
Baja California atraviesa por un proceso de transformación en su sistema de movilidad. Jorge Alberto Gutiérrez Topete, director general del Instituto de Movilidad Sustentable del estado, detalla los retos y avances que enfrenta la región fronteriza, marcada por la alta dependencia del transporte de personal y por la necesidad de modernizar el transporte urbano tras la pandemia.
El estado, con ciudades extensas y de alta densidad como Mexicali y Tijuana, ha tenido que innovar en la gestión de rutas, flotas y programas de transporte, incluyendo la incorporación de perspectiva de género, la capacitación de operadoras y la implementación de soluciones de electromovilidad para mejorar la eficiencia y sostenibilidad del transporte.
Implementación de Rutas Violeta y programas de capacitación de operadoras de transporte, con enfoque en seguridad y movilidad de mujeres, beneficiando a más de 10 millones de pasajeros.
¿Cómo está actualmente la movilidad en Baja California?
Estamos a dos tercios de la administración estatal y aún recuperándonos de los efectos de la pandemia. Cuando regresábamos al semáforo verde, la movilidad estaba muy afectada; en particular, el transporte urbano se vio reducido, mientras el transporte de personal —muy usado en zonas fronterizas e industriales— creció de manera exponencial por la necesidad de mantener una sana distancia en los autobuses. En Mexicali, por ejemplo, la flota urbana pasó de 400 autobuses antes de la pandemia a solo 63 al regreso del semáforo verde, mientras que el transporte de personal creció de 300 a 1,500 unidades.
¿Qué acciones han tomado para recuperar el transporte urbano?
Hemos incrementado la flota de autobuses urbanos a casi 200 unidades y modificado 40 rutas para mejorar la eficiencia y frecuencia. Tijuana también recuperó su transporte urbano, donde alrededor del 40% de la población utiliza este servicio, lo cual está en línea con el promedio nacional. Además, trabajamos en consolidar la oferta de transporte y en implementar sistemas de recaudo que antes no existían.
¿Qué medidas se han tomado para la seguridad y movilidad de las mujeres?
Desde el inicio de nuestra gestión, implementamos las “Rutas Violeta”, un sistema de transporte gratuito con enfoque de género, considerando que la movilidad de las mujeres es más poligonal y compleja. Estas rutas cruzan transversalmente otras rutas, permitiendo subir y bajar sin volver a pagar, y garantizan un espacio seguro. Movemos cerca de 10 millones de pasajeros anualmente, incluyendo hombres y niños, y respondemos a la alerta de género existente en el estado.
¿Cómo han abordado la falta de operadores de transporte?
Durante la pandemia, muchos conductores emigraron a Estados Unidos o al reparto tipo Uber. Por ello, lanzamos el programa “Mujeres al Volante”, capacitando a mujeres sin experiencia para operar autobuses, en 200 horas. Actualmente ya operan en tres ciudades y proyectamos llegar a 500 mujeres operadoras en dos años, trabajando con socios estratégicos y programas educativos como CONALEP para generar capital humano.
Estrategia integral para recuperar el transporte urbano y fomentar la electromovilidad, incluyendo renovación de flotas, incentivos financieros y coordinación con transportistas privados, especialmente en el transporte de personal y zonas industriales.
¿Cómo se financian estos programas y la renovación de flota?
El estado creó un bono con perspectiva de género de 500 millones de pesos. Con esto, adquirimos 25 autobuses de última generación para Mexicali, operados principalmente por mujeres. Además, trabajamos con transportistas privados para modernizar su flota, especialmente el transporte de personal, con unidades Euro 6 de baja contaminación, fomentando la electromovilidad en contratos privados donde el financiamiento es más viable.
¿Cuál es el impacto del transporte de personal en la movilidad y la electromovilidad?
En Tijuana se mueven alrededor de 250 mil trabajadores mediante transporte de personal, 70 mil en Mexicali y 20 mil en Ensenada. Vemos a este tipo de transporte como un impulsor de la electromovilidad, más rápido que el urbano, y que permitirá la viabilidad de las electrolineras al generar volumen suficiente. También estamos promoviendo que taxis y redes de transporte adopten vehículos eléctricos para dar escala al cambio.
¿Cómo adaptan las soluciones a la realidad del estado?
No todas las ciudades pueden aspirar a sistemas integrados como Jalisco, Monterrey o Ciudad de México; al ser un estado que depende del transporte de personal, nuestra estrategia es trabajar desde abajo, con creatividad y acuerdos con transportistas urbanos. Hemos desarrollado modalidades como el “campo productivo” en valles agrícolas, integrando transporte con oferta laboral temporal, y replicamos soluciones exitosas de transporte mixto, combinando carga y pasajeros en zonas rurales.
¿Qué retos enfrentan en la implementación de proyectos de movilidad?
Los proyectos integrales requieren financiamiento elevado y muchas veces competir entre transportistas genera ganadores y perdedores. La estrategia nacional reconoce la necesidad de adaptar los proyectos a las condiciones locales y no imponer fórmulas únicas, y sin duda, por sus características, Baja California requiere de un modelo de transporte diferente y muy enfocado. Necesitamos mayor acceso a recursos, tasas de interés más bajas y compromiso activo de autoridades y transportistas.
¿Cuál es la visión a futuro del Instituto de Movilidad Sustentable?
Buscamos unir todos los proyectos de forma transversal, con perspectiva de género y sostenibilidad, apoyando la movilidad de quienes más lo necesitan. Queremos consolidar un sistema urbano eficiente, impulsar la electromovilidad, capacitar a nuevos operadores y generar confianza financiera en los transportistas, para que Baja California sea un ejemplo de innovación y adaptación en movilidad sustentable.




































