Al observar y escuchar a diferentes voces nacionales y extranjeras hablar sobre el tema de la movilidad, llama la atención los diferentes enfoques que presentan estos grupos. Mientras los nacionales se aferran a las tecnologías tradicionales de transporte, otros interlocutores están pensando y tomando medidas para el nuevo futuro que se nos aproxima. Así por ejemplo, hoy en día, los temas de planeación, de visualizar el futuro, se centran en soluciones de automatizar la movilidad a través de vehículos autónomos que facilitarán el paso de la propiedad privada del automóvil a una propiedad comunal del mismo. ¿Estamos analizando, por ejemplo, este tipo de opciones que están a la vuelta de la esquina?
Si bien el concepto anterior suena como algo ideal y fuera del ámbito de aplicación local, la pregunta o duda más bien se encamina a lo que estamos haciendo en nuestro país en el ámbito de la planeación a mediano y largo plazo. Los graves rezagos que tenemos en transporte, muchas veces nos hacen planear para solucionar nuestro pasado y no buscar la solución racional del futuro. En México, en los últimos años se ha perdido esta visión de planear y no nos está permitiendo preparar los cambios, sino actuar sobre el camino. Vemos las soluciones de ayer, o cuando mucho las de hoy.
En gran parte, los estudios que se están elaborando en México en materia de transporte, tienden a la búsqueda de cubrir la demanda con tecnologías tradicionales y no plantean, al menos, el paso a tecnologías de avanzada. Ciudades del tamaño de México, Guadalajara, Monterrey, León o Tijuana optan por tecnologías existentes y no buscan, al menos, integrar en sus concepciones a 10 o 20 años nuevas tecnologías que están en ciernes de ser realidades. Así, se opta por soluciones basadas en combustibles tradicionales y no en energías renovables. Se habla de autobuses diésel con especificaciones de EURO VI, pero no de opciones eléctricas o en pocos casos de gas natural comprimido. Qué decir de soluciones basadas en celdas de combustible u otras tecnologías de avanzada.
Estas instancias, ciudades de poblaciones millonarias, no dedican un centavo al estudio, al análisis y no se diga a la investigación de hacia dónde vamos en realidad en cuanto a tecnología del transporte. En pocos casos, se hacen pruebas piloto de tecnologías a incorporar y estamos a la vera de lo que el mercado nos ofrezca y no lo que nosotros requerimos hoy o el día de mañana. Instrumentamos lo que nos ofrecen y no buscamos desarrollar lo que requerimos. Y cuando lo hacemos, no somos capaces de evolucionar y visualizar el futuro.
Pensamos en autobuses diésel porque ahí están, vemos de reojo a autobuses con gas natural comprimido pero nos asusta entrar a un mundo de una nueva tecnología, somos incapaces de visualizar un autobús eléctrico como parte de nuestra solución. Optamos por la solución del día de hoy y en muchos casos no pensamos siquiera en probar -no se diga desarrollar- tecnologías para posteriormente incorporarlas a nuestros esquemas de trabajo.
Instrumentamos acciones sin analizar consecuencias a mediano y largo plazo. Esa capacidad de analizar y preparar el futuro no ha sido desarrollada y como apunto anteriormente, ha ido dejada a la deriva por recientes administraciones. El planear e investigar son acciones que no dejan para muchos individuos que buscan la solución inmediata que vista en el momento, pero no que ilumine el futuro. Creo que debemos empezar a preparar nuestro futuro y hacer de la tecnología, parte de él.


































