La transformación tecnológica exige una nueva cultura de trabajo - Pasajero7

La transformación tecnológica exige una nueva cultura de trabajo

TECNOLOGIA

Por años, la modernización del transporte público se ha contado en términos de infraestructura y vehículos: nuevos autobuses, sistemas de prepago, centros de control, cámaras de videovigilancia, GPS, telemetría y plataformas capaces de conocer, prácticamente en tiempo real, dónde está cada unidad y qué ocurre durante la operación.

La tecnología está ahí. La pregunta es qué hacen las empresas con ella.

Porque instalar un sistema de gestión de flotas no significa necesariamente administrar mejor las unidades. Tener miles de registros sobre recorridos, velocidades, consumo de combustible, incidencias, mantenimiento o demanda tampoco garantiza mejores decisiones. Y una cámara instalada dentro de un autobús no mejora por sí misma la seguridad.

El verdadero salto ocurre cuando la tecnología deja de ser un conjunto de dispositivos y se convierte en una nueva manera de operar.

La Unión Internacional de Transporte Público (UITP) ha llevado esta discusión un paso más allá al hablar de un “digital mindset”, una mentalidad digital que debe extenderse por toda la organización. Su planteamiento establece que la transformación digital no consiste únicamente en incorporar nuevas soluciones, sino en desarrollar una estrategia, capacidades y conocimiento para aprovecharlas.

En una empresa de transporte, eso significa cambiar preguntas.

Tecnología sin estrategia: adquirir sistemas no garantiza mejores resultados; la digitalización requiere objetivos, procesos, capacidades y una estrategia clara de uso de datos.

No basta con saber cuántos autobuses están circulando. Hay que preguntarse por qué una unidad está detenida, cuánto cuesta esa interrupción, qué patrones se repiten y qué decisión puede evitar que vuelva a ocurrir.

No basta con registrar el comportamiento de los operadores mediante telemetría. El siguiente paso es utilizar esa información para mejorar la conducción, reducir consumos, prevenir riesgos y diseñar programas de capacitación.

No es suficiente contar pasajeros a través de un sistema de prepago. El valor aparece cuando esos datos ayudan a rediseñar frecuencias, ajustar horarios, dimensionar la oferta y entender cómo cambia la demanda.

La diferencia parece pequeña, pero representa un cambio profundo: pasar de acumular información a gestionar con información.

Del dispositivo al dato y del dato a la decisión

La digitalización está incorporando al transporte público una enorme cantidad de datos. Sistemas de posicionamiento, videovigilancia, recaudo electrónico, sensores, telemetría, mantenimiento predictivo y plataformas de gestión pueden generar una fotografía cada vez más precisa de lo que sucede en la operación.

La UITP considera que los datos ya están en el centro de la transformación del transporte público y pueden utilizarse para estandarizar servicios, hacer más eficientes las operaciones y mejorar la seguridad.

Pero tener datos no equivale a tener inteligencia. Para aprovecharlos se necesita personal capaz de interpretarlos, procesos para convertirlos en acciones y una estructura organizacional que permita tomar decisiones con mayor rapidez.

En México, el proyecto TranSIT, impulsado por la SEDATU y la Cooperación Técnica Alemana (GIZ), ha planteado precisamente esa combinación: digitalización, herramientas para la toma de decisiones y fortalecimiento de las capacidades profesionales de los actores del transporte. Entre 2022 y 2026, el proyecto impulsó herramientas para el uso estratégico de datos y digitalizó más de 850 rutas en ciudades de México; además, su diplomado en digitalización del transporte público registró 1,700 inscripciones de participantes de las 32 entidades federativas.

El mensaje es relevante para las empresas: la inversión tecnológica necesita acompañarse de inversión en personas.

Una nueva cultura para una nueva operación

Una empresa que adquiere tecnología, pero mantiene procesos diseñados para una operación analógica, difícilmente obtendrá todo su potencial. La transformación exige capacitación permanente, definición clara de responsabilidades, colaboración entre áreas y una mayor capacidad para analizar información.

La operación, el mantenimiento, los recursos humanos, las finanzas y la atención al usuario ya no pueden funcionar como compartimentos aislados cuando todos generan o necesitan información para tomar decisiones.

El Banco Mundial identifica entre las prácticas de gestión que inciden en el desempeño de las organizaciones aspectos como la gestión del rendimiento, la capacitación y la colaboración, y advierte que las tecnologías digitales pueden transformar la productividad cuando interactúan con las capacidades de trabajadores y directivos.

En el transporte público, esto puede traducirse en algo muy concreto: capacitar a los operadores no solamente para conducir, sino para entender los indicadores de desempeño; formar a los responsables de mantenimiento para interpretar información predictiva; preparar a los mandos medios para leer tableros de control; y desarrollar equipos capaces de convertir grandes volúmenes de datos en decisiones operativas.

Incluso la gestión del cambio debe formar parte del proceso. La UITP y la Federación Europea de Trabajadores del Transporte han advertido que la digitalización modifica competencias, profesiones, organización del trabajo y condiciones laborales, por lo que recomiendan involucrar a los trabajadores desde las primeras etapas de las estrategias de transformación.

Datos sin personas: la información adquiere valor cuando existen equipos capacitados para interpretarla y convertirla en decisiones; por eso, capacitación continua, colaboración entre áreas y gestión del cambio deben formar parte de la transformación digital. 

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Esto es especialmente importante en un sector donde la escasez de personal y la necesidad de atraer, capacitar y retener talento ya representan un desafío internacional. La UITP estima que alrededor de nueve millones de personas trabajan actualmente en el transporte público mundial y señala la necesidad de fortalecer la capacitación y el desarrollo de nuevas competencias.

Por eso, la transformación digital no debería medirse solamente por cuántos sistemas tiene una empresa, sino por cuánto cambió su capacidad para tomar decisiones.

Una empresa verdaderamente digitalizada no es necesariamente la que tiene más pantallas en su centro de control. Es la que utiliza mejor la información para anticiparse a una falla, ajustar una frecuencia, mejorar el desempeño de una unidad, reducir costos, prevenir un incidente o responder más rápido al usuario.

La tecnología es el habilitador. El cambio organizacional es el verdadero motor

Y ahí está quizá el mayor reto para las empresas de transporte público: dejar de comprar tecnología para modernizarse y comenzar a transformar su manera de trabajar para aprovechar la tecnología que ya adquirieron.




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