¿Cómo nos movemos en América Latina? - Pasajero7

¿Cómo nos movemos en América Latina?

ALIANZA CLATPU MARZO

ESCRITO POR: Oscar Figueroa / oscar.figueroa@gmail.com

La Encuesta Origen-Destino de viajes (EOD) corresponde al principal insumo para recabar información sobre la estructura de viajes en una aglomeración, revelando los desplazamientos de la población en una día laboral cualquiera en una ciudad, y a veces, también, en un día de fin de semana.

Los datos producidos por las EOD tienen como objetivo primario aportar información relativamente detallada para planificar el transporte en las ciudades y ulteriormente, permitir la actualización y calibración de los modelos usados para dicha planificación. En algunas ocasiones, los encuestadores aprovechan el esfuerzo para incluir preguntas de opinión sobre el transporte público, o sobre condiciones del viaje en mujeres, e incluso algunos datos que permitan evaluar la gestión de la autoridad. Sin embargo, estas prácticas adicionales son más bien excepcionales y los ejecutores de las encuestas no las recomiendan, pues la tarea es desde ya ardua, como veremos.

La falta de información en el transporte constituye una condición que no permite tomar decisiones basadas en datos reales: durante muchos años los técnicos y profesionales, desprovistos de información de calidad, debían depender de su “olfato técnico” para tomar decisiones de trascendencia en las ciudades o simplemente desregular, restringiendo la injerencia pública en el sector, lo que produjo resultados desastrosos en muchas ciudades de la región latinoamericana.

En sentido contrario, las EOD constituyen un elemento crucial para la obtención de información sobre viajes urbanos, permitiendo prever tendencias, planificar el transporte, evaluar proyectos o intervenciones varias, agregando certidumbre y fundamento a las decisiones que se asuman.

Las EOD comenzaron a ejecutarse en América Latina en la década de 1970, siendo las primeras encuestas las de las ciudades de Sao Paulo, Brasil y Santiago de Chile. Desde entonces su aplicación se ha extendido a una gran mayoría de aglomeraciones urbanas grandes y medianas de la región.

La EOD es una encuesta de gran tamaño, que en grandes ciudades puede aplicarse a entornos de entre veinte mil y sesenta mil hogares. En sus cuestionarios, se solicitan datos demográficos y socioeconómicos de los residentes, antes de ingresar en el capítulo específico de la movilidad y los viajes.

En la dimensión de viajes, se pide a todos los miembros de la familia que informen de su experiencia de viajes de un día (normalmente el día anterior a la encuesta), relatando la totalidad de sus desplazamientos desde el momento que salen de su hogar hasta que regresan a él como último destino.

En esencia, deben informar sobre la hora de salida y llegada a cada destino, el motivo por el cual se realiza cada desplazamiento, itinerarios seguidos, medios de transporte utilizados, direcciones exactas de cada destino, de lugares de ascenso y descenso de transporte público, etc. Es decir, un completo reporte de las actividades de cada persona de cada hogar, que dan una visión bastante completa de los viajes representativos en la ciudad.

Sin embargo, este inmenso esfuerzo se confronta también con una serie de problemas, tanto de orden técnico como metodológico. A pesar de que las encuestas de distintas ciudades difieren en sus formatos y contextos, deben enfrentar varias dificultades que no siempre son fáciles de resolver.

La primera de ellas tiene que ver con aspectos conceptuales, revelados en los últimos tiempos a la luz de los enfoques más complejos de la movilidad. Las EOD recolectan datos positivos e ignoran aquello que es latente: quiénes no viajan y por qué, cuál es el peso de la inmovilidad, la alternativa entre responder a demandas manifiestas o agregar aquellas que no pueden materializarse por diversos motivos, la jerarquía de los viajes, los viajeros y los medios de transporte.

Estos son aspectos que a veces traslucen la antigua tendencia de mirar el transporte urbano como el fenómeno de vehículos circulando por calles y no reconocer a la movilidad como la expresión de resultados sociales que se expresan en viajes realizados y viajes inhibidos o imposibilitados.

En realidad, la búsqueda de datos positivos y la relativa ignorancia de datos virtuales se explica también por lo dificultoso que es la aplicación de la EOD. Una encuesta de este tipo tiene un costo muy alto: las más grandes cuestan varios millones de dólares, y raras veces una encuesta exige menos de un cuarto de millón de esa moneda.

El esfuerzo de realización es igualmente elevado y en muchos casos la mera tarea de recoger la información puede tomar varios meses, y debe lidiar con la falta de cooperación de muchos hogares que se niegan a responder, a la impaciencia de algunos encuestados (la aplicación del cuestionario puede durar entre media y una hora) que no quieren seguir respondiendo y/o que entregan datos simples, parciales o falsos, o simplemente la débil memoria o dificultad de algunos para recordar los viajes, en especial aquellos menos relevantes para ellos como la caminata en distancias cortas. Todas estas dificultades llevan a que la periodicidad de las EOD sea irregular o que exista gran distancia de tiempo entre una y otra en una ciudad (normalmente, diez años).

Ello también lleva a ciertas simplificaciones o jerarquías que relativizan el valor de la información: muchas veces la definición de viajes elimina los de corta duración o distancia (menos de 5 minutos, menos de 500 metros), elimina a los menores de 4, 5 o 6 años, no considera todos los desplazamientos a pie. Del mismo modo, el análisis de datos a menudo ignora a las personas que declararon no haber viajado el día anterior. De esta forma, es posible que un buen porcentaje de viajes, probablemente de la población más necesitada, no quedan registrados (no viajes, caminatas, viajes cortos, movilidad de menores), lo que puede llevar a una merma de 25% o más de la real y total movilidad ciudadana.

Estos problemas, entre otros, constituyen hoy una preocupación tanto de los responsables en la ejecución de las EOD como del total de profesionales, técnicos y autoridades preocupados por el tema. Discutir, revisar, analizar y elaborar soluciones resulta indispensable para mejorar la calidad de este procedimiento necesario.