Expansión del AMG y viajes cotidianos más largos
Una de las consecuencias del crecimiento expansivo del Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) hacia municipios periféricos, como Tlajomulco, es el aumento de las distancias entre los espacios residenciales y las áreas de trabajo y de suministro de servicios.
En el municipio de Tlajomulco se ha ofertado vivienda social puesto que en el municipio de Guadalajara el costo de la vivienda ha aumentado en demasía. Esto ha contribuido a que los viajes de las personas sean cada vez más largos. La mayor parte de las personas que viven en Tlajomulco utilizan autobuses o el Macrobús (62.2%) y hacen en promedio 118 minutos en sus traslados cotidianos, a comparación de las que viven en Guadalajara (42.7%) y cuyos viajes son de 69 minutos (Jalisco Cómo Vamos, 2019). Además de que, como ya es bien sabido, quienes viajan en camiones o Macrobús, dentro del AMG, pertenecen a estratos socioeconómicos bajos (ibid).
Algunas políticas públicas que solucionarían el problema
Durante varias décadas ha habido una gran falta de políticas públicas en pro de la vivienda social en la metrópoli. La vivienda social está enfocada a resolver las necesidades de residencia de las personas más vulnerables o de estratos socioeconómicos bajos.
A continuación, se muestra una serie de soluciones para este sector poblacional, que se pueden llevar a cabo en las zonas centrales del AMG, las cuales están mucho más consolidadas y poseen más proximidad de servicios, a comparación del municipio de Tlajomulco.
Vivienda ingreso mixto
La vivienda de ingreso mixto es una política que pretende acabar con el efecto vecindario. Es decir, el efecto de círculo vicioso que se crea al tener viviendas de ingresos bajos y pobres dentro de un área deprimida y sin oportunidades de crecimiento y superación, lo que contribuye a la mala calidad de la educación (Deng, 2007), altas tasas de criminalidad (Chetty, Hendren y Katz, 2016), violencia y adicciones, a comparación de quienes viven en barrios de altos ingresos. Según Julius Wilson, la aglomeración de la gente pobre en estos espacios, crea una “cultura de la pobreza” de la que pocas veces se puede salir (Schwartz y Tajbakhsh, 1997).
Las ventajas de tener en un área, viviendas de ingresos mixtos, tienen que ver con: que el gobierno ahorra en el gasto público, pues en un área se recolecta tanto del poco porcentaje que pagan de renta las personas de bajos ingresos, como de las rentas de los que pagan más; los grupos de alto ingreso demandan trabajo a los de bajo ingreso; la gente imita los buenos hábitos de la gente opulenta; y los grupos de alto ingreso demandan servicios de mejor calidad, a los que los grupos de menor ingreso también tienen acceso (ibid). Si dicha política no planea a la par, actividades que integren a los grupos, seguridad, empleo, transporte, manejo y mantenimiento, junto con normas de comportamiento establecidas (Brophy y Smith, 1997; Schwartz y Tajbakhsh, 1997; Garshick, 2005), puede resultar un fracaso.
Esta mixtura de vivienda se puede generar mediante vouchers. Lo que más suele hacerse es esparcir a las clases pobres a lo largo de una región metropolitana proveyéndoles de vouchers para que se hagan de una vivienda. Es decir, los pobres se mueven a barrios de alto nivel. Suelen llamarse programas de dispersión y los ejemplos de programas son: el Moving to Opportunity y el Gautreaux. Las ventajas del programa son: oferta de vivienda en existencia con ubicaciones mucho más cercanas a los empleos, escuelas, centros de salud, entre otros servicios.
Por otro lado, el inclutionary zoning o zona incluyente, es otro método que consiste en combinar vivienda de bajo ingreso, con vivienda de alto ingreso, en un mismo desarrollo habitacional. En una misma construcción, se ofrecen, tanto viviendas accesibles a grupos de menores ingresos, como a grupos de altos ingresos (Schuetz, Meltzer y Been, 2009). El impulso de esta política puede venir de organizaciones sin fines de lucro, o también del gobierno (ibid). En Nueva York, uno de los programas se conoce como el “80-20”. Es decir, el 80% de las viviendas son de ingresos altos, mientras el 20, de ingresos medios y bajos (Schwartz y Tajbakhsh, 1997). En San Francisco y Washington, las leyes estatales exigen que las ciudades den bonos de densidad a los desarrolladores para construir vivienda accesible. Quienes están a favor de esta política argumentan que se impulsa la vivienda social sin tener que gastar en subsidios públicos.
Banco de terrenos
Esta política de vivienda implica que el gobierno adquiera propiedades excedentes y/o abandonadas para hacerlas productivas, o públicas, para la vivienda social (de propiedad y en renta) reforzando el bienestar comunitario y basándose en la inclusión y la sustentabilidad (Alexander, 2008). Esta política surge en un contexto en el que el mercado de bienes raíces no funciona eficientemente (los precios son muy altos, por ejemplo), las propiedades comienzan a ser vandalizadas, se pierde la cohesión social, la distribución de los recursos es inequitativa y existen desplazamientos involuntarios (ibid).
Si la tierra que compró el gobierno no es vendida, sino rentada, se controla el precio de la renta para que se mantenga bajo. En un futuro, la ciudad (el gobierno) puede reclamarla y usarla para otros fines públicos. Además de que el uso del suelo es mucho más fácil de monitorear si éste le pertenece a la ciudad.
Para 1970, Estocolmo constituyó un caso de éxito, pues había comprado muchas hectáreas de la ciudad para asegurar la tierra por futuras expansiones y convertirla en suelo recreacional, industrial y residencial, mediante su Banco de Arrendamiento (Atmer, 1987). Por otro lado, en EUA, Michigan es un buen ejemplo de la aplicación de dicha política, recuperando 1,000 propiedades (Alexander, 2008).
Finalmente…
Si bien, la mayor parte de los estudios que se consultan al respecto, no son mexicanos, es de gran ayuda mirar hacia afuera para poder imaginar un mejor futuro y ofrecer mejoras a la calidad de vida de las personas, sobre todo a los grupos vulnerables.
RECURSOS
Atmer, T., 1987, “Land Banking in Stockholm”, en Habitat INTL, vol. 11, no. 1, pp.47-55.
Alexander, F., 2008, Land Banking as Metropolitan Policy, Blueprint for American Prosperity, Metropolitan Policy Program at Brookings.
Brophy, P. y Smith, R., 1997, “Mixed-Income Housing: Factors for Success”, en Cityscape, Vol. 3, No. 2, pp. 3-31.
Chetty, R., Hendren, N. y Katz, L., 2016, “The Effects of Exposure to Better Neighborhoods on Children: New Evidence from the Moving to Opportunity Experiment”, en American Economic Review, vol. 16, pp. 855–902.
Deng, L, 2007, “Comparing the Effects of Housing Vouchers and Low-Income Housing Tax Credits on Neighborhood Integration and School Quality”, en Journal of Planning Education and Research, vol. 27, pp. 20-35. DOI: 10.1177/0739456X07301467
Garshick, R., 2005, “HOPE VI new communities: neighborhood relationships in mixed-income housing”, en Environment and Planning, volume 37, pp. 1413 -1441.
Jalisco Cómo Vamos, 2019. 6ta Encuesta de percepción ciudadana sobre calidad de vida 2018.
Schwartz, A. y Tajbakhsh, K., 1997, “Mixed-Income Housing: Unanswered Questions”, en Cityscape, Vol. 3, No. 2, pp. 71-92.


































