Varios esfuerzos se están tratando de hacer en diferentes partes de México para mejorar el transporte público. El estado mexicano cada vez reconoce más la importancia de la movilidad en la dinámica de la ciudades, su productividad y la calidad de vida de sus habitantes.
Sin embargo, un cambio sustancial en el transporte público no se podrá lograr mientras el marco jurídico que lo regula en los estados y municipios del país no reconozcan la accesibilidad universal como un derecho de la ciudadanía y por ende una obligación del gobierno por velar con su cumplimiento.
Es cierto que en algunos estados de la República ya consideran la accesibilidad universal como un derecho en sus leyes de movilidad; no obstante, en sus reglamentos y sobre todo en sus normas la visión de que el transporte debe ser incluyente para las personas con capacidades diferentes, se reduce a incorporar rampas en una parte mínima de la flota o que las unidades cuenten con un escalón retráctil por la entrada delantera.
No hay que ser expertos en el tema, solo basta con que tratemos de subirnos con un tobillo dislocado a una unidad de transporte en cualquier parte de México para darnos cuenta que la accesibilidad es limitada y excluyente pero nunca universal.
En algunas ciudades el transporte ha incorporado elementos en sus normas técnicas que sí reconocen necesidades de grupos vulnerables como asientos para personas de talla pequeña, señalética en lenguaje braille y equipos sonoros de próxima parada, pero desgraciadamente en muchas ocasiones estas normas no son aplicadas con rigor o en todo caso, las unidades que cuentan con este equipamiento no son representativas en el universo de unidades que circulan en una ciudad.
La deuda del transporte con las personas que cuentan con alguna discapacidad es enorme, pero más grande aún es la deuda que tienen las ciudades y su infraestructura con ellos. Si bien no se puede regatear el esfuerzo de personas, organizaciones y algunas autoridades por avanzar en una ruta de menor desigualdad, el camino todavía es largo y las batallas se siguen perdiendo.





































