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Impacto de la violencia en el transporte público

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En México, todos los trabajadores están expuestos a cierto nivel de riesgo, por lo que es indispensable cuidar las formas en que se realizan las actividades para tratar de minimizar al máximo algún accidente laboral. La Ley Federal del Trabajo define en sus artículos 473 y 474, los riesgos de trabajo como los accidentes y enfermedades en el ejercicio o con motivo de funciones, así como los accidentes, lesiones orgánicas o perturbación funcional producidas repentinamente en cualquier lugar y tiempo en que se presente.

El transporte público, especialmente los operadores, son indispensables para generar la actividad económica de las ciudades; se calcula que a diario se realizan en nuestro país 130 millones de viajes, de los cuales el 80 por ciento se llevan a cabo en transporte público.

La actividad del transporte público, es una de las actividades de alto riesgo en cuanto a padecimientos y factores de riesgo asociados a su ocupación, como son los accidentes de tránsito, enfermedades ocupacionales y lesiones de causa externa, entre otros. El transporte público sigue siendo la principal fuente de traslado, pero también es una de las ocupaciones en las que los operadores están expuestos a sufrir agresiones.

En un estudio titulado: “Análisis exploratorio de la violencia y maltrato hacia los conductores de los buses del Transantiago”, elaborado por Mutual de Seguridad de Chile en 2016, se analizó este fenómeno, que impacta directamente en los conductores del sistema de transporte público.

El estudio señala que, al igual que cualquier fenómeno social, éste posee una multicausalidad que depende del contexto socio-cultural de cada país. Por ejemplo, se relaciona con asaltos, la agresión de otros conductores, con pasajeros descontentos por el sistema que responsabilizan a los conductores, con la inseguridad de algunos sectores sociales, la conducta antisocial y con el consumo de drogas y alcohol en el transporte.

Dada la relevancia que ha adquirido el estudio de la violencia contra los operadores del sistema de transporte a nivel mundial, se han realizado estudios que permiten describir este tipo de violencia, agresiones y maltrato, además de identificar sus posibles causas y diseñar estrategias preventivas.  Incluso diversas instituciones y organismos han dado cuenta del fenómeno, entre ellas la Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte (ITF) y la Unión Internacional de Transporte Público (UITP).

Esta investigación, revela no sólo la necesidad de conocer en detalle las causas de esta violencia, sino que estos hechos deben ser considerados dentro del estudio de las condiciones laborales, dado el impacto que poseen en la salud física y mental de los operadores del transporte público.

Al respecto, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha indicado que este tipo de violencia es inaceptable y que, tanto los empleadores como el Estado, tienen la obligación legal de proteger a su personal. No obstante, es importante considerar que la responsabilidad de la prevención de estas conductas es una materia de interés general para todas las organizaciones y personas.

La prevención de la violencia no se soluciona solo con el control o la disuasión de los hechos y de las personas que los cometen, sino también mediante estrategias preventivas eficaces, permanentes y en constante evaluación, que aborden el tema de forma multicausal, y logren identificar las mejores estrategias, para que estos hechos disminuyan en el corto, mediano y largo plazos.

La comprensión de la violencia, desde una perspectiva ecológica/sistémica, permite abordarla desde diferentes hechos y actores, es decir, es entendida como un evento relacional, que identifica los componentes que la determinan, favorecen y naturalizan, de modo que debe ser trabajada, prevenida y resuelta desde la intervención con el agresor, el agredido o el contexto en el cual se desarrolla y potencia.

Agrega el estudio que, si bien existe una carga emocional importante en los usuarios del sistema debido a la frustración que se asocia al funcionamiento del transporte público, son igualmente relevantes las exigencias para el rol desempeñado por los conductores de la movilidad colectiva, así como las condiciones contextuales en las que se desenvuelven, que conllevan a eventos de estrés, donde estas situaciones se potencian.

Lo descrito en el estudio, que se puede consultar en la liga https://bit.ly/3JNUThQ perfila un tema de alta relevancia, debido al constante deterioro de la salud mental y emocional de los profesionales de la movilidad colectiva, lo que afecta directamente el bienestar de los trabajadores, la satisfacción de los usuarios y la seguridad de la población.

En virtud de lo anterior, resulta necesario realizar estudios que permitan conocer las causas de la violencia contra estos trabajadores, que haga posible comprender los mecanismos sociales que generan el fenómeno, las diferentes formas en que se manifiesta, y las posibles estrategias de acción para su prevención.

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En el sistema de transportes de la ciudad de Santiago, conocido como Transantiago, laboran más de 15 mil conductores en condiciones de un alto nivel de estrés, ya que el sistema es evaluado por los usuarios de forma crítica, lo que revela una serie de debilidades atribuidas tanto al Estado como a sus empresas operadoras.

El estudio describe el fenómeno de la violencia sufrida por los conductores de cuatro de las siete empresas operadoras del Transantiago, lo que permite conocer, mediante la percepción de expertos, empresarios, sindicatos, conductores y usuarios, las diferentes formas que adquiere la violencia en las zonas urbanas de Santiago y sus posibles causas.

A partir de esta información, y en virtud de la revisión de diversas estrategias desarrolladas a nivel internacional sobre el tema, establece recomendaciones para el diseño de un plan preventivo de esta violencia, mediante una acción planificada para disminuirla entre este subsector del empleo en Chile.

Es necesario establecer con claridad las diferencias a nivel conceptual de la violencia psicológica (acoso, abuso, humillación, burla e incivilidades), de la agresión verbal (incluida la amenaza) y la agresión física.  Generalmente se tiende a restringir el fenómeno de la violencia a la agresión física.

Se observó una tendencia en la agresión y la violencia hacia los conductores marcada por una alta prevalencia de la violencia psicológica (humillación) y de la agresión verbal (insultos y amenazas).

La agresión física y hechos delictivos, como el robo y el secuestro, poseen una frecuencia mayor, ya que cerca del 20 por ciento de los conductores participantes reportó haber vivido algunos de estos hechos, lo cual es un tema de gravedad.

La violencia y la agresión no sólo se manifiesta hacia los conductores, sino también entre los pasajeros y, en menor medida, de los conductores hacia los usuarios. Las incivilidades en el transporte público son una constante y se observan una serie de conductas de parte de usuarios y conductores que se constituye en un factor de riesgo para la agresión, aparte de constituirse en hechos de violencia psicológica.

Las causas de la violencia son diversas y multifactoriales, van desde la naturalización de la violencia en la sociedad, modificación de formas de relación entre usuarios y conductores, cambio en la forma de organizar el trabajo con base en resultados, y un alto nivel de estrés y baja calidad de vida tanto de usuarios como conductores.

Estos aspectos constituyen factores de riesgo para la agresión, que generan un ciclo permanente y creciente de la violencia en el sistema de transporte público.

Los efectos de la violencia se evidencian en la salud física y mental de los trabajadores del rubro, lo que afecta la calidad de vida tanto de ellos como de los usuarios. Estos efectos generan un impacto tanto en las empresas como en el Estado y, al tener presencia en todo el sistema de relaciones al interior del transporte público, afecta a toda la sociedad.

Reportan usuarios y conductores la ausencia de campañas preventivas de este fenómeno en el transporte público, ya que ni el Estado ni las empresas han hecho una inversión importante en ello, a pesar de ser una estrategia de bajo costo y alto beneficio.

A continuación, a partir de diversas experiencias internacionales y de la propia investigación, se hacen algunas propuestas y recomendaciones.

  • Establecer un sistema de medición permanente de la violencia y la agresión en el sistema de transporte público, dar seguimiento periódico de los hechos de violencia y agresión, como un aspecto central, no sólo para tener un monitoreo de las prevalencias y formas en que se comporta el fenómeno, sino para tomar decisiones sobre medidas a implementar o corregir.
  • La recopilación y análisis de toda la información recabada (opiniones, percepciones, creencias y actitudes, entre otras) se debe utilizar para obtener un conocimiento más real sobre las condiciones de trabajo de los conductores de autobuses urbanos e interurbanos, especialmente sobre las situaciones más habituales que pudieran dar lugar a violencia psicológica y/o física.
  • En cuanto al predominio de la violencia verbal y/o física, los trabajadores coincidieron en que la primera es habitual, mientras que la segunda se da con menos frecuencia; no obstante, ésta ha sido más frecuente en los últimos años. Las agresiones físicas ocurren con mayor frecuencia en ciertas líneas que se consideran problemáticas, así como algunos turnos, generalmente en turnos nocturnos y fines de semana. Los trabajadores coinciden en la sensación de falta de protección ante este tipo de situaciones. 

Los autores consideran que se trata de un problema del que nadie quiere hacerse cargo y reflejan su sensación de abandono por parte de las empresas como del Estado. Observaron también que la violencia y el delito les genera, aparte de las lesiones físicas, temor, conflictos, relaciones tensas con los pasajeros y conflictos laborales, entre otros.