Inaugurar y olvidar - Pasajero7

Inaugurar y olvidar

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La palabra mantenimiento no nos es familiar. Por lo general, se construyen grandes obras viales, sistemas de transportes modernos y eficientes y al cabo de unos años encontramos estas infraestructuras en el olvido. Observamos que la conservación de las infraestructuras es nula y su mantenimiento inexistente.

Los presupuestos destinados a la conservación de nuestras vialidades son magros y muestra de ello es la poca capacidad que tienen las áreas de obras e infraestructura municipales, estatales y aún federales para mantener en óptimas condiciones nuestra infraestructura. Una obra es realizada con el fin de servir y ser inaugurada, pero el administrador público o político no tiene en su mente que esta obra, ese gran distribuidor o esa pequeña calle vecinal se tiene que conservar y mantener en condiciones similares a lo largo de toda su vida útil. Las asignaciones presupuestales destinan poco a este rubro. Preferimos construir, inyectar recursos a nueva obra que a mantener lo existente.

Así por ejemplo, el Metro de la ciudad de México cada día se encuentra en peores condiciones de mantenimiento. Sus estaciones están descuidadas, sus trenes en pleno deterioro. Presentan fallas continuas y retrasos en el servicio cada vez mayores. Si bien sus trenes tienen vidas útiles que sobrepasan los 25 años antes de una reparación integral, hay quienes prefieren señalar la compra de nuevos trenes antes de considerar el mantenimiento o su conservación como un punto toral del sistema. La cultura del mantenimiento no es parte del sistema. Las autoridades deben tomar nota y buscar los recursos para que este mantenimiento se preste y el Metro vuelva a ser la columna vertebral del sistema de transporte de una de las ciudades más grandes del mundo, quitando la visión que políticamente viste más algo nuevo que algo adecuadamente conservado.

A su vez, muchas empresas de autobuses siguen la misma tendencia, hacer uso de la garantía en el primer año y luego seguir una política laxa en cuanto al mantenimiento se refiere. Así vemos en las calles de nuestras ciudades unidades relativamente nuevas, pero que presentan un deterioro en su imagen, en su desempeño y en la producción de emisiones. Mencionar mantenimiento en este medio, en muchos casos, es mencionar ‘al talachas’, ‘al cómpas’ pero no un sistema y un control estricto de bitácoras de mantenimiento para el parque vehicular. Son pocas las empresas de transporte público urbano en donde se lleva un registro y un seguimiento real del mantenimiento prestado a cada unidad.

Y si pasamos a la escala del transporte privado, vemos en muchos casos ese efecto. La compra de un vehículo nuevo y el olvido del mantenimiento una vez que la garantía da de sí. Y a esta desidia de mantener se suman las políticas que castigan a un buen mantenimiento. Los ciudadanos –no pocos- conscientes de la necesidad de mantener sus vehículos con el fin de mantener en niveles por debajo de la norma ambiental sus emisiones, se ven castigados por el solo hecho de que el vehículo tiene diez años de vida. Hay muchos vehículos que con esta edad, pero adecuadamente mantenidos, muestran emisiones por debajo de muchas unidades más recientes pero sin un mantenimiento estricto. En este sentido, pareciera que las autoridades ambientales desincentivan el mantenimiento. Sería interesante conocer los análisis y datos que seguramente arrojan sus sistemas de monitoreo y determinar la conveniencia de mantener o no un vehículo.

Muchos ciudadanos convencidos de las bondades del mantenimiento seguramente optarán por el olvido de esta cultura ante el castigo que impone la autoridad a unas unidades adecuadamente conservadas, que mantienen sus niveles de emisiones por debajo de la norma y que periódicamente llevan a servicio a su unidad. Como en muchos otros casos, políticas de movilidad incompletas y sin análisis serios y sustentados.