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De Leyes y Reglamentos

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El Distrito Federal está estrenando una nueva Ley de Movilidad y un nuevo Reglamento de Tránsito, y en fechas próximas, estrenará su Reglamento de Movilidad. Como en varias ocasiones anteriores, se reinventa el tema de regular el tránsito de vehículos y peatones, pero fortaleciendo la visión de la pirámide invertida, con el peatón como elemento fundamental de la movilidad y el automóvil quedando en el fondo de las prioridades. Enhorabuena por el cambio de visión que permitirá atender problemas tan graves como la creciente accidentalidad y un trato más respetuoso al elemento primario de la movilidad, el peatón. Ahora, solo falta su aplicación.

La labor realizada por el grupo legislativo de la Asamblea de Representantes del Distrito Federal es de reconocerse y en especial, el empuje y perseverancia de Laura Ballesteros, quien finalmente fue la artífice del mismo y hoy en día, enfrenta el reto de poder implementar el cambio de mentalidad  a cerca de nueve millones de capitalinos. Esos mismos atributos tendrá que utilizar, pero ahora desde otro lado de la barrera, y con retos y obstáculos aún mayores.

En ocasiones anteriores, los reglamentos habían considerado para algunos aspectos (Hoy no Circula, cinturón de seguridad, alcohol, entre otros) multas elevadas conjuntamente con “castigos”, como retención del automóvil o el ya famoso “torito”. Hoy, además de altas multas por infringir el reglamento de tránsito, se suma el uso de la tecnología y a ello, la habilidad del capitalino para esquivar la ley.

Seguramente, con el cobro de multas electrónicas no buscaremos solamente ponerle micas o sprays a nuestras placas, sino que tendremos registrados nuestros automóviles en provincia. Hoy en día, al no existir convenios entre los estados, las multas no pueden ser cobradas por la autoridad capitalina a otros usuarios de los estados circundantes. Este reto de homologación legal y convenios requiere atención inmediata, para no solo castigar al capitalino, sino también al mal vecino. Requiere, pues, una atención a nivel federal.

El reto, será convencer a la población capitalina de que es el camino correcto y no tanto con la coerción de las multas. Se requiere de una alta dosis de educación vial y educación cívica, de la cual carecemos después de tantos años de gracia para faltar al reglamento y esto pareciera ser un bien escaso en los elementos publicitarios que han aparecido a últimas fechas.

La prioridad al peatón es fundamental, pero ¿cómo la vamos a proporcionar, si en cualquier esquina con alto tránsito peatonal encontramos puestos de comida, periódicos y otro comercio ambulante que goza de privilegios y protección por parte de la misma autoridad? O se encuentran obstáculos, casetas de teléfono ya en desuso, postes o señalamiento vial, mal colocados y que afectan el paso del ciudadano. O banquetas desiguales, con registros abiertos y de difícil tránsito peatonal y en muchas ocasiones, ocupados por negocios ambulantes. ¿Cómo vamos a hacer entender a los jefes delegacionales, a los puesteros, que la vialidad y las banquetas son para facilitar la movilidad de la ciudadanía y no “locales comerciales de usufructo mediante cuotas”? Veo titánica la labor que tiene enfrente la Secretaría de Movilidad del Distrito Federal para atender estos problemas, dada su centralidad y donde la toma de acciones -en muchas ocasiones- corresponde a las delegaciones atenderlas y que representa para ellas el pan de cada día.

Sin darnos cuenta, estamos creando un mal futuro, al privilegiarse y condonarse cualquier responsabilidad al ciclista. Es fundamental darle sus espacios y su lugar en la movilidad de esta ciudad, pero también es un ciudadano que debe respetar las normas de convivencia vial, al igual que cualquier otro vehículo que circula por nuestras calles. Debe respetar semáforos, sentidos de las calles y evitar la prepotencia que se empieza a visualizar en algunos ciclistas de mala espina.

El reto es enorme. El Distrito Federal cuenta con un grupo joven, entusiasta del cambio y de una nueva visión de ciudad. El grupo de individuos que necesitaba esta gran metrópoli. Un grupo otrora de activistas, a quienes ahora les corresponde instrumentar y lograr hacer de nuestra ciudad un entorno vivible, amable y con escala humana. Un grupo a quienes les corresponde entender el balance de la movilidad, evitar los extremos y entender las necesidades de la mayoría, sin los fanatismos de la movilidad.