En los últimos ocho años, se ha empezado a dar una importancia al transporte público a través de mecanismos como los que, acertadamente, ha fomentado el Programa de Apoyo al Transporte Masivo (PROTRAM) y que ha puesto al sector transportes en la agenda federal. Esto ha permitido impulsar la construcción de varios proyectos ferroviarios, así como de carriles semiconfinados para autobuses (BRT). Nadie negará el impacto que han logrado y el interés que han despertado en las las ciudades para atender de mejor manera sus problemas de transporte.
Sin embargo, estos proyectos se han quedado focalizados en pocas ciudades, donde sus demandas en los principales corredores, justifican inversiones de gran magnitud y permiten centrar las acciones en soluciones del tipo BRT. Se han ubicado en ciudades con una madurez y estructura administrativa que les permite atender los pasos que la normatividad marca, para poder acceder a estos recursos.
Pero, ¿qué ha pasado con aquellas ciudades en pleno crecimiento y con fuertes tendencias a su expansión urbana, que tienen problemas de transporte, pero no con la magnitud para justificar un corredor de transporte o que no cuentan con esa estructura administrativa para dar seguimiento a los procedimientos solicitados? ¿Se está pensando en atender a ciudades con poblaciones menores a los 450 mil habitantes y que representan el 66% de las 93 ciudades consideradas por la SEDESOL como áreas metropolitanas? En estas ciudades, sus problemas de transporte no son de la magnitud de los existentes en las ciudades atendidas hoy en día por el PROTRAM, pero son candidatas naturales para evitar y propagar los errores que se han cometido en las ciudades de mayor tamaño.
Para muestra, un botón. Ciudad Acuña, Coahuila, está casi al borde de la jerarquía poblacional de las 93 ciudades metropolitanas, con una población para 2010 de 134 mil habitantes, que aumentó 3.4 veces y cuya superficie urbana se incrementó 5.7 veces entre 1980 y 2010. Acuña resulta ser una pequeña ciudad fronteriza dedicada fundamentalmente a la maquila, con grandes necesidades de transporte, mismo que se presta hoy en día con transporte de personal, basado en el autobús escolar y un transporte público prestado, también con autobuses escolares recortados.
El servicio de 16 rutas opera erráticamente, sin un concepto integrador en su operación o en su diseño, las cuales se han ido gestando conforme el prestador del servicio intuye el probable crecimiento de la mancha urbana; sin planeación alguna. Sus rutas se concentran en los corredores históricos de la ciudad y donde la orografía lo permite, haciendo las más de las veces, recorridos tortuosos que incrementan innecesariamente los tiempos de recorrido de la población. A su vez, en términos reales, no existe autoridad alguna que regule el servicio.
¿Qué requiere Acuña? Ordenar y operar adecuadamente su servicio, mejorar su parque vehicular, así como pequeñas obras de equipamiento e infraestructura, además de una autoridad capaz de regular el servicio que se presta. En esta situación se encuentran otras 62 ciudades metropolitanas en el país.
La actual administración de Acuña optó por atender el grave problema de transporte que enfrenta. Ha iniciado, con recursos propios, una planeación formal de lo que debe ser su red de transporte, de definir las necesidades reales, de estudiar el mercado que tiene. Estos casos, en donde el municipio planea un servicio, son raros, dadas las carencias que normalmente tienen y por ello preocupa no ver a las autoridades estatales, federales o de desarrollo, atender estos fenómenos de búsqueda del orden y la planeación, de prever y no esperar a que el problema crezca. Pregunto, ¿cómo puede PROTRAM u otros entes, apoyar iniciativas como estas? ¿Lo están haciendo o cuándo lo van a hacer?
Las soluciones al problema de transporte de una ciudad como Acuña, son relativamente sencillas, que se centran en la mejora de la operación, y en la estructuración y depuración de las rutas al patrón de crecimiento que se ha presentado. Implica ordenar y generar los elementos que le permitan al usuario conocer el servicio que se presta. A su vez, condiciona la atención de los puntos de acceso al servicio, sean éstas las paradas y terminales, y tomar en consideración los temas de mantenimiento de unidades y de la vialidad por donde circulan. No se necesitan las grandes obras y si bien en algunos casos sería necesaria la substitución de la flota que opera en la ciudad, en muchos otros casos puede seguirse operando la misma u optarse por nuevos inversionistas en el sector, que inyecten dinero fresco a un servicio que lo requiere.
Ciudades como Acuña, mejorarían sustancialmente sus servicios de transporte, con montos que pueden ir de los 100 a los 250 millones de pesos por ciudad y que por mucho, se quedan por debajo de las cantidades asignadas a un solo corredor en muchas ciudades que han optado por los esquemas de modernización del transporte que promueve PROTRAM. Se presenta la gran oportunidad de atender a una población total cercana a los 12 millones, con inversiones del orden de los 6 a los 15 mil millones de pesos repartidos en estas 62 ciudades, lo cual permitiría ordenar y mejorar los sistemas de transporte de esta multitud de ciudades antes de que sea tarde.



































