Después de estos dos años de pandemia estamos obligados a reinventarnos, esta crisis ha puesto a prueba nuestra capacidad de resiliencia y el transporte público no es la excepción. Debemos apostar a la tecnificación del transporte; en la actualidad el reto más importante es mirar hacia adelante, para poder comunicar de manera relevante a los actores de la movilidad, que son las autoridades, los proveedores, los consultores, la academia y los transportistas, todos juntos, que todo el trabajo es en favor del usuario.
Recientemente se aprobó expedir la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial, que da prioridad al desplazamiento de personas, particularmente de grupos en situación de vulnerabilidad, en condiciones de accesibilidad, eficiencia, sostenibilidad, calidad, inclusión e igualdad, y que busca reducir las muertes y lesiones graves ocasionadas por siniestros viales, porque es una esperanza para todos los mexicanos; qué bueno que en los gobiernos de la República hoy la movilidad sea un tema sustantivo, que logra aparecer casi siempre entre los primeros tres elementos de la agenda más importante de cada gobierno y ahí estamos obligados todos a incidir.
La revolución tecnológica impulsada durante la pandemia, detonó que la industria está obligada a que cada día tengamos acceso a mejores vehículos y mejores herramientas de control, por lo que hoy tenemos que apostar por la tecnificación del transporte. Invertir en transporte público es una prioridad en México y en América Latina, ya que hacia el 2025 en esta región los gases de efecto invernadero van a aumentar en más del 13 por ciento comparado con el año 2005.
A pesar de que el transporte público es esencial y uno de los principales factores para mantener a las ciudades, durante la pandemia fue devaluado por las autoridades de todo el mundo, las cuales le retiraron su apoyo, para otorgarlo a otros sistemas de transporte como las aerolíneas o el transporte privado.
Según la Unión Internacional de Transporte Público (UITP), para el año 2050 se generará una explosión en la demanda de la movilidad urbana, que se va multiplicar hasta 2.6 veces, por lo que es momento de plantearse de qué manera las ciudades van a atender el reto de mover a más gente, lo cual solo podrá hacerse a partir de transporte público masivo.
Para la UITP, la pandemia dejó tres lecciones:
- La primera, que el transporte público es un servicio esencial que ha permanecido abierto para cosas que no podían hacerse de forma remota, como acudir a servicios médicos o ir de compras.
- La segunda, que es muy vulnerable y no estaba preparado para un contexto de pandemia, por lo que tuvo que aprender nuevos enfoques, como incrementar la ventilación de los autobuses y aprender cómo operar con distancia física entre pasajeros.
- La tercera lección, fue la devaluación por parte de las autoridades, las cuales consideraron que debía sobrevivir solo, sin ningún soporte financiero, lo cual ha determinado su lenta recuperación, a partir del crecimiento paulatino de la demanda.
En más de 50 ciudades en el mundo, la demanda del transporte bajó en promedio un 80 por ciento; el número de pasajeros está regresando a diferentes ritmos según la ciudad; en las grandes ciudades la gente sigue trabajando desde la casa y el número de pasajeros se está recuperando de forma más lenta que en las ciudades medianas, donde el número de gente que trabaja en talleres y fábricas, es más alto.
Otro de los parámetros que determinan la evolución de la demanda, tiene que ver con la confianza de la gente, los autobuses tienen una recuperación más rápida porque están ventilados y operan en espacios abiertos, en cambio los Metros están en un túnel, en ambientes cerrados, la gente siente que los contagios en el Metro son más altos, pero ahora sabemos que el riesgo de contaminación en el transporte público es bastante bajo.
Ante esta perspectiva, es necesario que el transporte público se recupere a partir de cuatro cualidades: resiliencia, descarbonización, digitalización y redefinición. La resiliencia, se refiere a diseñar el transporte de forma que pueda resistir eventos externos, eventos climáticos y circunstancias como la pandemia; acerca de la descarbonización, aunque no es algo nuevo, la crisis nos hizo ver cuánto espacio desperdiciamos con los automóviles, por lo que tenemos que abogar por medidas que motiven el cambio hacia el transporte público, a caminar, o usar bicicleta.
La Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad, AC. ha firmado con diversas organizaciones de la sociedad civil, varios compromisos con la agenda de movilidad urbana 2018-2024, para lograr ciudades más humanas y vivibles.
Es necesario, el compromiso y articulación de todos los niveles de gobierno, para mejorar las condiciones de movilidad en nuestras ciudades, así como fue la aprobación por unanimidad de la reforma constitucional sobre el derecho a la movilidad y la seguridad vial.
La movilidad es fundamental en el desarrollo de las ciudades. Tiene impacto en la calidad de vida de sus habitantes, el medio ambiente, la salud, la competitividad, el progreso económico y social, para ello es necesario contar con una agenda nacional que permita implementar políticas públicas integrales que impulsen el desarrollo urbano y sistemas de transporte eficientes, seguros, sustentables y de calidad.”
Debemos trabajar activamente, porque la mayoría de nuestras ciudades no van a poder sostener el actual modelo de crecimiento, motorización y el desarrollo urbano, por lo que la movilidad precisa ser replanteada de manera integral, con propuestas y proyectos de largo plazo, gran alcance y visión, de manera plural e incluyente. Esta tarea requiere la participación, conjunción de esfuerzos y el compromiso de todos los actores del sector y los vinculados a éste.





































