Doble piso - Pasajero7

Doble piso

molinero abril

Durante el mes de marzo han presentado a la ciudadanía una nueva novedad para el transporte público en la Ciudad de México: la operación de autobuses de doble piso en un carril exclusivo. Esta nueva infraestructura de 30 km de longitud discurre a lo largo de la avenida más emblemática de la ciudad, el Paseo de la Reforma y su continuación por Calzada Misterios. Dos son las empresas operadoras que prestan el servicio a Metrobús, mediante el uso de 90 autobuses de 13 m de longitud y un doble piso con una altura total de 4.14 m. Con estas dimensiones, cada unidad es capaz de transportar a 130 usuarios, de los cuales 86 van sentados.

Este nuevo servicio ha empezado a cambiar la imagen de calidad en el servicio para el usuario presentando, además de una relación de personas sentadas a personas de pie cercano al 7:1, un sistema de aire acondicionado, un sistema de vigilancia, asientos retráctiles, así como espacios definidos para personas con discapacidades y motores con especificaciones Euro VI. Sin embargo, parece que lo más relevante es el sistema de prepago, en donde se evitan los torniquetes y el usuario valida su viaje a bordo de la unidad. Seguramente –junto con lo que se ha hecho en la línea 4- será el preámbulo para irlo haciendo extensivo a la red de autobuses como un sistema de prepago integrado.

Si bien el equipamiento y parte de la infraestructura aún no está completa del todo, los detalles faltantes deberán ser completados (eso esperamos) en los próximos meses. Llama la atención el detalle que se ha tenido presente en las estaciones, como asientos, recargaderas y equipamiento para la recarga de la tarjeta de prepago e información para el usuario. El piso bajo permite descender de la unidad a nivel y se presenta como apto para la accesibilidad universal. Al menos la estación terminal aledaña al Auditorio Nacional, incluye torniquetes para dar una mayor rapidez para el ascenso de usuarios, ya que de esta manera será factible hacer un mejor uso de los cuatro canales de puertas con que cuenta el autobús.

Por otra parte, resulta incomprensible que sobre el carril confinado estén circulando otras unidades, cuando se considera que estas nuevas unidades substituirían a los 180 autobuses que operaban en su momento. Esta competencia ocasiona dificultades en la operación, sobre todo en la terminal, ya que las unidades anteriores hacen cierre de circuito, dificultando el libre movimiento de los autobuses de doble piso en un tramo donde la vialidad está limitada a dos carriles más el confinado.

Bajo este mismo orden de ideas, será importante encontrar soluciones de convivencia de la nueva línea 7 con las casi diarias manifestaciones que hacen uso de este mismo corredor. Ello rompe toda operación e imagen del sistema. Esto ocasiona que cuatro o más de estas unidades formen colas, rompan con la programación del servicio y no puedan satisfacer adecuadamente la demanda. Bajo estas condicionantes, será difícil que el sistema logre en el corto plazo los 130 mil usuarios esperados.

La gran experiencia es viajar en la parte superior, sentado y con una bonita vista del entorno de Paseo de la Reforma y Misterios. Un viaje agradable y sin los inconvenientes de ir parado. Desgraciadamente, falta un periodo de maduración por parte del usuario para entender que no puede ir de pie en la parte superior, por razones de seguridad, de comodidad y de accesibilidad. Si bien existe un indicador del número de asientos vacantes, no es respetado y solo queda que poco a poco se entienda la razón de porqué no ir de pie.

La pesadilla para la operación, son los largos tiempos que se requieren para descender del segundo nivel y acceder a la puerta de bajada, lo cual se complicará aún más si estas unidades llegan a saturarse, impidiendo los flujos de usuarios. Si bien esto se esperaba, se presentan momentos en que el operador debe volver a abrir las puertas para permitir que estos usuarios puedan descender. Asimismo, resulta extraño no encontrar un timbre para alertar al operador que se va a bajar, quedando entonces al criterio del operador el tiempo de ascenso y descenso. Todo esto repercute en unidades que rompen la regularidad del servicio y hacen que se formen convoyes de autobuses de doble piso. Esperemos que con la práctica –de operadores y usuarios- estas demoras sean subsanadas y permitan regularizar el servicio.

Poco a poco en la Ciudad de México así como en el país se está viendo que es posible ofrecer servicios de calidad a su población, quedando como cuestionamiento los niveles de subsidio requeridos no solo para operar sino también para mantener tanto la infraestructura como el equipamiento y las unidades. Estos subsidios pueden matizarse si se entiende la necesidad de tarifas –a nivel sistema- realistas que permitan complementarse entre sí para la multiplicación de servicios de esta naturaleza. Es decir, que rutas buenas complementen a las malas, bajo un sistema integrado de recaudo.