El impacto de la pandemia en estos casi dos años, como es el teletrabajo en la ciudad y sus ajustes en la vida urbana y pública implican una transformación en la operación del transporte público, principalmente por el impacto urbano y humano que la crisis sanitaria mundial ha provocado.
Durante este periodo se ha reducido la movilidad vehicular y aumentó la movilidad activa a pie y bicicleta, se incrementó el trabajo a distancia y disminuyó el uso de transporte público. Hoy el reto es el transporte seguro, confiable, con información al usuario, integrado física y operativamente para efecto de una red, que permita reducir el uso del automóvil privado.
Sin embargo, la narrativa de estos fenómenos y la alternativas ha comenzado a cambiar, el sector del transporte, es responsable de aproximadamente una cuarta parte de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, se calcula que el sector del transporte mundial depende casi por completo de los combustibles fósiles. Pero esto podría cambiar en los próximos decenios.
En la reciente 26ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26), más de cien gobiernos nacionales, ciudades, estados y grandes empresas firmaron la Declaración de Glasgow para conseguir flotas de transporte público de emisiones cero y poner fin a la venta de motores de combustión interna en 2035.
Esta iniciativa ya está en marcha, en algunas ciudades latinoamericanas y tienen como objetivo enviar un mensaje a los responsables de la toma de decisiones con el fin de normalizar que, para 2035, se dejen de vender vehículos de gasolina y diésel. Para los autobuses, será para 2030; el transporte de carga puede tardar hasta 2040.
La cuestión es pasar a opciones de cero emisiones en todos los segmentos. Durante la transición, los países en desarrollo no pueden convertirse en el vertedero de la vieja tecnología de los más ricos, sino que deben ser vistos como impulsores del gran cambio.
También en el evento de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26), la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS) reconoció al Gobierno de la Ciudad de México por impulsar la electromovilidad en beneficio de sus habitantes.
A través de la modernización del transporte público reconoce la UNOPS, el Gobierno de la capital del país, ha desarrollado proyectos que resultan estratégicos para enfrentar el cambio climático, como la construcción y equipamiento de la Línea 1 y 2 de Cablebús y la compra de trolebuses y autobuses.
Asimismo la UNOPS reconoció que la red de transporte público ha integrado procesos eficaces, eficientes e íntegros, que permite beneficiar a casi 500 mil personas con la reducción de congestionamientos y más opciones sostenibles de transporte público en la capital del país.
Además de las Líneas 1 y 2 de Cablebús se está beneficiando diariamente a más de 100 mil personas de la zona oriente y norte de la capital con ahorros de tiempo y dinero en sus traslados al trabajo y la escuela, este reconocimiento también destaca la estrategia de compra de unidades de trolebuses eléctricos, que benefician a alrededor de 275 mil habitantes que hacen uso del servicio en el Corredor Cero Emisiones Eje Central y otras rutas de la capital del país; estas unidades de última generación son Cero Emisiones y tienen una capacidad para 90 pasajeros; además han reducido el tiempo de espera en un 50 por ciento, al incrementarse la oferta de servicio de transporte en un 44 por ciento.
De esta manera la Ciudad de México y UNOPS contribuyen al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030, ya que el transporte facilita la consecución de muchos de estos objetivos, pues proporciona a las comunidades acceso a los servicios básicos y facilita la movilidad de personas y mercancías.






































