La movilidad en tiempos del COVID-19 - Pasajero7

La movilidad en tiempos del COVID-19

MOLINERO

Tiempos difíciles se prevén para un sector que se enfoca y se diseña para el traslado de usuarios con niveles de ocupación del 85/90% que garantizan su rentabilidad y en donde su esencia misma difiere del requerimiento de una distancia social. Si es que el servicio hoy en día se ubica en su punto de equilibrio y su ocupación se reduce con el fin de guardar la ya famosa sana distancia esta rentabilidad se verá mermada.

El transporte público bajo estas nuevas circunstancias deberá dosificar el acceso a las unidades de transporte, a las estaciones y en muchos casos será no solo difícil sino imposible el control de multitudes y el guardar la distancia para simplemente acceder al servicio. Ya a bordo de la unidad, el guardar un metro de distancia implicará para el autobús tener una ocupación a la hora de máxima demanda de tan solo el 34% de la existente antes de las restricciones. Solo uno de cada dos asientos será utilizado y ningún pasajero de pie. Todo esto a la hora de máxima demanda. En el Metro, hablamos de ocupaciones del 20% de la actual. Con la ocupación de todos los asientos y dedicando medio metro cuadrado a cada pasajero, los autobuses a la hora pico irían al 75% de su capacidad y el Metro si bien le va al 50%

Estas ocupaciones implican en números rápidos incrementar el parque vehicular a tres veces el existente o bien contar con 7 vagones más por cada tren de 9 vagones que hoy operan. Esto la verdad no es posible. La dosificación de pasajeros en estaciones y paradas no va a ser asunto fácil de resolver tan solo si la apertura inicial se maneja al 60% de las ocupaciones anteriores al COVID-19 o al 90% una vez que se cuente con la vacuna y buscando mantener la sana distancia, conforme lo señalado por la Unión Internacional de Transporte Público.

Ante esta problemática tanto el transportista como la autoridad deberán realizar ciertos ajustes a la forma actual de movilidad y en especial ante la imposibilidad para cumplir con una mayor oferta con una menor ocupación por unidad. Probablemente, con la relajación del confinamiento y aun con una revisión realista sobre la sana distancia un primer ajuste que se dará, de manera natural, será en el reparto modal centrándose en un uso más intenso de la motocicleta y en menor medida de la bicicleta manteniéndose el nivel de uso del automóvil a los valores actuales dado que en gran medida el usuario es cautivo. Será importante ver su repercusión en el norte del país con ocupaciones menores y una mayor propensión al uso del automóvil, así como en el transporte de personal, el escolar y las modalidades de transporte compartido.

Por su naturaleza, el transporte se dimensiona a partir de las demandas que se presentan en las horas pico, lo cual traerá consigo la búsqueda de esquemas que aplanen el pico y se reparta hacia las horas de menor demanda. Esto implicará escalonar los horarios de entrada de las diferentes actividades con los consecuentes ajustes laborales y negociaciones sindicales. Las escuelas deberán iniciar en determinado horario, las oficinas en otro y se deberá “premiar” los viajes realizados en horas valle. Aquí, los tiempos de reacción son importantes, ante la incertidumbre que se tiene.

La reapertura de las actividades traerá consigo que el servicio se adapte -natural o forzadamente- para captar a los usuarios clave que lo utilizan, durante cada ventana de tiempo y es probable que esta medida impulse servicios como los de movilidad compartida y personal, ambos fuera del esquema del transporte público convencional. La jerarquización de usuarios dependerá de la relajación de las restricciones a la industria, al comercio, a los servicios y a la educación.

El transportista deberá redimensionar el servicio día a día, según las circunstancias y bajo nuevas reglas del juego. Para ello se partirá de factores de ocupación que permitan cubrir la sana distancia al momento que se espera la venta comercial de una vacuna al COVID-19 (y otras posibles variantes). Debe analizarse el tiempo entre el hoy y la vacuna que justifique la compra de unidades, el crecimiento del parque vehicular necesario y hay que decirlo, la mayor comodidad que se experimentará. Pero, con las tarifas actuales, deberá verse si es rentable y definir tarifas para diferentes sanas distancias.

Lamentablemente, al día de hoy los apoyos al sector transporte son inexistentes para lograr mejoras palpables siquiera a la situación antes del COVID-19. El gobierno no ha puesto el énfasis adecuado en un servicio esencial como lo es el transporte público pero que también es un foco de propagación y exposición. La sanitización permanente de unidades no solo con nebulizadores sino con la instalación de equipos ultravioleta, así como la provisión de geles, mascarillas y cubrebocas, como parte del apoyo gubernamental para el control de un problema de salud -no de transporte- es un aliciente que agradecerán los transportistas. A su vez, el control de estas medidas requerirá que la autoridad ejerza su función de vigilar las medidas restrictivas que se promuevan y acuerden entre autoridades y transportistas.

Con la pandemia no es el momento para disuadir sino el prohibir el pago mediante efectivo, evitando por una parte el contacto con el eslabón más frágil de contagio que es el operador de la unidad, como el manejo de monedas y billetes que pueden transmitir el virus, así como probar diferentes gamas de pago o boletos, que coadyuven a aplanar la curva de demanda. Todo ello implica que el transportista y la autoridad trabajen conjuntamente, hoy vía computadora y trabajo desde casa, y generen los lineamientos ante diferentes y variados escenarios ante un mundo incierto.

El futuro ante este nuevo paradigma es incierto y lleno de variantes. El transportista empresario, el microempresario y el hombre-camión deberán adaptarse a las nuevas reglas de juego que imponga la autoridad; al tiempo requerido para el desarrollo de la vacuna y su aplicación universal; así como al miedo natural del usuario a trasladarse en una unidad y un servicio del que percibe que carece de los elementos que garanticen su seguridad sanitaria. Indudablemente, este nuevo entorno requerirá de inversiones, sacrificios y nuevas alianzas y formas de organización, pero a su vez, planteará un filo peligroso y oportuno para que el Estado preste el servicio ante la impotencia de adecuarse al nuevo entorno y a la nueva visión de Estado. Cuidado, queda como anillo al dedo.