Un cambio de hábitos (nos dijo Pere Calvet en su Conferencia Magistral “Movilidad y Salud”, que presentó en el 15° Congreso Internacional de Transporte), no podrá realizarse sin una ruptura de la situación actual. Es necesario tomar decisiones drásticas en torno a la movilidad.
Su llamado fue quizá uno de los más lúcidos y realistas de nuestro congreso: recomendó limitar la movilidad privada con suficiente transporte público, pero eso sí, promover que los automovilistas lo hagan por convicción y no por obligación, a partir de bases sólidas que expliquen detalladamente porqué es necesario hacerlo, para que puedan entenderlo y aceptarlo.
Será difícil que así, simplemente por conciencia social, los automovilistas dejen de usar sus unidades para mejorar la calidad del aire y reducir la posibilidad de llegar al límite de la temperatura global de 1.5° C antes del 2030.
Será difícil, pero las autoridades han empezado a dar señales de que quizá no tenga que ser solo por convicción, sino con una reglamentación universal. Un ejemplo de ello es la decisión de aplicar el ‘Hoy no circula’ durante las contingencias ambientales. En lo que va del año ha habido ocho, incluida la del pasado 16 de mayo, es la cifra más alta desde 2016, según el reporte de los medios informativos.
Y si se necesitan razones para dejar el automóvil por convicción, aquí van algunas extraídas de los ponentes de nuestro congreso: en la actualidad, dijo el propio presidente honorario de la Unión Internacional de Transporte Público (UITP), las ciudades contribuyen con el 70% de las emisiones globales de CO2 y, de ese número, el 50% de estas emisiones son atribuibles al transporte.
Otra más, nos la dio Fernando Páez, director del Instituto de Recursos Mundiales (WRI por sus siglas en inglés) en Colombia, quien nos reveló que en el mundo cada año mueren aproximadamente 7 millones de personas por enfermedades asociadas con la calidad del aire. De ellas, añadió, sólo en México ocurren 20 mil 500, además de las infecciones pulmonares, enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares y cáncer de pulmón.
Nos enfrentamos a una crisis global que debemos saber resolver. Nuestra generación no es responsable de la situación heredada, pero sí de la reacción y respuesta que demos. Por lo tanto, nos dijo Fernando Páez, el camino hacia la movilidad sostenible requiere, entre otros aspectos, un marco de colaboración público-privada que facilite y acelere la transición del sector.
Esto significa, según su propuesta, que participen tanto el gobierno, como las empresas, la industria automotriz, las organizaciones no gubernamentales, la academia y los usuarios. En el caso de las autoridades, dijo, con incentivos fiscales, alternativas de financiamiento, regulaciones adecuadas y, desde luego, planeación, diseño y construcción de infraestructura. A las empresas les corresponde aportar capacidad técnica, inversión en tecnologías limpias y modelos operativos sustentables e innovadores.
La industria automotriz debe entender las necesidades del sector, invertir en investigación y desarrollo, colaborar con el gobierno para establecer estándares más estrictos de emisiones y seguridad vial, así como proponer modelos de negocio y otorgar alternativas de financiamiento.
Los organismos no gubernamentales deberán promover e influir en políticas favorables a la movilidad sustentable, organizar procesos de educación, creación de capacidad técnica y conciencia, apoyar a los gobiernos y empresas para desarrollar acciones concretas, así como facilitar procesos y espacios de interacción.
En el caso de la academia, deberá desarrollar investigaciones y generar conocimiento, crear capacidades y promover esquemas de colaboración entre actores. Mientras que los usuarios deberán hacer un uso eficiente de la infraestructura y servicios de la movilidad, cambiar su comportamiento para la adopción de prácticas de movilidad más sostenibles, cumplir las normas de uso de los servicios y participar en los procesos de mejora.
Sin embargo, todas estas acciones deben adaptarse a la realidad de cada entorno. En el caso de la directora Técnica de Transporte Público de la Secretaría de Movilidad de Medellín, Viviana Tobón, fue impactante su conferencia magistral titulada “Transporte Convencional: el gran desafío de las ciudades Latinoamericanas, una mirada desde la experiencia de Medellín”, donde explicó el arranque del Transmilenio, el sistema BRT que puso el ejemplo en la región sobre un nuevo modo de movilidad y, a pesar de los grandes esfuerzos administrativos, políticos y financieros para desarrollarlo, representa una movilización minoritaria de pasajeros.
En Medellín, dijo, 50% de lo que mueven las líneas A y B del Metro se los aportan los autobuses tradicionales, por lo que la realidad reveló que el verdadero problema está en ese transporte tradicional, ante lo cual, las autoridades colombianas no están pensando en compensar la tarifa técnica a través de subsidios, sino más bien cofinanciar la flota, pero asociada a nuevos servicios, como por ejemplo crecer el mercado, con incentivo desde lo público, pero de transporte.
A mí me tocó moderar la mesa “Retos de la movilidad en el país”, donde los responsables de la movilidad en cuatro entidades, incluida la Ciudad de México, recomendaron hacer un diseño de las ciudades para todos, con el fin de que, quienes usan transporte privado, constaten que el transporte público es una buena opción y lo utilicen cotidianamente en lugar de sus vehículos.
También sugirieron quitar al transporte público el estigma de que sólo lo usan quienes no tienen recursos, ya que lo puede usar cualquiera, así como adecuar a las personas a los cambios tanto tecnológicos como de traslado.
Si analizamos al detalle, sus propuestas no están muy alejadas de las que plantea Pere Calvet, en el sentido de limitar la movilidad privada, pero para ellos, como para el especialista español, queda totalmente claro que urge un esquema de colaboración en el que participemos todos.





































