La movilidad motorizada coloca al transporte como principal fuente de contaminación en la Megalópolis - Pasajero7

La movilidad motorizada coloca al transporte como principal fuente de contaminación en la Megalópolis

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Los desplazamientos cotidianos de millones de personas tienen un costo ambiental que coloca al transporte como el principal generador de emisiones contaminantes en las siete entidades que conforman la Megalópolis. Un diagnóstico de la Comisión Ambiental de la Megalópolis (Came) contabilizó un promedio de 55 millones de viajes diarios en la región y encontró que seis de cada diez habitantes recurren al transporte público o a vehículos particulares para movilizarse.

El informe, elaborado entre mayo y diciembre de 2025 con recursos del Fideicomiso 1490, integrado por aportaciones provenientes de las verificaciones vehiculares, analiza los patrones de desplazamiento en Ciudad de México, Estado de México, Puebla, Tlaxcala, Querétaro, Morelos e Hidalgo, así como su relación con las emisiones derivadas del consumo de gasolina, diésel, gas natural comprimido y gas LP.

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La distribución modal muestra que caminar es una de las principales formas de desplazamiento: 34 por ciento de los viajes se realiza a pie, principalmente en trayectos cortos hacia escuelas, mercados, comercios y centros de trabajo. Sin embargo, apenas el 2 por ciento corresponde a la bicicleta como medio habitual de transporte, equivalente a un millón 100 mil recorridos diarios.

En contraste, 30 por ciento de los desplazamientos se realiza en automóviles particulares o motocicletas, mientras que 33 por ciento corresponde al transporte público, donde conviven servicios convencionales con alternativas eléctricas como el Metro, el Trolebús y el Cablebús.

La diferencia en las distancias recorridas también incide en el impacto ambiental de la movilidad. De acuerdo con la Came, un viaje promedio en transporte público tiene una duración de 50 minutos y cubre 9.9 kilómetros, mientras que los desplazamientos en vehículos motorizados alcanzan 19.1 kilómetros.

“Un viaje promedio en transporte público dura 50 minutos y recorre 9.9 kilómetros, mientras que en vehículo motorizado recorre 19.1 kilómetros, lo que genera mayores emisiones por pasajero transportado”, indicó el organismo.

La actividad comienza desde las primeras horas del día, aunque los mayores flujos se concentran en los periodos de mayor demanda, entre las 8:00 y las 18:00 horas. El reporte también identifica diferencias en los patrones de movilidad durante la semana: el viernes registra la mayor actividad y el domingo la menor, mientras que durante las tardes aumenta el uso del transporte público y la bicicleta.

En cuanto a la distribución territorial, la Zona Metropolitana del Valle de México concentra una parte importante de los desplazamientos cotidianos, particularmente por los intercambios entre las alcaldías de la capital y los municipios conurbados del Estado de México. El diagnóstico contabiliza 34.6 millones de traslados dentro de esta dinámica metropolitana.

“Los viajes de la Ciudad de México y el Estado de México forman el corredor más intenso, con 122 millones de viajes”, subrayó el informe.

Otros flujos relevantes corresponden a los desplazamientos entre Hidalgo y el Estado de México, así como entre Puebla y Tlaxcala, lo que evidencia la interdependencia territorial de las entidades que integran esta región y la necesidad de contar con alternativas de transporte que respondan a los viajes que rebasan los límites administrativos.

Entre las opciones para reducir la dependencia del automóvil, el documento identifica los servicios ferroviarios de pasajeros, como el tren que conecta la Ciudad de México con Toluca y el Ferrocarril Suburbano hacia el Estado de México e Hidalgo, además de los sistemas eléctricos de transporte público. En este rubro destaca el Trolebús Elevado que conecta Chalco con Iztapalapa.

Para Alejandro Villegas, coordinador de Vinculación de Políticas de la Came, disponer de información sobre los hábitos de desplazamiento permite identificar dónde deben concentrarse las intervenciones para disminuir la contaminación generada por el transporte.

“Contar con datos continuos sobre los hábitos de movilidad de la población de la Megalópolis nos permite planear con evidencia dónde reforzar el transporte público, la infraestructura peatonal y ciclista”, planteó.

El diagnóstico coloca así la planeación de la movilidad como una herramienta para atender el problema de la contaminación atmosférica. La ampliación y mejora del transporte colectivo, junto con una mayor infraestructura para caminar y utilizar la bicicleta, aparecen como componentes necesarios para modificar los patrones de desplazamiento y reducir las emisiones asociadas al transporte motorizado.




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