
Escrito por: Mario Leonardo Nieto Antolínez, COO, Grupo CISA
Durante décadas, las autoridades y entes gestores han desarrollado modelos cada vez más sofisticados para remunerar la operación de transporte público, desde el pago exclusivo por pasajero hasta esquemas más completos que incluyen diversos factores para remunerar costos fijos y variables, así cómo esquemas que segmentan los riesgos y resuelven problemas de bancabilidad de los proyectos. Sin embargo, existe un factor que sigue siendo subestimado en muchos sistemas de transporte: el clima.
Cuando se habla del costo de operar un autobús, suele asumirse que existe una tarifa técnica relativamente estable (La tarifa técnica es el costo de transportar un pasajero). Bajo esa lógica, un kilómetro recorrido en enero tendría un costo similar al de un kilómetro recorrido en julio o agosto. La realidad operacional demuestra que no siempre es así.
En ciudades con condiciones climáticas extremas, la temperatura se convierte en una variable económica que modifica el comportamiento de los costos de operación, mantenimiento y disponibilidad de la flota.
El clima como factor económico
Hermosillo, en el norte de México, es un ejemplo particularmente ilustrativo.
Durante varios meses del año, las temperaturas superan los 40°C y en ocasiones alcanzan niveles superiores a los 50°C. Bajo estas condiciones, el sistema de transporte enfrenta exigencias muy diferentes a las observadas en ciudades con climas templados o con menos variaciones en términos de la temperatura.
El aire acondicionado deja de ser un elemento de confort para convertirse en un requisito indispensable para la prestación del servicio.
Su utilización intensiva genera impactos sobre múltiples componentes de costo:
- Mayor consumo energético o de combustible.
- Mayor carga sobre motores y sistemas auxiliares.
- Incremento de fallas en compresores y sistemas de enfriamiento.
- Mayor frecuencia de intervenciones preventivas y correctivas.
- Reducción de la vida útil de algunos componentes.
- Incremento en la indisponibilidad de unidades.
En términos simples, el costo real de producir un kilómetro de transporte no es el mismo en enero que en agosto.


El clima es una variable económica que modifica el costo real de operar el transporte público: en ciudades con temperaturas extremas, como Hermosillo, el calor incrementa el consumo energético, las fallas, el mantenimiento y la indisponibilidad de la flota; el análisis presentado reporta una correlación positiva de 0.8 entre temperatura y costo por kilómetro (CPK).
De las gráficas se desprenden dos conclusiones importantes, la correlación entre el clima y el Costo por kilómetro (CPK) es muy alta y positiva (0.8), es decir, a mayores temperaturas, mayores costos de operación y mantenimiento (Gráfico 1); en tal sentido el clima se expresa claramente como variable económica, en la medida en que afecta la producción. Por otro lado, en la gráfica 2 se puede observar que, el aumento en los costos comienza antes de la temporada de calor que va desde Abril hasta mediados de septiembre (Recuadro rosa), lo cual coincide con un periodo de alistamiento de la flota y sus aires acondicionados.
A partir de lo anterior, queda claro que la Tarifa técnica no es constante a lo largo del año, sin embargo, muchos contratos remuneran al operador mediante una tarifa fija por kilómetro que es inmutable. Esto plantea un reto en términos del equilibrio financiero anual, ya que dicho equilibrio dependerá de que los excedentes generados durante los meses menos exigentes, compensen los mayores costos de los periodos críticos.

Los sistemas de transporte no operan en un clima promedio
Existe una práctica frecuente en la planeación financiera: utilizar valores promedio para representar la realidad operativa.
No obstante, los sistemas de transporte no operan en el clima promedio del año.
Operan bajo las condiciones reales de cada día.
Un autobús no experimenta una temperatura promedio anual de 30°C; experimenta jornadas completas de 45°C o más, donde la exigencia sobre los sistemas mecánicos y de climatización es considerablemente mayor.
Por ello, los modelos financieros deben incorporar explícitamente la variabilidad estacional de los costos.
El reto para autoridades y operadores
Ignorar esta realidad puede generar consecuencias importantes:
- Subestimación de necesidades presupuestales.
- Diferimiento de mantenimiento.
- Deterioro acelerado de activos.
- Menor disponibilidad de flota.
- Mayor riesgo operacional.
- Menor capacidad para renovar unidades.
Por el contrario, los sistemas que reconocen la variabilidad temporal de los costos pueden diseñar mecanismos de compensación, provisiones financieras y esquemas tarifarios más robustos.
No necesariamente se trata de aumentar la remuneración promedio anual, sino de comprender mejor cuándo se generan los costos y cómo deben administrarse.
La discusión sobre tarifas suele concentrarse en una pregunta aparentemente sencilla:
¿Cuánto cuesta operar un autobús?
Sin embargo, existe una segunda pregunta igual de importante:
¿Cuándo cuesta más operarlo?
La respuesta tiene profundas implicaciones para operadores, autoridades y organismos financiadores.
En ciudades con climas extremos, la sostenibilidad financiera del transporte público depende tanto de la eficiencia operativa como de la capacidad para comprender el comportamiento dinámico de los costos.
Porque, al final, un sistema sostenible no es aquel que minimiza costos en un mes determinado, sino aquel que logra mantener niveles adecuados de servicio, confiabilidad y seguridad durante los doce meses del año.
Y para lograrlo, es indispensable reconocer que la tarifa técnica también tiene estaciones.
La tarifa técnica no debería analizarse como un costo uniforme durante todo el año: los sistemas enfrentan costos estacionales que pueden comenzar a elevarse incluso antes de la temporada de calor, por el alistamiento de la flota. Incorporar esta variabilidad en contratos y modelos financieros permitiría prever necesidades presupuestales, mantenimiento y disponibilidad, fortaleciendo la sostenibilidad del servicio durante los 12 meses.
































