de las cosas, sólo deseo que cuando ese momento llegue podamos mirar atrás y ver que generamos las mejores respuestas, eso espero, porque si no es así, entonces tendremos que vivir con las consecuencias, unas que serán complejas de afrontar.





































