
ESCRITO POR: Parménides Canseco / Director de Operaciones para RedPlanners
Los centros históricos son mucho más que vestigios patrimoniales. Representan una parte viva del tejido urbano: concentran infraestructura existente, equipamientos, identidad cultural y memoria colectiva. Durante siglos, fueron el núcleo funcional, comercial y simbólico de nuestras ciudades. Hoy, aunque muchos siguen siendo importantes, han perdido dinamismo frente a otras centralidades urbanas que ofrecen mayor accesibilidad en automóvil o nuevos servicios.
Sin embargo, los atributos que definen a los centros históricos —una red vial a escala humana, densidad de usos, caminabilidad y mezcla funcional— están lejos de ser obsoletos. Muchos están siendo emulados por desarrollos inmobiliarios promovidos desde el sector privado. Distritos de usos mixtos, espacios semipúblicos que integran comercio, vivienda y plazas recrean, bajo modelos contemporáneos, las cualidades de centralidad y vitalidad urbana. Esto muestra que no hemos dejado de valorar el tipo de ciudad que representan.
En este contexto, la movilidad es un punto de entrada para revitalizar los centros históricos, porque moverse por el centro —o no poder hacerlo— refleja con claridad los retos y oportunidades que enfrentan estos espacios.
¿Por qué dejamos de movernos por el centro?
Con el crecimiento del parque vehicular, muchas calles del centro se saturaron. El estacionamiento se volvió un conflicto, la infraestructura peatonal se deterioró y el transporte público no siempre evolucionó. En paralelo, oficinas, dependencias públicas y comercios se trasladaron a zonas con mejor accesibilidad o disponibilidad de suelo, dejando algunos centros históricos con menos habitantes, menor actividad económica y un parque inmobiliario con potencial desaprovechado.
Intentar resolver estos problemas desde la lógica del automóvil —agregando carriles o más estacionamientos— no resolvió la congestión y deterioró el entorno urbano. Mientras tanto, soluciones de movilidad sostenible ya probadas en otras ciudades enfrentan resistencias por la percepción de que podrían afectar el comercio o el acceso a servicios.
La movilidad sostenible es una estrategia clave para revitalizar los centros históricos, al mejorar su funcionalidad, atraer población y dinamizar su economía, a través de infraestructura adecuada, regulación eficiente y tecnología para monitoreo.
Movilidad como estrategia urbana: tres frentes de intervención
La movilidad es una herramienta poderosa para recuperar funcionalidad, atraer población y dinamizar la economía local. Existen buenas prácticas internacionales, conocimiento técnico y soluciones accesibles que permiten una intervención estructurada. Estas pueden agruparse en tres frentes: rediseño del espacio físico, gestión operativa y normativa, y uso de tecnología para implementación y control.
Infraestructura urbana y espacio público
El rediseño del entorno urbano es el primer paso visible. Priorizar peatones, ciclistas y transporte público permite devolver vitalidad al espacio y mejorar la experiencia urbana. Recuperar banquetas amplias y accesibles es una inversión en seguridad, inclusión y salud pública.
Peatonalizar calles estratégicas —como en Madrid con la Plaza del Callao— o consolidar zonas de tránsito restringido —como en Roma o las “supermanzanas” de Barcelona— ayuda a reducir la congestión y mejorar la calidad del aire. En el transporte público, ciudades como Madrid usan minibuses eléctricos para circular en zonas históricas, mientras que sistemas de bicicletas públicas como Ecobici o MiBici han mejorado el acceso en ciudades como Ciudad de México y Guadalajara.
Gestión operativa y regulatoria
La infraestructura no basta sin reglas claras y gestión adecuada. Regular el estacionamiento con tarifas diferenciadas por zona y horario —como en San Francisco o Granada— permite ordenar la demanda y liberar espacio público.
Controlar accesos mediante zonas de bajas emisiones o cobros por congestión —como en Londres o Nueva York— ha demostrado ser eficaz sin afectar la actividad económica. En la logística urbana, muchas ciudades están usando vehículos eléctricos pequeños o bicicletas asistidas para los repartos, reduciendo ruido y emisiones.
Tecnología para la implementación y el control
Muchos planes fracasan por falta de seguimiento. Hoy, la tecnología permite implementar, ajustar y evaluar medidas en tiempo real. Cámaras, sensores de ocupación, lectores de placas y plataformas móviles permiten pasar de la norma al control operativo efectivo.
Los datos generados por telefonía móvil, apps de movilidad o video urbano ayudan a conocer patrones de viaje, puntos críticos o saturaciones. Esta información es clave para ajustar políticas, comunicar resultados y anticipar conflictos.
Además, los modelos de transporte —desde los de cuatro etapas hasta la microsimulación— permiten comparar alternativas de intervención: rediseños viales, cambios de rutas o peatonalizaciones. Esta capacidad mejora la toma de decisiones y optimiza el uso de recursos.
Centros históricos como modelo replicable
Estas estrategias también han sido desarrolladas en contextos latinoamericanos. En el Centro Histórico de la Ciudad de México se elaboraron escenarios de peatonalización —incluyendo simulaciones en la calle 20 de Noviembre, el Zócalo y una red integral— que, con el tiempo, dieron pie a intervenciones concretas en el espacio público. Parte del equipo técnico con el que actualmente colaboro participó en ese ejercicio, aplicando modelos de micro y meso simulación para estimar impactos y orientar las decisiones. De forma similar, en la ciudad de Panamá se desarrollaron propuestas para reorganizar el estacionamiento, promover modos no motorizados y mejorar la conectividad con el sistema metropolitano de transporte. Ambos casos destacan por su enfoque técnico riguroso y su vocación por articular la planeación con la implementación.
Intervenir en la movilidad de los centros históricos tiene un valor estratégico: permite ensayar soluciones replicables al resto de la ciudad. Si una medida funciona en un entorno complejo y simbólico, es probable que también funcione en otros contextos. Además, genera aprendizajes, fortalece capacidades institucionales y deja herramientas listas para escalar.
Recuperar los centros históricos no es un gesto nostálgico. Es una decisión inteligente para construir ciudades más funcionales, equitativas y sostenibles. La movilidad no es solo el medio: es también el camino.
Ahora sabes más sobre la movilidad en los centros históricos. ¿Qué harías para mejorar la movilidad en el centro de tu ciudad?
Los centros históricos pueden funcionar como laboratorios urbanos donde se prueban soluciones de movilidad replicables a otras zonas, generando aprendizajes y fortaleciendo capacidades institucionales.
































