Es loable el esfuerzo que las autoridades, no solo de la Ciudad de México, sino de muchas otras entidades de la república están haciendo por mejorar el espacio urbano. Cada día vemos una mayor recuperación de éste y un gran esfuerzo por hacer más vivibles nuestras ciudades. Empezamos a ver bolardos, banquetas de fácil accesibilidad, cruces peatonales a nivel de la banqueta, orejas, así como también muchos errores por falta de análisis y de buenos ingenieros de tránsito que generen situaciones adecuadas y balanceadas entre modos de transporte. Hay mucho por hacer y sobre todo por prevenir.
Todo un impulso a cambiar la ciudad, pero a últimas fechas, poco a poco, se observa que el espacio existente entre el paramento de las edificaciones y la guarnición está siendo invadido por obras complementarias a dichas construcciones, sin que delegaciones o autoridades del espacio público tomen acción alguna. El espacio peatonal, de por sí restringido en muchas ocasiones por obstáculos de toda índole, se ve mermado.
Esta invasión hormiga se inicia desde el primer momento de la construcción. Las láminas perimetrales que limitan la construcción utilizan una parte, si bien pequeña, de la banqueta reduciendo el espacio de circulación al peatón. En muchos casos, aún hacen bajar al peatón al arroyo, sin protección alguna o delimitación de un tramo para él. ¡Y nuestras autoridades se ufanan de proteger al peatón, de buscar una visión cero!
Una vez terminada la obra, nos encontramos espacios delimitados con pequeños muretes, escaleras o de plano rampas para acceder a los estacionamientos donde anteriormente fuera un área de circulación peatonal. Y de las autoridades, ni sus luces. A lo sumo, una clausura temporal, que posteriormente se cancela y se deja la obra con las afectaciones ya realizadas, bajo el pretexto de lo hecho, hecho está.
Esto es alarmante, sobre todo en avenidas que son un ícono de nuestras ciudades y que requieren el mayor espacio peatonal posible. Tal es el caso de la Av. Insurgentes en la Ciudad de México, donde poco a poco se ha dado la invasión del espacio para generar mayor espacio de venta o bien la invasión del mismo por una obra nueva, como es el caso de los nuevos inmuebles construidos a la altura de Circuito Interior (Mixcoac) de esta bella avenida. Se hace uso del espacio público para una construcción de varios pisos. ¿Y la autoridad? ¿Sirve tener una Autoridad del Espacio Público, que desgraciadamente no es autoridad y donde finalmente, las decisiones dependen de las delegaciones? ¿Quién protege estos derechos de vía peatonales, que no tienen propietario más que la autoridad?
Hay una efervescencia por remodelar las banquetas, lo cual es una acción que agradece el peatón y mucho más las personas mayores y aquéllos que presentan una disfunción motriz. Pero de qué sirve si los obstáculos continúan sobre estas nuevas banquetas. Casetas de teléfonos en desuso (¿alguien ha visto a alguna persona utilizarlas desde la penetración masiva del celular?), postes de señalamiento justo en el cruce peatonal, puestos de alimentos o periódicos haciendo uso de los puntos que mayor impacto comercial presentan o cebras peatonales que terminan en puntos con obstáculos o que no se pueden cruzar. Urge una acción y un presupuesto para limpiar este desorden en el espacio peatonal.
Al igual que se de todas aquéllas acciones que han realizado aquellos ciudadanos promotores de la bicicleta, creo yo que se debiera generar un movimiento serio por recuperar los espacios peatonales que día a día se van perdiendo. Los esfuerzos por lograr una movilidad sustentable, pero sobre todo el logro de una visión cero, deben impulsarse y centrarse también en el peatón. No son solo fotomultas al automovilista con fines meramente recaudatorios y no de fomento a una educación vial, sino el involucramiento de nuestra sociedad en los haberes diarios y una toma de conciencia de las autoridades en la necesidad de recuperar estos pequeños espacios, que hacen la gran diferencia entre una ciudad normal y una ciudad con visión para atender a sus ciudadanos. En fin, se ha hecho algo, se han dado los primeros pasos, pero falta mucho por ordenar la casa.



































