Hacia ciudades que mejoren la calidad de vida de la primera infancia y sus cuidadores - Pasajero7

Hacia ciudades que mejoren la calidad de vida de la primera infancia y sus cuidadores

ESPACIO REHABILITADO

Escrito por: Gabriela Vargas / Contacto: Karina Vargas | LinkedIn

Hace un mes visité uno de los espacios que fueron rehabilitados con perspectiva en Primera Infancia por la Fundación en donde trabajo y en colaboración con una gran institución educativa en México, espacio ubicado al norte del país y en una zona de gran vulnerabilidad no solo para los primeros años de vida, sino para todas las personas de distintas edades que habitan el lugar.

Como contexto, la Primera Infancia es la etapa que comprende de los 0 a 6 años de vida y es una de las más cruciales en el desarrollo de una persona, pues es cuando más conexiones neuronales rápidamente se generan en nuestro cerebro, dejando las bases para el desarrollo de hasta el 80% de éste y cuya relación con nuestros procesos cognitivos, psicomotores y lenguaje es crucial.

El espacio visitado fue diseñado para que la niñez pueda jugar brincando, corriendo, subiendo y bajando elementos de juego, pero también para que sus cuidadores puedan sentarse bajo la sombra de un árbol y cuidar de ellos o interactuar con ellos incrementando las posibilidades y el tiempo de estar en un espacio público abierto y gratuito, sin embargo, no fue esto lo que nos sorprendió en aquella visita. Durante los más de 40 minutos que estuvimos ahí conversando sobre el espacio vimos pasar a una pareja de adultos mayores que utilizaron una de las bancas como momento de descanso, sentándose no más de 10 min para después levantarse y continuar su camino. ¿Interesante, no? ¿cómo un espacio diseñado para niñas, niños, bebés y sus cuidadores evidentemente puede ser un espacio de descanso, pausa o disfrute para otros?

Es una realidad que nuestras ciudades no están pensadas así y que seguimos resolviendo problemas como si fueran fuegos por apagar, porque en teoría las ciudades y sus calles deben ser pensadas para las personas que las utilizan y adaptarse a esas personas (contexto, cultura y necesidades -por mencionar algunas-) y no para que las personas se adapten a las calles. Nuestras calles (en donde sea) deben ser calles seguras, saludables y cómodas, porque necesitamos calles y transportes que nos permitan movernos de manera independiente.

¿Has pensado cuánto tiempo tardas en trasladarte de un punto a otro?, ¿cuántos trayectos haces al día? Me parece, y es muy seguro, que te transportas de casa al trabajo y de regreso, pero ¿y una cuidadora, mamá o papá solo hace dos trayectos? Imagínate, en una ciudad la escuela o preescolar de un infante está por lo menos a 20 minutos de su casa, también ese cuidador puede tener un empleo, debe dejar y recoger a los niños, debe pasar por algún pendiente al supermercado o mercado y quizá hacer actividades y responsabilidades al estar al cuidado de otro… ¿Cuánto tiempo pasará la cuidadora o el cuidador en el transporte público o privado?

Por tanto, la intención genuina de intervenir espacios para los primeros años de vida, de rehabilitar cruces e incidir en política pública debería ser mejorar la calidad de vida de las niñas, niños y bebés y, por consecuencia, la de las personas, más esto sólo será posible cuando pensemos, diseñemos y co-construyamos las ciudades (calles, servicios básicos, atenciones, ambientes de calidad, etc.) para que la ciudad se adapte a la persona y no viceversa. Recientemente leí que las calles no solo deben ser una vía pública de tránsito, sino la posibilidad de pasar a disfrutar y pausar para generar conexiones con el entorno, naturaleza, y otras personas; por ejemplo, la niñez y los bebés aprenden de las interacciones, de la estimulación oportuna y del juego, por eso la necesidad de contar con más calles y ciudades con su perspectiva.

Las calles que se piensan para la primera infancia y toda una comunidad que se mueve en ellas, son calles accesibles con cruces seguros para cualquier persona que la transite, que además marcan el límite de velocidad de los autos con señaléticas, con cebras bien definidas y mantenidas, con aire limpio, iluminadas, ¡y lo mejor es que con árboles! Además, éstas permiten la planificación de las actividades de las personas de una manera sencilla. Me pregunto si las calles de donde vives cumplen con esas características, pues es muy probable que ciertas calles y ciertos barrios las cumplan, pero en general no todas lo hacen.

Por esta razón, planificar ciudades y calles con la perspectiva de la infancia y quienes viven ahí y la transitan nos ofrecerá certeza de que velamos por los derechos de las y los niños: al tener acceso a vivir en condiciones de bienestar, con seguridad social, protección de su salud, ejerciendo su derecho al descanso y esparcimiento y, finalmente, su derecho al juego.

Yo hoy todavía pienso y creo que es posible un mundo en donde nuestras ciudades propicien mejor desarrollo y calidad de vida de todos sus habitantes, y en donde las calles influyan en el crecimiento de la infancia, en especial si comenzamos a pensar en ciudades en donde las personas puedan desplazarse a todas tus actividades caminando, en bici o en un transporte que no demore más de 15 minutos en cada trayecto sin que sea una odisea.