El Cairo, 1979 - Pasajero7

El Cairo, 1979

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Una de las imágenes más impactantes que vi durante mi etapa de estudiante, fue una foto del transporte público de El Cairo, en donde en el autobús segregaban a los hombres de las mujeres. La razón, según se nos comentó, era de índole religiosa. Impactante foto, donde las mujeres ocupaban la parte posterior del autobús. En esos momentos pensé que cómo era posible esa diferenciación, ese manejo de género tan fuera de las costumbres occidentales. Pensaba que cómo era posible una situación así en nuestro país, donde a la mujer se le cedía el asiento, se le daba toda clase cortesías y tal vez un piropo bien intencionado.

Han pasado poco más de 35 años de este impacto fotográfico. ¿Y que observamos hoy en día en la Ciudad de México? Una segregación en el Metro, en el Metrobús, del hombre y la mujer. Las mujeres ocupando la porción delantera de las unidades de transporte y los hombres la trasera. La causa, el acoso sexual. Nunca se habla o se maneja en el discurso de la autoridad que se busca dar un trato más humano, más cortés, de dar una preferencia, una atención a la dama. Gran diferencia: acoso versus civilidad y cortesía; cuestión de enfoques, de forma de transmitir el mensaje.

Mientras las porciones posteriores de las unidades de transporte van atestadas y líneas imaginarias o asientos color rosa mexicano “impiden o dificultan” violar este lineamiento, las partes frontales van a una capacidad razonable. Mira uno los videos que pasan en el Metrobús  donde se señala, como medida justificatoria tal vez, que el 57% de los usuarios del Metrobús son mujeres y el 43% hombres. Uno voltea alrededor de la estación del Metro, del autobús y no parece que sea así. Tal vez cuestión de percepciones.

La situación precaria del Metro ha inducido a retirar -poco a poco- a los vigilantes de que la norma segregacionista se cumpla en los tres vagones frontales. La usuaria debe franquear unas barreras de plástico para sentirse segura del hombre depravado que hay en todos nosotros.

Esa reducción de la fuerza policiaca, tan importante para controlar el probable acoso y el fomento de la segregación, ha llevado a la colocación de un señalamiento impreso en el que se señala que el rebasar la línea imaginaria entre el hombre y la mujer será merecedor de una sanción ¿Cuál sanción? ¿Qué ley segrega al hombre y a la mujer?

Al interior de los vagones para mujeres, supongo, las medidas auditivas para el control del acoso, el silbato, no proceden. En los seis vagones restantes del Metro, atestados seguramente de hombres acosadores, este invento debería funcionar. Sin embargo, la capacidad de los vagones en la mayor parte de los casos, está por mucho rebasada y hace imposible guardar la elipse del cuerpo de 0.18 m2. Muchas damas usan estos vagones, ¿qué podemos hacer? Hasta el momento no he escuchado ningún silbato que bien pudiera haber sido utilizado por una invasión a este espacio vital.

La segregación no corrige posibles conductas erróneas de unos cuantos, pero si fomenta un sentir de inconformidad en una sociedad ya de por si inconforme. Los silbatos, afectan la dignidad tanto de las mujeres que van a delatar a su agresor como de miles de hombres que se ven discriminados con esta acción. Las soluciones dadas hasta el momento cuentan con una dosis de buena intensión, pero creo yo, debieran modificarse y dirigirse al respeto de la integridad de mujeres y hombres y no a una discriminación burda que relega a una porción de la unidad de transporte a una porción de la población. El respeto, la educación y el civismo es lo que la autoridad debiera fomentar, no un simple silbato, un asiento color de rosa o una línea imaginaria que inhiba los instintos acosadores del 43% de la población masculina, según el Metrobús.

En realidad, estamos discriminando a la mujer ya que manejamos medidas para evitar su acoso en lugar de buscar su igualdad y su trato por igual. El trato preferente, la atención, la cortesía deberían mandar en esta situación y deberían fomentarse. En varias líneas del metro se muestran videos del niño o niña “educando” a sus papás, pero en ninguna de las acciones se induce a un comportamiento cortés, hacia la mujer o al anciano.   

Sobre ello, poco o nada se hace. Un silbato, una segregación, pero no un trato de equidad. No se presenta un discurso de civilidad y buenas maneras; solo de acoso.

Nuevamente, me viene a la mente esa foto de El Cairo y me veo en esa situación de segregación que jamás pensé ver en mi país. Rompe la regla de igualdad entre todos los mexican@s que para nada promueve la civilidad de la población.