A lo largo de los últimos años, el sector transporte ha generado una serie de productos o propuestas nuevas para su mejora. En este sentido se desarrolló inicialmente el tema del GPS, posteriormente el BRT y ahora, la nueva moda, los autobuses de doble piso o ya se habla de los trenes de levitación magnética. En todos los casos, han sido adaptaciones de otras partes a nuestro territorio sin un análisis concienzudo que permita conocer si son la mejor alternativa o no; sin un estudio de la forma o etapas en que debe instrumentarse o; sin el personal que comprenda y entienda de qué va cada uno de estos esfuerzos para mejorar el transporte.
En este sentido, nuestras instituciones de educación superior deberían -y espero que así lo estén haciendo- revisar, analizar, investigar, documentar y promover los nuevos avances tecnológicos. En ellos recae esta responsabilidad que a la vez de permitir saber qué está pasando, permita generar nuestras propias herramientas de innovación y conocimiento.
Sería muy interesante conocer un reporte académico sobre los resultados e impactos del uso del GPS en nuestro país o bien, los efectos del BRT en el desarrollo urbano de las ciudades mexicanas o tal vez, el impacto que ha tenido esta modalidad en la conformación de sistemas de transporte más robustos y formales. Sin embargo, creo que no es el caso y solo se ha seguido las modas del momento en materia de transporte.
Es importante comprender que en cada ciudad, cada proyecto requiere su propio traje a la medida y lo que en una ciudad ha funcionado, no necesariamente va a funcionar en la ciudad vecina. El copiar y pegar no es el camino para encontrar la mejora de nuestros sistemas, sino que se debe tomar con mayor seriedad el análisis de alternativas y ser cautelosos en la instrumentación de nuevos proyectos. Es preocupante que la gran mayoría de nuestros proyectos de transporte, se basen en una alternativa predefinida y no en el análisis de diversas opciones de trazo, de tecnología o de institucionalidad.
Esto va a cuento, cuando vemos que el esquema de Transmilenio ha querido instrumentarse en muchas partes del país. En algunos casos ha sido todo un éxito inicial, como lo demuestra la Línea 1 del Metrobús -con demandas hoy en día que ameritan empezar a visualizar un modo de mayor capacidad- o bien, León, ciudad que ha podido conformar en 20 años un verdadero sistema integrado de transporte. En otros casos, no ha sido exitoso del todo, ya que esta modalidad requiere cierta concentración de demanda que no se presenta, así como un gremio transportista todavía no maduro para este tipo de acciones. Sin embargo, en todos ellos, se ha buscado emular a Transmilenio sin una tropicalización del proyecto y sin un análisis serio de tecnologías y trazos, así como de una carencia en la capacidad de instrumentar.
El caso del GPS ha sido otra moda en el sector. Se introdujeron los primeros sistemas con el afán de algunas empresas por conocer dónde se ubicaba cada una de sus unidades y así evitar que éstas estuvieran fuera de ruta. Y así se desperdigó la idea, sin una conciencia que el GPS, per se, no apoya en nada a la operación. Para ello, se requiere no solamente saber dónde está la unidad (lo que se logra con el GPS) sino también dónde debería estar este vehículo (lo que se logra con la programación del servicio). La moda fue y es instalar estos equipos, pero la obtención del potencial real del GPS no ha sido aprovechada.
A su vez, la ciudad de México busca innovar la imagen de la urbe con un nuevo elemento en la amplia familia de medios de transporte que tiene y se aboca a adquirir 90 autobuses de doble piso. Magníficos, elegantes y con gran presencia para una ciudad capital y para las próximas elecciones, a un costo de 12 millones de pesos cada uno. ¿Realmente son necesarios o es la nueva moda que se está imponiendo? ¿No hay otras opciones más prácticas y menos onerosas para satisfacer las necesidades de esta ciudad? Me pregunto si nuestras autoridades o nuestros transportistas, han realizado análisis serios sobre el porqué esta unidad y no un autobús regular o articulado; sobre aspectos tan sencillos como la poda de árboles sobre Reforma o bien; los recorridos cortos que se presentan sobre el corredor y que probablemente conllevarán a tiempos de parada más largos.
Es necesario que dejemos a un lado las modas del momento y nuestras autoridades y nuestros centros de estudio y de investigación se centren en el análisis y la investigación, bajo criterios locales, de las opciones tecnológicas que este país requiere. Cada instrumentación de una moda, tal y cual se aplica en otras partes, sin ajustes previos, trae consigo riesgos de fracaso, de pérdida de oportunidades, de lograr economías de escala y del mantenimiento de una percepción de que no avanzamos, de que estamos atorados y no sabemos qué hacer.






































