
La congestión vehicular representa un costo de oportunidad de 203 mil 300 millones de pesos anuales en México, una cifra cercana a los 209 mil 998 millones de pesos asignados al transporte en el presupuesto federal de 2026. El impacto es mayor entre quienes utilizan el transporte público, que pierden más horas en los desplazamientos y concentran una proporción superior de las pérdidas económicas asociadas al tráfico.
El estudio Costo del tráfico 2026, elaborado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) en colaboración con la empresa de datos de geocomportamiento Dat’s Why, analiza los patrones de movilidad de aproximadamente 32.5 millones de personas en 44 zonas metropolitanas del país. Sus resultados estiman que cada persona pierde, en promedio, 111 horas al año por la congestión, con un costo de oportunidad de 5 mil 645 pesos.
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“Es más que dinero: nos cuesta vida. Este es el valor de estar atrapado en la congestión”, señaló Valeria Moy, directora general del IMCO, durante la presentación del informe.
El costo por persona varía considerablemente entre las ciudades analizadas. La Zona Metropolitana del Valle de México encabeza la clasificación, con una pérdida anual estimada de 10 mil 721 pesos por persona; le siguen Puerto Vallarta, con 9 mil 974 pesos, y Guadalajara, con 8 mil 728 pesos. Monterrey ocupa el cuarto lugar, con 8 mil 421 pesos, seguida de Tijuana, con 8 mil 014 pesos.
El transporte público concentra mayores pérdidas de tiempo
Los datos muestran una brecha entre quienes se trasladan en transporte público y quienes utilizan vehículos particulares. Aunque los usuarios del transporte colectivo representan el 40% de las personas que se desplazan, concentran alrededor del 55% al 56% del costo de oportunidad, según los indicadores presentados en el estudio, con pérdidas estimadas en 112 mil 600 millones de pesos anuales.
La diferencia también se refleja en las horas perdidas por congestión: quienes utilizan transporte público acumulan un promedio de 140 horas al año, frente a 94 horas entre los usuarios de vehículos particulares.
En la Ciudad de México, el tiempo perdido llega a 211 horas anuales por persona. Oaxaca registra 175 horas y Puerto Vallarta, 171. En esta última ciudad, el crecimiento de desarrollos inmobiliarios fuera de las principales zonas de actividad económica contribuye a ampliar las distancias entre las áreas residenciales y los centros de empleo y servicios turísticos.
En el extremo opuesto, Chilpancingo, Saltillo, Hermosillo y Culiacán reportan menores tiempos de pérdida. Culiacán presenta el promedio más bajo de las ciudades mencionadas, con 55 horas anuales por persona.
El cálculo del costo de oportunidad no corresponde al gasto directo en gasolina, mantenimiento o tarifas de transporte. Estima el valor económico del tiempo que las personas económicamente activas dejan de aprovechar, a partir del ingreso mediano de cada ciudad. Ese tiempo también podría destinarse al descanso, los cuidados, el estudio y otras actividades personales, por lo que sus efectos alcanzan a personas que no participan directamente en el mercado laboral.
La falta de alternativas influye en la elección del automóvil
El avance del automóvil particular como medio de transporte coincide con los resultados de la Encuesta Intercensal 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), citados en la información del estudio. El vehículo particular aparece como el medio más utilizado para llegar al trabajo, con el 31% de las respuestas, mientras el transporte colectivo ocupa el segundo lugar.
La comparación con la encuesta de hace una década muestra un cambio en los patrones de movilidad: entonces, el 38% de la población ocupada declaraba utilizar transporte público.
Para Moy, esta tendencia está relacionada con las limitaciones del servicio colectivo y con las decisiones económicas de los hogares.
“Aquí hay un tema de desigualdad también importante”, afirmó. “¿Tiene o no tiene sentido que las personas hagan su mayor esfuerzo por comprar su coche? Es una decisión racional. ¿Nos gusta eso? No lo sé, pero nos demuestra cómo se mueven las decisiones por falta de un transporte público eficiente”.
La congestión se suma así a las deficiencias de cobertura, las condiciones de las unidades y los problemas de seguridad que afectan la experiencia de viaje. Cuando el transporte público no ofrece una alternativa suficiente para atender los desplazamientos cotidianos, adquirir un automóvil puede convertirse en una opción para reducir la exposición a trayectos largos o poco confiables, aunque también implique gastos adicionales para las familias.
Las mujeres enfrentan mayores barreras de movilidad
Las diferencias económicas y las condiciones de seguridad también inciden en la forma en que las personas se trasladan. Las mujeres recurren en mayor medida al transporte público y enfrentan restricciones económicas que dificultan el acceso a otras alternativas. De acuerdo con los datos expuestos, perciben cerca de 86 pesos por cada 100 que ganan los hombres.
La percepción de inseguridad agrava estas dificultades. El 43.3% de las personas usuarias consultadas se siente inseguro al utilizar el transporte público; entre las mujeres, la proporción alcanza el 51%.
Estas condiciones se suman al tiempo dedicado a los desplazamientos y a las actividades de cuidado, que pueden requerir varios viajes durante el día. Por ello, las deficiencias del servicio tienen consecuencias que rebasan la duración del trayecto y afectan el acceso al empleo, la educación y otros servicios urbanos.
El IMCO propone cambios en el financiamiento y la operación
Ante los costos económicos y sociales de la congestión, el IMCO plantea fortalecer la sostenibilidad financiera del transporte público mediante una combinación de ingresos tarifarios, inversión pública y privada y mejoras operativas.
Entre sus recomendaciones están revisar las tarifas para contribuir al financiamiento del servicio, ampliar y mejorar la infraestructura, acelerar la modernización tecnológica y energética de las unidades y orientar los subsidios federales y locales hacia los sistemas que transportan a más pasajeros.
El instituto también propone que las empresas consideren el trabajo remoto cuando las actividades laborales lo permitan, como una medida para reducir los desplazamientos y aliviar la presión sobre las vialidades.
Las propuestas buscan atender un problema que se traduce tanto en pérdidas de productividad como en una distribución desigual de los costos de la movilidad. Los resultados del estudio muestran que el tiempo de traslado y la calidad de las alternativas disponibles condicionan cuánto cuesta llegar al trabajo y qué proporción de los ingresos y del tiempo personal absorbe esa actividad.


































