Ante la inevitable expansión urbana, el transporte urbano, a pesar de las dificultades a las que se enfrenta, resulta la única solución para atender la demanda de movilidad.
La expansión de la mancha urbana hace que el transporte público y otras formas alternas al automóvil resulten menos viables, creando así un círculo vicioso. La menor demanda de transporte público hace que éste reciba una cantidad menor de recursos, lo que genera una reducción de los servicios.
Para romper este círculo vicioso, urge que los planificadores urbanos y de transporte, los responsables de la toma de decisiones y los promotores inmobiliarios, adopten un nuevo enfoque con respecto a la relación entre la planificación urbana y el transporte público.
El Director de Transporte Público del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo para Latinoamérica (ITDP por sus siglas en inglés), Ulises Navarro, refiere que este círculo vicioso desemboca a un impacto urbano y ambiental:
“En las afueras de la ciudad, viven sobretodo, las personas de menores ingresos; estas personas no tienen coche, y sin embargo, toda la infraestructura que tienen alrededor es para automóviles; aquí creamos inclusive un problema de inequidad. Está demostrado que mientras más infraestructura para autos existe, más inducimos el tránsito y por tanto vamos a tener un impacto urbano muy fuerte; esa no es la política a seguir y lo que queremos es reducir sobre todo emisiones contaminantes”.
El modelo actual de movilidad de las ciudades del país, desemboca una serie de adversidades para los habitantes como:
- Congestión y pérdida correspondiente de productividad y de tiempo de desplazamiento.
- Pérdida de espacios verdes.
- Mayor consumo de energía para el transporte público.
- Contaminación y sus consiguientes problemas para la salud.
- Contribución al cambio climático.
- Exclusión social de quienes no pueden permitirse vivir cerca del centro urbano y no tienen acceso
- a un automóvil particular.
Un documento publicado por la Unión Internacional de Transporte Público (UITP), indica que en todas las ciudades del mundo, la integración del transporte y de la planificación urbana constituye todo un reto. No obstante, el problema resulta especialmente serio en las ciudades que se encuentran en rápida expansión y en las que intentan planificar la infraestructura de transporte y gestionar, al mismo tiempo, su rápido crecimiento.
Generalmente es el sector público quien construye y explota el transporte público, mientras que el desarrollo urbano depende más del sector privado, por lo que resulta difícil llevar a cabo una implantación coordinada. La integración pretende superar estas barreras prácticas e institucionales.
Son muchas las ventajas que aporta la integración de la planificación urbana y el transporte público, ya que ayuda a mejorar la calidad de vida, el desarrollo socioeconómico y la regeneración urbana. La mejora del transporte público como parte de un paquete de inversión no sólo amplía las opciones de transporte y la accesibilidad, sino que también puede aportar mejoras al entorno urbano y mejores servicios en el barrio.
“En el discurso político ya se está hablando mucho de movilidad sustentable; habría que pasar del discurso a los hechos. Esto tiene que ver no solo con la construcción de infraestructura para el transporte público, peatones y ciclistas, sino también como una nueva forma de hacer planeación urbana; el crecimiento disperso que han tenido las ciudades mexicanas los últimos 20 años, va en contra de tener una movilidad sustentable”, explicó el experto de la ITDP.





































