El futuro de la Estrategia Nacional de Movilidad y Seguridad Vial (Enamov) puede ser brillante o quedarse en el papel, a partir de los pasos que demos todos los que integramos el sector del transporte, por lo que este escenario marca una encrucijada para uno de los instrumentos más esperados entre los operadores, empresarios, académicos, autoridades y pasajeros.
El término “encrucijada” tiene dos acepciones: se refiere al lugar donde se cruzan varios caminos o calles de distinta dirección, y también a una situación difícil o comprometida en la que hay varias posibilidades de actuación y no se sabe cuál de ellas escoger.
Así parecen haberlo visualizado los organizadores de la pasada Expo Transporte 2023, de la Anpact, que organizaron el panel “El futuro de la Enamov”, al que fui invitado.
Es posible que los lectores de Pasajero7 no sepan que hasta ahora, los operadores, los integrantes del transporte público, de carga, los fabricantes y otros miembros del sector, nunca habíamos sido invitados a discutir el contenido de la Enamov: la Asociación Nacional de Productores de Autobuses, Camiones y Tractocamiones (Anpact), resarció esa carencia y, además de incluir al entonces presidente de la Asociación Mexicana de Autoridades de Movilidad (AMAM), Diego Monraz, quien también es secretario de Transporte en el estado de Jalisco; así como a la directora de Movilidad de la Secretaría de Desarrollo Urbano, Territorial y Urbano, Roxana Montealegre, dos de los principales impulsores de esta estrategia, también invitó a Leonardo Gómez, presidente ejecutivo de la Asociación Nacional de Transporte Privado (ANTP); Claudia Sánchez, directora general de la Cámara Nacional de Autotransporte de Carga (Canacar), Angélica Vesga, directora de Asuntos Públicos del Instituto de Recursos Mundiales (WRI por sus siglas en inglés), sección México, y a mí, en mi condición de director general de Grupo CISA y presidente fundador de la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad (AMTM).
Por lo menos desde hace 20 años las cámaras, organismos no gubernamentales (ONG), la AMTM y otros integrantes del sector han trabajado en temas de la movilidad, sin embargo, siempre pensé que tendría que haber un espacio común donde nos reuniéramos a dialogar sobre el tema, porque cada quien va por su lado.
En mi participación resalté que faltaba incluir al sector del transporte en la estrategia, por lo que hacía falta escuchar lo que tienen que decir sobre esta propuesta los operadores, los integrantes del transporte público, de carga, los fabricantes y otros miembros del sector.
En el encuentro coincidimos en que, si bien la Enamov brinda un marco de referencia para alinear las visiones sectoriales hacia los objetivos clave de movilidad en materia de sostenibilidad, seguridad y equidad, aún se requieren varios instrumentos de ejecución.
También, que la estrategia traza rutas de acción, pero además de los instrumentos de ejecución también faltan mecanismos de financiamiento. Asimismo, consideramos que, en gran medida el avance de este instrumento va a depender del liderazgo de las autoridades, así como la estrategia de su equipo, por lo que, en el tema de la institucionalización, tenemos el problema de la rotación de estas autoridades, porque ya sabemos que no son sólo las instituciones, sino también las personas las que hacen posible que sucedan las cosas, ante lo cual es imprescindible definir quién no se debe mover, es decir, a quién no se debe tocar desde la óptica política, sino en el reconocimiento de sus competencias y habilidades técnicas. La receta, dije en mi participación, es muy buena, ahora busquemos a un buen cocinero.
En conclusión: si bien la nueva Ley Nacional de Movilidad, Seguridad Vial y Transporte fue construida desde el gobierno central y los locales, con la participación de actores de la sociedad, entre ellos los involucrados en el transporte de carga y de pasajeros, para su aplicación es igualmente necesaria la participación de todos.





































